Celebrar a Jesucristo

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 9 de abril de 2017

Queridos diocesanos:

Llegan los días del año en que los cristianos festejamos de manera singular a Jesucristo, recordando los acontecimientos de su pasión, muerte y resurrección. Lo hacemos con un enorme sentimiento de gratitud, porque sabemos que a través de ese misterio hemos sido renovados y nos hemos llenado de la vida que procede de Dios. Lo hacemos también conscientes de que hacer memoria de Jesucristo compromete nuestra vida. No le miramos como un personaje del pasado, sino como alguien que está vivo y que nos sigue llamando a vivir su vida como él la vivió.

Hay una oración propia del Domingo de Ramos en la que se dice que el Padre ha querido “que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad” (oración colecta). Con estas palabras se retrata perfectamente la actitud de Jesucristo durante toda su vida y, muy especialmente, en su pasión y muerte. Él, en un acto extraordinario de amor, aceptó el sacrificio de su propia vida en obediencia al Padre. Jesucristo se reconoce como el “Siervo de Yahveh” del que hablaba el Antiguo Testamento, que ofrece su espalda a los golpes, confiando en que el Señor no le defraudará (cf. Is 50, 4-9) y que, siendo inocente, se entrega por los demás y carga sobre sí las deudas de los pecadores (cf. Is 53,12). En la mansedumbre con la que aceptó la muerte, en la generosidad con que entregó libremente su vida y en su actitud de abandono confiado en las manos del Padre, descubrimos cómo Jesucristo acoge en su vida la voluntad del Padre. El, que en todo momento de su vida vivió como su Hijo, podrá decir en la cruz: “Todo está consumado” (Jn 20, 30).

Nosotros no podemos celebrar estos misterios sin sentirnos afectados. No somos espectadores de un drama que no tenga nada que ver con nosotros, sino que estamos directamente implicados en lo que celebramos. Porque a través de esas actitudes de Jesús hemos sido reconciliados con el Padre, que ha hecho la paz con el hombre “en la sangre de su cruz” (Col 1, 20). Y porque de Jesús aprendemos nosotros a decir de verdad “hágase tu voluntad”, a vivir también nosotros como hijos del Padre. Al contemplar la pasión de Jesús nos sentimos implicados a dejar que la luz que irradia este misterio de amor, inunde toda nuestra vida y nos vaya transformando, hasta que nuestras actitudes, sentimientos y toda nuestra existencia se unan a la de Cristo.

Si así lo vivimos, esta Semana que comenzamos será verdaderamente “santa”, ya no sólo por el nombre que le damos, sino porque habremos vivido en profundidad los misterios que celebramos.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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