Santa Misa Crismal

Homilía de
Mons. D. JUAN CARLOS ELIZALDE ESPINAL
Obispo de Vitoria

juan carlos elizalde

Vitoria-Gasteiz, 12 abril 2017

Queridos diocesanos todos y hoy en la Misa Crismal, en que renovamos las promesas sacerdotales, queridos hermanos presbíteros y diáconos. Aurtengo Krisma Mezan ere, bihotzez agurtzen zaituztet. Formar parte de la Iglesia es reconocer que cada uno, desde su vocación y circunstancias, puede decir como Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido”. Os quiero hablar a todos al propio corazón, aunque hoy los sacerdotes y diáconos sean los principales protagonistas a los que arropáis con especial cariño.

La Misa Crismal, que el obispo celebra con su presbiterio, y dentro de la cual consagra el Santo Crisma y bendice los demás óleos, es una epifanía de comunión de los presbíteros con el propio obispo (cf. OGMR, 203).

Ha pasado un año desde que aquí mismo os manifestaba, como obispo vuestro, mi deseo de ser para vosotros padre, hermano y amigo. Nere bihotza hementxe dago, zuekin, bete-betean.

Os puedo decir que mi ilusión y empeño es mayor que el año pasado y eso que soy más consciente de la realidad. Mi corazón está aquí, con vosotros, por entero; más lleno que hace un año y también más consciente y fuerte.

Me doy cuenta de que ser sacerdote, signo sacramental de Jesucristo Pastor, Cabeza y Esposo de la Iglesia, es poco menos que imposible. Con todo, me parece más fácil ser presbítero porque la gente nos indica cómo tenemos que ser pastores. Yo, en lo que el Papa Francisco nos insiste sobre nuestra identidad de pastores, no príncipes, cercanos, con olor a oveja, delante en medio y detrás del rebaño, yo ahí, siempre me he sentido como pez en el agua.

Es más difícil ser obispo porque, aunque por definición diáconos y presbíteros sois colaboradores del obispo, todos somos pastores y pastores con estilos muy distintos todos. Ser obispo es fácil con la gente y para la gente. Es más difícil con los sacerdotes y para los sacerdotes, porque uno es y tiene que ser como es y a la vez tiene que serlo para todos. Tengo a mi favor que estoy procurando quereros a cada sacerdote con todo el corazón, que desde el comienzo he tratado de ser transparente poniendo todas las cartas sobre la mesa, que tengo muy claro que la Iglesia la construimos entre todos y que estoy proponiendo siempre el sacerdocio que se alimenta de la Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio de la Iglesia.

En un año todos nos definimos en gestos, palabras, encuentros y afectos, cada uno sin renunciar a su estilo. Y así me he sentido acogido. Creo que entre nosotros se habrán dado sintonías o distancias difíciles de explicar racionalmente. No nos hemos elegido y sin embargo estamos llamados a crecer juntos.

Aunque os digo que he tratado de presentar siempre las notas más universales y comunes del sacerdocio a veces habré acentuado algunos aspectos teniendo menos en cuenta otros. Es imposible no proyectarse y es difícil controlar la mucha pasión con que uno vive algunas cosas. He podido herir al señalar algunas carencias en nuestro presbiterio pero en ningún momento he pretendido anular, desenmascarar o desautorizar a nadie. Soy consciente de mis límites y de que ningún modelo sacerdotal es perfecto. Por eso he elegido un Consejo Episcopal variado que me complete. Por eso escucho y quiero aprender de todos los que me comunicáis vuestras observaciones. Sigo aprendiendo a ser obispo. Sigo necesitando de vuestros consejos. Me hacéis un gran bien cuando me decís las cosas francamente.

