Santa Misa Crismal

Alocución de
Mons. D. ABILIO MARTÍNEZ VAREA
Obispo de Osma-Soria

abilio

S.I. Catedral de Santa María de la Asunción, Burgo de Osma
Miércoles 12 de abril de 2017

Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, y fieles cristianos:

Bienvenidos a la celebración de la Misa Crismal en nuestra Catedral de El Burgo de Osma, en vísperas ya del Triduo Pascual en el que se actualiza la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Jesús Muerto y Resucitado se hace Luz y Vida para cada uno de nosotros, los hombres, para el mundo.

Agradezco de manera especial la presencia de los sacerdotes. Habéis venido de todos los pueblos de la Diócesis para mostrar la unidad del presbiterio con su Obispo pues “los presbíteros, próvidos cooperadores del Orden episcopal y ayuda e instrumento suyo, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman, junto con su Obispo, un solo presbiterio dedicado a diversas ocupaciones” (Lumen Gentium, 28).

En este corto espacio de tiempo que llevo entre vosotros sé que os gastáis y desgastáis en el servicio al Pueblo de Dios, atendiendo las diversas necesidades de todas las comunidades parroquiales que necesitan de vuestra tarea de enseñar, santificar y dirigir. Vuestro celo pastoral os lleva a entregaros horas y horas, llegando incluso a los lugares más pequeños y alejados. Lo hacéis a imitación de Jesús, el Buen Pastor, que da sentido a vuestras vidas y a toda vuestra actividad pastoral y evangelizadora.

Quiero también resaltar que esta Eucaristía es de todo el Pueblo de Dios. Dentro de ella, y en un momento muy significativo, se procederá a la bendición del óleo de los catecúmenos, remedio para luchar contra las fuerzas del mal; del óleo de los enfermos, que curará las dolencias del alma y del cuerpo; y, finalmente, la consagración del Crisma. Permitidme que me detenga en una consideración un poco más amplia sobre el Crisma. Cada vez que alguien es bautizado y confirmado recordamos nuestra propia unción y recordamos las palabras de Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19)

Por el Bautismo, el Señor nos ha ungido y nos ha hecho sus hijos; nos ha hecho templos de su Espíritu, portadores de su presencia amorosa y transformadora. Todos los fieles estamos llamados a vivir con gozo el precioso don de la fe y de la vida cristiana. Ésta es nuestra identidad y nuestra vocación: estamos llamados a ser el buen olor de Cristo. En la oración de consagración del Crisma escuchamos estas bellas palabras: “Cuando Cristo, nuestro Señor, salvó al mundo por el Misterio Pascual, quiso derramar sobre la Iglesia la abundancia del Espíritu Santo y la enriqueció (a toda ella) con sus dones celestiales, para que en el mundo se realizase plenamente, por medio de la Iglesia, la obra de salvación” (Del Ritual de consagración del Santo Crisma)

Además, el Crisma es usado para ungir la cabeza del Obispo y las manos de los sacerdotes en su Ordenación sagrada. A vosotros sacerdotes (y a mí también) os repito las palabras del libro del Apocalipsis: “Gracia y paz a vosotros de parte de Jesucristo, el Testigo fiel” (Ap 1, 5). Y San Pablo, por su parte, nos recuerda que “el que os ha llamado es fiel” (1 Tes 5, 24). Estoy seguro que habéis tenido que sortear muchas dificultades para vivir con delicadeza la virtud de la fidelidad. No es fácil hoy día ser fiel a la llamada de Jesús cuando no hay convicciones sólidas. Vivimos en una sociedad llamada líquida, donde todo es adaptable según las circunstancias. Vivimos en la post-verdad, donde los hechos objetivos son menos importantes que los sentimientos. Y eso también puede afectar a nuestro ser y obrar sacerdotal. No somos ajenos a lo que nos rodea porque vivimos en medio de la sociedad.

Queridos sacerdotes: si queremos ser padres, hermanos y amigos del Pueblo de Dios al que servimos, tendremos que entrar en la nube de la presencia del Señor Jesucristo: “Mirad, viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron” (Ap 1, 7) Las dificultades, de una u otra forma, siempre estarán presentes en la vida del sacerdote y en la vida del cristiano. No olvidemos nunca que también la constitución de un matrimonio y de una familia tiene sus complejidades, sobre todo a la hora de tener los hijos y educarlos. Pero sabemos con certeza que el Señor estará con nosotros hasta el fin de los siglos. Él siempre permanece fiel porque es “el Testigo fiel”.

Esta Misa Crismal, donde se significa de una manera sacramental la comunión del Obispo con los presbíteros y la unidad del presbiterio, es una llamada a la vivencia de la fraternidad presbiteral. Somos hermanos por el Bautismo y por el sacramento del Orden: “Los presbíteros, constituidos por la Ordenación en el Orden del Presbiterado, están unidos todos entre sí por la íntima fraternidad sacramental y forman un presbiterio especial en la Diócesis a cuyo servicio se consagran bajo el Obispo propio. Porque, aunque se entreguen a diversas funciones, desempeñan con todo un solo ministerio sacerdotal para los hombres” (Presbyterorum Ordinis, 8). Que nos ayudemos unos a otros, que no dejemos solo a ningún hermano y que vivamos la comunión, también en nuestro trabajo pastoral.

Para concluir, quiero recordar a las víctimas de la guerra y del terrorismo. Nos unimos al Santo Padre en su dolor por la muerte de tantos cristianos coptos en Egipto el pasado Domingo de Ramos, y pedimos al Señor lo proteja en su próxima visita pastoral a ese país. La celebración del amor fraterno el día de Jueves Santo debe ser para todo el Pueblo de Dios, sacerdotes, religiosos y laicos, un revulsivo que haga nuestra la meta de aquellos primeros cristianos de los que se decía en el libro de los Hechos de los Apóstoles : “Mirad cómo se aman”.

Y no olvidemos a los cristianos que viven en Tierra Santa, la tierra santificada por la presencia del Señor Jesús y donde ellos viven. El Viernes Santo celebraremos un año más la Jornada de Tierra Santa; rezaremos por ellos y colaboraremos con generosidad en la colecta por los Santos Lugares, tan recomendada por los Papas.

Os deseo a todos vosotros que participáis en esta celebración, a vuestras comunidades cristianas y a vuestros familiares, una feliz Pascua de Resurrección.

 

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