Los padres y la educación de los hijos

Carta de
Mons. D. Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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Domingo 2 de abril de 2017

Esta próxima semana se abre el periodo de preinscripción en los centros educativos de cara al próximo curso. No es un simple trámite de carácter burocrático, sino una decisión que se ha de tomar en conciencia por la importancia de la misión que los padres tenéis en la educación de vuestros hijos. Procurar que los niños y jóvenes tengan los medios adecuados para un desarrollo lo más completo posible es un deber moral que compete en primer lugar a los padres. A este deber corresponde el derecho a tomar aquellas decisiones educativas de acuerdo con las propias convicciones religiosas y morales. Se trata de un derecho que se basa en la naturaleza de la relación paterno-filial y no un “favor” que el estado hace a los padres. El estado tiene la obligación de garantizar este derecho y de procurar a los niños cuyos padres no asumen su responsabilidad, una educación digna.

Una de las decisiones a tomar es la inscripción en la clase de religión. Muchos la presentan como un privilegio que tiene la Iglesia y, en algunos casos, nos encontramos con centros educativos que dificultan e incluso llegan a impedir que se imparta en ellos. No olvidemos que nuestro ordenamiento jurídico garantiza el ejercicio de este derecho y que, por ello, ninguna autoridad académica debe impedirlo. Todo centro educativo tiene la obligación de ofertar la asignatura y de facilitar que los padres que deseen inscribir a sus hijos en ella, lo puedan hacer.

La enseñanza de la religión facilita que la educación, que es algo más que instrucción académica, cumpla mejor sus propios fines: permite un conocimiento más profundo de la persona de Jesús y, con ello, llegar a tener un modelo concreto al que asemejarse en el proceso de crecimiento personal. De ese conocimiento de Cristo nacen unos valores morales que dignifican al ser humano y ayudan a la construcción de una sociedad más digna: la veracidad, el respeto a la dignidad de toda persona, la solicitud para ayudar a los más necesitados sacrificándose por ellos si fuera necesario, el valor de la justicia, etc… Una identificación con el Señor da un fundamento sólido a estas opciones morales.

Además, no podemos olvidar que nuestra cultura, que no sólo es arte sino toda una forma de entender la vida, ha sido configurada por el cristianismo que, siendo una religión, lleva consigo una forma de entender y de valorar todas las realidades humanas. La ignorancia del hecho cristiano abre la puerta a comportamientos y valores ajenos a nuestra tradición cultural, y cierra los ojos del espíritu a la grandeza de tantas obras maestras de la cultura, que se vuelven incomprensibles si se desconoce el sustrato religioso que está en su origen.

Para ayudar a las familias en la misión de educar a los hijos, desde hace siglos la Iglesia, a través de muchas congregaciones religiosas y de instituciones diocesanas, ha ido formando una red de centros educativos. En este momento de pluralismo cultural, las escuelas cristianas son una garantía, para aquellos que lo deseen, de una educación en la que el hecho cristiano esté presente.

Deseando lo mejor para vuestros hijos, os invito a tomar estas decisiones desde la responsabilidad.

benavent_firmaEnrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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