La pregunta que os hago y me hago en este momento es: ¿en este último año hemos crecido como pastores? Al terminar mi primer año de ministerio episcopal en Vitoria estamos en un momento crucial: podemos tocar techo o podemos seguir creciendo. Cada uno podemos tener razones para alimentar la resignación o la esperanza. Yo apuesto con toda mi alma por la esperanza, el crecimiento, la comunión y el trabajo apasionado de futuro. A mí el ministerio confiado me está obligando a crecer. Mi corazón pequeño tiene que agigantarse según las dimensiones de Cristo y de su Iglesia. La misión recibida hace vibrar nuevos resortes que no sabías ni que existían. Volver a escuchar con fuerza la llamada de Jesús de Nazareth junto al lago de Galilea como sucesor de los apóstoles, me hace salir de mi área cómoda para dedicar todo el caudal afectivo a predicar su Evangelio y a construir su Iglesia. Nere bihotza hementxe dago, zuekin, bete-betean. No tengo el corazón puesto en otro sitio. Aquí, con vosotros, y para el Señor y los hermanos quiero volcar toda mi energía. Desde esta confesión me atrevo a preguntarte a ti que hoy
renuevas las promesas sacerdotales: ¿Tú, tienes el corazón abierto a mí, tu obispo, al Consejo episcopal, al presbiterio entero sin excepciones? Sólo en la comunión puede haber evangelización. Y Su Espíritu que nos unge nos capacita para la comunión y nos envía a la evangelización.

“Es el Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo, que transforma nuestros corazones y nos hace capaces de entrar en la comunión perfecta de la Santísima Trinidad, donde todo encuentra su unidad. Él construye la comunión y la armonía del Pueblo de Dios… Él es quien suscita una múltiple y diversa riqueza de dones y al mismo tiempo construye una unidad que nunca es uniformidad sino multiforme armonía que atrae. La evangelización reconoce gozosamente estas múltiples riquezas que el Espíritu engendra en la Iglesia. No haría justicia a la lógica de la Encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde”. (Francisco, Evangelii Gaudium, n. 117). Como sacerdotes no somos “dueños” sino servidores para que cada uno de nuestros fieles, en comunión con la Iglesia, puedan crecer y ser testigos del evangelio.

Me gustaría que en nuestra Iglesia de Vitoria pudieran despertarse energías latentes aún muy dormidas en varias direcciones:

1.- Hacia un nuevo Plan Diocesano de Evangelización
Ebanjelizatze plan berri baterantz

Ya está a punto de salir en la web de la Diócesis el segundo documento que nos invita a participar en la elaboración del nuevo Plan. El primer objetivo del próximo Consejo Pastoral Diocesano será la elaboración del Plan Diocesano de Evangelización. Lo queremos hacer entre todos; participa ya con tus aportaciones. Continuar el proceso de salir de una Iglesia de mantenimiento a una Iglesia evangelizadora fue el objetivo de los planes anteriores. En esta misma línea tenemos que dar nuevos pasos. Pasos audaces, consensuados y en comunión con la Iglesia universal. Si no, en palabras del Papa Francisco, caminaríamos hacia un “lento suicidio”. Si no hay una reacción conjunta de todas las comunidades, la situación de nuestra Iglesia diocesana es dramática. Basta consultar las estadísticas. Yo no veo demasiada reacción. Soy consciente de la enorme dosis de fracaso que tiene que tolerar nuestro ministerio sacerdotal. Pero hoy no basta aguantar. Nos tenemos que unir más y querernos más porque sólo una alta dosis de alegría, experiencia de Dios, pasión apostólica y laboriosidad pastoral pueden generar una Iglesia nueva. ¿Dónde está tu corazón? era la pregunta del Papa a los sacerdotes en el Jubileo de la misericordia. A mí me ayudó mucho. La ideología, el aislamiento, los prejuicios, matan el corazón. Estamos capacitados para querernos porque nuestra fraternidad sacerdotal es sacramental. Trabajar juntos es lo que más puede acercar los corazones. Yo tengo el mío abierto de par en par. Y mucho más para quien no lo perciba así. Que me lo haga saber porque yo estoy para todos.

