Ante el Día del Seminario

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

jimenezzamoravicente

Domingo 12 de marzo de 2017

Cerca de Dios y de los hermanos

Queridos diocesanos:

Llega la festividad de San José, el esposo fiel de la Virgen María y custodio del Redentor,  y con ella celebramos un año más la Campaña del Día del Seminario. Es un momento clave en la pastoral vocacional.

El lema de este año es: “Cerca de Dios y de los hermanos”. Pone de manifiesto una de las tareas que el sacerdote ejerce en su ministerio: La cercanía de Dios, de quien recibe el ministerio y la propia identidad, se acrecienta con la oración y los sacramentos. La cercanía a los hermanos se realiza en la propia labor pastoral, en el acompañamiento de las personas que se le confían y en la caridad con los más pobres y necesitados.

Oración y cultura vocacional

Con esta carta pastoral exhorto vivamente a todos los diocesanos a orar con perseverancia por las vocaciones sacerdotales, porque la principal actividad de la pastoral vocacional de la Iglesia es la oración: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Lc 10, 2). Invito a promover  de manera especial y urgente una cultura vocacional entre todos. Quiero que se valore la importancia de nuestro Seminario Metropolitano  San Valero y San Braulio de Zaragoza, donde se forman los futuros sacerdotes de nuestra Iglesia.

Nuestros seminaristas son una bendición de Dios que acogemos con gozo y agradecimiento. Anuncian la alegría del Evangelio, estando cerca de Dios y de los hermanos. Por eso, mi felicitación sincera para vosotros, queridos seminaristas. Recibid también el apoyo y el calor de toda la Diócesis, porque sois valientes, remáis mar adentro contracorriente, y camináis por el camino de la entrega, del sacrificio, de la cruz y del amor, que os conduce a Cristo, el verdadero Camino, la Verdad y la Vida. Vuestra fuerza está en el Señor, que no os va a dejar solos, si le sois fieles y generosos, como otros jóvenes que optan y apuestan por Cristo. En Jesús está la fuente de vuestra alegría.”La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (Papa Francisco, Evangelii gaudium 1).

La importancia de las mediaciones

La vocación sacerdotal es una relación que se establece entre Dios y el hombre en el interior de la conciencia, en lo profundo del corazón, a partir de una llamada que provoca una respuesta. Es un misterio inefable que se realiza en la Iglesia, que está presente y operante en toda vocación. En la vocación el Señor se sirve de la mediación de la Iglesia a través de personas que suscitan, acompañan en el proceso y ayudan al candidato en el discernimiento vocacional.

En la tarea de la pastoral vocacional todos somos responsables. La responsabilidad recae en toda la comunidad eclesial. El primer responsable es el obispo, que está llamado a promover y coordinar todas las iniciativas pastorales en la Diócesis. Los sacerdotes han de colaborar con interés, con entrega, con un testimonio alegre de su sacerdocio y con celo evangelizador. Los miembros de vida consagrada deben aportar  el testimonio de una vida que pone de manifiesto la primacía de Dios a través de la vivencia del seguimiento especial de Cristo casto, pobre y obediente.  Los fieles laicos tienen una gran importancia, especialmente los catequistas, los profesores, los animadores de la pastoral juvenil. También hay que implicar a los movimientos y asociaciones eclesiales. Finalmente, es preciso promover grupos vocacionales, cuyos miembros ofrezcan la oración y la cruz de cada día, así como el apoyo moral y los recursos materiales.

La familia cristiana tiene confiada una responsabilidad particular, puesto que constituye como un “primer Seminario” (cfr. OT 2). Actualmente la familia atraviesa serias dificultades en la vivencia y la transmisión de la fe. Pero la Iglesia sigue confiando en su capacidad educativa para plantear su existencia desde la relación con Dios. El futuro de las vocaciones se forja, en primer lugar, en la familia. Para ello es una condición imprescindible que la familia cristiana esté abierta responsablemente a la vida, cumpliendo generosamente el servicio de la transmisión de la fe a los hijos. La presencia y cercanía del sacerdote en este proceso será de gran ayuda y a la vez será un referente vocacional

Gratitud y esperanza

Al finalizar esta breve carta pastoral expreso una vez más mi gratitud sincera al Sr. Rector, Superiores, claustro de Profesores y personas de servicio de nuestro Seminario Metropolitano de Zaragoza por su sacrificada dedicación y fidelidad a la tarea confiada; a la Delegación de Pastoral Vocacional, Juvenil y Universitaria   por las iniciativas que están poniendo en marcha; a los sacerdotes del presbiterio diocesano por su interés y desvelos por las vocaciones sacerdotales; a los miembros de vida consagrada por su apoyo a la obra de las vocaciones desde la oración y el sacrificio; a las familias por la entrega de sus hijos para el servicio de Cristo y de la Iglesia; a todos los diocesanos por vuestra oración y colaboración económica para el sostenimiento ordinario del Seminario. Gracias a Dios y a vuestra generosidad va aumentando la aportación económica de los fieles para el sostenimiento del Seminario.

Que la Virgen María y San José cuiden de nuestros seminaristas, como hicieron con Jesús, que en Nazaret “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc  2, 52).

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

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