El Señor viene sobre un asno

Carta de
Mons. D. Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

PujolBalcellsJaume

Domingo 9 de abril de 2017

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo fue objeto de atención preferente de los evangelistas y, desde entonces, de todos los cristianos. Ha sido motivo de estudio de historiadores y teólogos, así como tema de inspiración de artistas y escritores.

Benedicto XVI, el Papa que escribió una obra en tres tomos sobre Jesucristo, al abordar el Domingo de Ramos se fija en un detalle: Jesús, cuando se acercó su hora definitiva, entró en Jerusalén montado en un asno, que encima era prestado. «No llega en una suntuosa carroza real, ni a caballo, como los grandes del mundo, sino en un asno que le dejaron.»

Solo después de su muerte y resurrección los discípulos cayeron en la cuenta de que de este modo Jesús cumplía la profecía de Zacarías: «No temas, hija de Sión, mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna».

El Papa observa que el texto de Zacarías continúa diciendo: «Él destruirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; romperá el arco de combate y proclamará la paz a las naciones».

La lección para nosotros es clara si nos fijamos en la consideración que merece habitualmente un asno: un animal pacífico, de carga, no esbelto ni presuntuoso. Muchas guerras de otros tiempos las libraron jinetes que se enorgullecían de sus monturas. Pero el Evangelio nos dice que el Rey cabalga sobre un asno y que la paz saldrá victoriosa sobre las guerras.

Así hemos de valorar la actitud de ser sembradores de paz en el mundo, que es la tarea de todo cristiano: personas que no buscan el poder sino el servicio, que no presumen para que la gente les mire, sino que tienen puestos los ojos en ayudar a los demás sabiendo descubrir sus necesidades.

Jesús nos dijo que cualquier cosa que hagamos por nuestros hermanos lo hacemos a él. Siguiendo con el Domingo de Ramos podemos fijarnos ahora en cómo fue recibido al llegar a las puertas de la Ciudad Santa: con gran gozo, con palmas y ramas de olivo, haciendo alfombras en las calles en manifestación de homenaje.

¿Recibimos con alegría a las personas que vienen a vernos, o como si fuera una obligación o un estorbo? La alegría cristiana no puede quedarse en una alegría interior, que sería muy dudosa sin manifestaciones externas. Los otros son de la familia, hijos de Dios y por tanto hermanos nuestros. He aquí una reflexión que nos puede ayudar en la festividad de hoy, pórtico de la Semana Santa.

pujol_firma Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona

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