Santa Misa Crismal

Homilía de
Mons. D.  FRANCISCO CONESA FERRER
Obispo de Menorca

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S.I. Catedral Basílica de Santa María, Menorca
Miércoles Santo, 12 de abril de 2017

Me llena de ilusión y de esperanza poder celebrar esta tarde la Misa Crismal con vosotros. Desde que en el mes de octubre el Nuncio del Santo Padre me comunicó que el Papa Francisco quería que fuera Obispo vuestro, comencé a pensar en esta Misa, a la que asistí con fidelidad y con devoción durante toda mi vida como presbítero.

1.- Aquí está la Iglesia de Menorca

Es una Misa cargada de significado. En primer lugar, porque en esta Misa se expresa de una manera singular nuestra Iglesia de Menorca. Me alegro mucho de estar rodeado por la mayor parte de los sacerdotes, que son mis colaboradores más directos e inmediatos para realizar la apasionante tarea de seguir proclamando a Jesucristo. Junto a ellos, están los diáconos, que tan buen servicio prestan a nuestra Iglesia, tanto en las tareas parroquiales como en la coordinación de diversas áreas de la pastoral diocesana. Están, así mismo, con nosotros nuestros seminaristas. Es un gozo tenerlos aquí, porque ellos nos invitan a mirar al futuro de nuestra Iglesia con esperanza. Nos acompaña un buen número de miembros de la vida consagrada, tanto sacerdotes como religiosos, que con su vida son signo del Reino de Dios, anuncio del mundo futuro y estímulo para vivir la santidad a la que todos son llamados todos los cristianos. Y, sobre todo, estáis vosotros, los laicos, algunos venidos de distintas partes de nuestra isla. Con vuestro esfuerzo por vivir fieles al Evangelio, sois signo de Cristo en medio del mundo, en las tareas cotidianas, en el interior de la sociedad humana.

Esta Eucaristía es, por todo ello, expresión de la realidad de nuestra Iglesia. Pero hay algo mucho más importante, que no debemos olvidar: la Eucaristía construye nuestra Iglesia. Nuestra comunión en el único cuerpo de Cristo hace que también nosotros seamos el Cuerpo de Cristo, Iglesia que prolonga su presencia a lo largo de la historia en esta isla de Menorca. Un antiguo adagio dice que “la Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia”. En cierta manera la Iglesia hace la Eucaristía porque es la comunidad reunida la que celebra la Cena del Señor. Pero es mucho más cierto que la Eucaristía nos hace ser Iglesia. La Eucaristía, en la que el Señor nos da su cuerpo y hace de nosotros un solo cuerpo, es el lugar del nacimiento ininterrumpido de la Iglesia, en la cual él la funda constantemente de nuevo. Por eso, en esta celebración se expresa de un modo particularmente intenso la realidad de nuestra Diócesis y, al mismo tiempo, esta Eucaristía nos edifica y hace ser Iglesia de Cristo, su Cuerpo, en Menorca. Aquí está la Iglesia de Menorca. Aquí está presidiendo Jesucristo sacerdote.

2.- El don del sacerdocio

Estamos en una celebración particularmente significativa porque está vinculada de manera especial a la Pascua del Señor. Es una celebración propia del Jueves Santo, aunque por razones pastorales la hayamos adelantado a esta tarde. Forma parte de la celebración del misterio inmenso de amor expresado por Jesucristo en la Cena pascual. En la liturgia de esta Misa se resalta particularmente el don del sacerdocio y su institución por parte de Cristo.

El Señor ha querido contar con “hombres de este pueblo” que perpetúan su entrega preparando el banquete pascual, presidiendo en el amor al pueblo de Dios, alimentándolo con la Palabra y fortaleciéndolo con los sacramentos (cf. Prefacio). Vosotros, sacerdotes, sois un don extraordinario de Dios para esta Iglesia. Por la imposición de las manos habéis sido configurados con Jesucristo; como él, habéis sido ungidos por el Espíritu y enviados a proclamar la Buena Nueva a todos los hombres (cf. Evangelio). Dentro de unos momentos renovaréis las promesas hechas el día de vuestra ordenación. Os preguntaré, una vez más, si queréis uniros más fuertemente a Jesucristo y renunciar a vosotros mismos, para de esta manera ser sacerdotes suyos. Y diréis que sí, que con su ayuda queréis vivir siempre entregados al Señor. ¿Hay algo más grande? No en este mundo.

Yo comparto con vosotros un mismo sacerdocio y una misma misión. Y puedo decir que, como escribió San Agustín, “si por un lado me aterroriza lo que soy para vosotros, por otro me consuela lo que soy con vosotros” (Sermón 340, 1). Por eso es tan significativo para mí este momento. Es mi encuentro con los presbíteros de la Diócesis. Experimento el calor de nuestra comunión y de vuestra amistad, así como también vuestros afanes por conducir hasta Jesucristo a las personas de las parroquias y comunidades que tenéis encomendadas.

Esta celebración me ofrece la oportunidad agradeceros personalmente, en público, vuestro trabajo de cada día, silencioso, eficaz, alegre, generoso. Pocas veces el sacerdote recibe el reconocimiento por su entrega, ni lo hacéis para que sea reconocida. Lo hago también en nombre de la Iglesia Diocesana. En este día le pido al Señor que me mantenga cercano a vosotros, y sé, por otra parte, que Él alienta, cada mañana, vuestros pasos. Os digo con firmeza que merece la pena entregar la vida por este Pueblo. Jesús la dio sin medida.

3.- Los óleos santos

Finalmente, en esta Eucaristía bendeciremos los óleos santos. El Espíritu, mediante estos aceites, ungirá y marcará indeleblemente a los nuevos cristianos que nacerán a lo largo del año. Aliviará el dolor de los enfermos y de los mayores, infundirá vigor y valentía a los jóvenes que se confirmarán y los hará testigos suyos. Desde esta Basílica Catedral llegarán los óleos santos y el crisma, que consagraremos juntos, a todas las parroquias de la Diócesis, con el deseo de que hasta el último rincón de nuestra isla llegue la fuerza del Espíritu que renueva, que sana y fortalece, que sella el corazón del hombre.

Al bendecir los óleos y consagrar el crisma, oraremos juntos pidiendo que, mediante estos óleos, llegue a todos la salvación que brota del Misterio Pascual. Que mediante estos signos sensibles, los hombres y mujeres de Menorca sientan la unción del Espíritu y “vivan según su condición de reyes, profetas y sacerdotes” (consagración crisma).

Llevad a vuestras parroquias y comunidades el aceite del Espíritu que nos pone también, como el Maestro, al servicio de los más pobres. Él vino a proclamar una gran y buena noticia a los pobres (cf. primera lect y ev). Que el Espíritu del Señor nos saque de comodidades y tibiezas y nos empuje a ponernos en salida, portando la alegría salvadora de Cristo.

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Hoy es día importante para nuestra Iglesia diocesana. Decía al comienzo que había soñado en este día. Ahora quiero dar gracias a Dios por ello, por poder celebrarlo con vosotros. Y doy gracias a Dios por cada uno de vosotros. Que el Señor bendiga a nuestra Iglesia de Menorca y la fortalezca con sus dones para que sigamos teniendo fuerzas para pronunciar ante los hombres su nombre santo.

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