Escuchar siete palabras (VI). «Todo está cumplido»

Carta de
Mons. D. Agustín Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat

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Domingo 9 de abril de 2017

Ya hemos de estar acostumbrados a entender el lenguaje del Evangelio de san Juan. El significado de sus palabras siempre van más allá de lo que a primera vista parece. Situados al pie de la Cruz, escuchamos que Jesús dice: «Todo está cumplido» (Jn 19,29). Esta es una de las ocasiones en las que resulta más necesaria esta capacidad de comprensión. Si nos faltara, seríamos semejantes a los que careciendo de sensibilidad, pasasen delante de un cuadro de Velázquez y no se emocionaran, o oyesen una cantata de J. S. Bach i quedaran indiferentes, o accedieran a un bellísimo paisaje y no se detuvieran a contemplar…

En efecto, usamos normalmente la palabra «cumplir» y nos suena a la realización concreta de lo que manda una ley o una autoridad. En democracia todos, o al menos la mayoría, entendemos que se han de cumplir las leyes o las órdenes de los jueces que las interpretan, en la medida en que son leyes que todos nos hemos dado.

Cuando Jesús a punto de morir en el Cruz dice «todo está cumplido», en cierto modo también está dando a entender que todo lo mandado en una ley se ha cumplido. Sólo que no es una ley emanada de un parlamento o de una autoridad política. Es una ley del todo especial: la Ley del Antiguo Testamento, entregada por Dios a su pueblo para que viva. Esta Ley, dice el mismo Evangelio de san Juan, «fue dada por (mediante) Moisés, pero la gracia y la verdad han venido por Jesucristo» (Jn 1,17). La Ley Antigua sólo mandaba. ¿Qué mandaba? Mandaba amar a Dios absolutamente y al hermano como a sí mismo. El cumplimiento nos ha venido por Jesucristo, cuando Él obró y vivió perfectamente la gracia y la verdad. Nadie hasta Él lo había hecho, pues, como dice la misma Carta Primera de san Juan, «no habíamos conocido el amor, hasta que hemos visto que Él daba su vida por nosotros» (1Jn 3,16).

Entonces, el «todo se ha cumplido» de Jesús en la Cruz quiere decir: «se ha realizado todo el amor, se ha llevado a su perfección concreta el amor», que para san Juan significa, «se ha verificado, aquí en la tierra, en la carne, en lo humano, todo lo que es Dios mismo…».

Si siguiéramos en compañía de san Juan, aún nos descubriría más secretos de estas palabras de Jesús en la Cruz. Porque nos explicaría que allí mismo no sólo se cumplía todo lo que es Diosamor y no sólo lo que Dios nos mandaba en la Ley, sino también se cumplía todo lo que es el ser humano. En aquel momento, se realizaba la plenitud humana, la perfección de la persona humana, llamada a amar y ser amada plenamente. Aquí, en Jesús crucificado vienen a realizarse todas las aspiraciones humanas, las aspiraciones que responden al anhelo de amar, aunque paradójicamente estos anhelos de amor busquen sólo gozar y consideren que la cruz es para ellos un enemigo… Escuchando estas palabras, llegamos a creer de verdad en Jesucristo, el Dios realmente cristiano, que muchos no conocen y no entienden. Cuando nos pregunten quién es y dónde está Dios, hemos de responder: «aquí en Jesús, cumpliendo en sí mismo el más perfecto amor, hallarás la plenitud de la humanidad y la plenitud de Dios en la tierra».

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✠ Agustín Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat

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