Semana Santa 2017

Carta de
Mons. D. Alfonso Carrasco Rouco
Obispo de Lugo

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Para vivir nuestra fe en Dios, la verdadera fe cristiana, es especialmente importante recordar siempre que el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesús no son hechos que se puedan relegar al pasado, como meras historias que contienen alguna moraleja; que Jesucristo no es simplemente alguien de otra época, sino que es nuestro contemporáneo, que su Presencia y su misericordia son reales.

La forma en que Él realiza su misión, los momentos culminantes de su existencia son absolutamente decisivos para los que queremos estar con Él. En la sinagoga de Cafarnaún y, más tarde, en su Pasión la mayoría se marchó; aunque habían gustado de sus enseñanzas, gozado de sus milagros y se consideraban discípulos suyos. Pero no se llega a conocer de verdad al Señor Jesús si no se acepta su ofrenda por nosotros en la cruz, la donación de su cuerpo y de su sangre, su resurrección. Sin las palabras y los hechos de la Última Cena no se llega al corazón de su Persona y de su obra.

Esto proclama también la tradición lucense de la Semana Santa, con sus grandes celebraciones litúrgicas y sus diferentes procesiones y actos de piedad popular.

En estos días, en el centro de nuestra ciudad, vuelve a anunciarse públicamente el sacrificio redentor del Señor, realizado en la carne, y a ofrecerse a todos sus frutos de perdón y salvación. Se nos invita a creer y esperar en el amor inmenso de Cristo, que viene siempre en auxilio de quien se le acerca con corazón dolorido, con fe humilde y arrepentimiento sincero.

Este anuncio, en que las Cofradías participan de modo particular, sigue siendo necesario en nuestro mundo, muy necesitado de fe y de consuelo, y que, ante el escándalo del mal y del sufrimiento, parece capaz de creer ya sólo en un Dios que sea misericordia.

En nuestra época, marcada por el egoísmo, la avaricia, el desprecio del débil, del que no es “útil”, los actos y procesiones con que meditaremos y honraremos los misterios de nuestra fe, nos harán presente a Aquel que no nos despreció a ninguno, sino que murió por todos, por nuestra salvación, y serán una oportunidad real de reconocer personalmente la necesidad del perdón de los pecados, de cambiar mente y corazón, para que, con la gracia del Señor, sea posible la renovación de nuestra vida y la construcción de una sociedad verdaderamente fraterna.

Pues todas las celebraciones de la Semana Santa son una invitación insistente a descubrir de nuevo el amor entrañable del Padre, que se nos hace presente en Jesús de forma concreta, y así, con el ejemplo y la protección de la Santísima Virgen María, creer en Dios en todas las circunstancias de la vida.

Alfonso Carrasco Rouco
Obispo de Lugo

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