Por las calles de Huesca recibiendo vida para dar vida

Carta de
Mons. D. Julián Ruiz Martorell
Obispo de Huesca

Julian-Ruiz-Martorell

Semana Santa 2017

Durante la Semana Santa, el tránsito de las procesiones por las calles y plazas de Huesca es un pregón viviente hecho de muchos sentimientos y vivencias; de muchas resonancias y silencios; de muchas fragancias y contrastes (la luz de las candelas y la noche cerrada; el eco de la palabra y la escucha dócil; la participación en los oficios litúrgicos y su prolongación celebrativa en el espacio público).

La experiencia del dolor nos angustia, nos humilla y entristece. Recibimos constantemente noticias que nos hablan de sufrimientos, carencias, limitaciones, desastres y penalidades. Nos hacemos muchas preguntas y solamente Jesucristo nos puede responder. Y lo hace al situarse en nuestro sendero como presencia que acompaña. Es el Dios-con-nosotros que comparte nuestras tribulaciones, incertidumbres e inquietudes para que nosotros podamos recibir su vida.

En Jesucristo reconocemos al Señor de la vida; el Principio y el Fin; la primera letra de nuestro abecedario y la letra última y definitiva; el que no solamente existió ayer, sino que vive hoy y nos llama desde el futuro; el que experimentó la muerte, pero ya no está en el sepulcro, porque vive una vida nueva del todo. La tumba ya no retiene al que vive. La resurrección de Jesucristo es el salto total hacia una dimensión asombrosamente inédita. Él destruyó el carácter definitivo de la muerte, porque en Él se hace presente el carácter absoluto de la vida.

Tras las huellas de Jesús, le acompañamos en su pasión (pasión de amor) y muerte (muere por amor y para amar). Y, al final de la Semana Santa, le descubrimos Resucitado, porque el acontecimiento de la resurrección no es un milagro cualquiera del pasado que nos deja indiferentes, sino que penetra en nuestro mundo y lo transforma.

La Semana Santa nos permite revivir el acontecimiento decisivo y siempre actual de la resurrección, misterio central de la fe cristiana. La luz de Jesucristo ilumina a la humanidad, venciendo para siempre las tinieblas que nos acechan.

¡Caminemos con esperanza hacia la luz que es Cristo! En Él y con Él experimentamos cercanía y encuentro. Él es el Dios cercano que se aproxima a la humanidad doliente y es el Dios que sale al encuentro de su pueblo sufriente.

Doy las gracias y felicito de todo corazón a tantas personas que trabajan y se esfuerzan, con esmero y generosa entrega, por una Semana Santa vivida con mayor intensidad, celebrada con mayor profundidad y desarrollada con mayor dignidad.

ruizmartorell_firma✠ Julián Ruiz Martorell
Obispo de Huesca

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