2.- Trabajo prioritario por todas las vocaciones
Bokazio guztien aldeko premiazko lankidetza

Y los sacerdotes especialmente por las vocaciones sacerdotales de las que somos referencia. Guztien bokazioak eta apaizak, era berezian, apaizak bokazioak. El documento “Nuevas vocaciones para la nueva Europa” sustituía la figura del promotor vocacional por la figura de la comunidad cristiana. Una comunidad cristiana donde el joven madura junto a matrimonios felices, sacerdotes entusiasmados y consagradas y consagrados atrayentes, es la clave para el despertar vocacional. Con este trasfondo próximamente se convocará un Equipo de Pastoral Vocacional. Quien se sienta especialmente llamado o llamada a formar parte no tiene más que manifestarlo. Quiero poner en marcha también una Jornada Vocacional con la ayuda de todas las realidades que tengáis propuestas vocacionales. En este día sacerdotal lo quiero decir muy claro: si no reaccionamos como presbiterio, la situación vocacional de nuestra Iglesia diocesana es trágica. Como presbiterio no podemos mirar a otro lado. Yo no puedo mirar a otro lado. Trabajaré, pediré ayuda, tocaré todas las puertas que haga falta y trataré de rezar hasta el límite de mis fuerzas. Pero no nos podemos conformar con nuestra terrible situación vocacional. No pienso ahorrar adjetivos porque sería un cobarde. Un presbiterio que no reaccionara ante nuestra situación vocacional estaría muerto. Y en cambio podemos afirmar que como presbiterio tenemos capacidad para contagiar atractivo por nuestra vocación porque cada uno está convencido de ella y en ella persevera. Cada uno sabrá lo que pueda hacer pero yo os propongo una labor esperanzada, humilde y serena con jóvenes vocacionales de nuestras comunidades. Ya está en la web y en las librerías el Documento Preparatorio del Sínodo de los Obispos 2018 “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Las respuestas del Cuestionario hay que enviarlas a Roma para Septiembre. ¿Por qué no nos reunimos con jóvenes por parroquias, unidades pastorales o arciprestazgos para trabajar el cuestionario? Los sacerdotes por sensibilidades sacerdotales distintas podríais reuniros con los jóvenes que compartís más algunos acentos, ¿por qué no lo intentáis? Contad conmigo para lo que yo pueda servir. Igualmente consagradas y consagrados con proyectos vocacionales en general más concretos que los diocesanos. En cualquier caso la oración constante de la comunidad por las vocaciones siempre es escuchada. Mi insistencia en la adoración eucarística va en esa línea. Es proclamar que la gracia salva más que nuestro trabajo. Como tantas veces en la historia de la Iglesia, las grandes necesidades pueden sacar lo mejor de nosotros mismos y de nuestra vocación sacerdotal.

3.- Maduración del laicado
Laikoen heldutasuna

El lugar de actuación del bautizado maduro es la familia, la empresa, la política, la educación, los sindicatos, los medios de comunicación, la acción social y la vida cultural. Si los laicos más comprometidos sólo están implicados en la liturgia, en las celebraciones y en las catequesis, podemos estar clericalizándolos. Claro que sois fundamentales en la comunidad cristiana pero no se os puede reducir al ámbito celebrativo y eclesiástico. Hoy no basta el puñado de laicos incondicionales que sostienen la vida parroquial y sus necesidades. Los sacerdotes y consagrados hacemos unas renuncias determinadas para estar a vuestro servicio de modo que podamos construir entre todos un mundo más justo y más humano y una Iglesia más evangélica y comprometida. Una profunda formación teológica es condición imprescindible para adquirir responsabilidades dentro de la Iglesia y también fuera si estas responsabilidades se quieren vivir desde una identidad cristiana. La Facultad de Teología de Vitoria es un medio privilegiado para contribuir a esta formación y se está esforzando por ofrecer formatos realistas adaptados a la vida laical en comunicación con parroquias, unidades pastorales, arciprestazgos, delegaciones y servicios diocesanos. El sano amor a la Iglesia es nota distintiva del bautizado maduro. Por el contrario la sospecha, el desafecto o una actitud sistemáticamente crítica y fría respecto a la Iglesia no hace más que secar la fe.

4.- Amor a la Iglesia
Elizari maitasuna

Gaur sagaratuko ditudan olioak apaiz, profeta, eta errege egiten gaituzte. Los óleos que voy a consagrar nos constituyen como sacerdotes, profetas y reyes. “Ungidos con óleo de alegría para ungir con óleo de alegría” era la descripción que el Papa Francisco hacía de la Iglesia en una Misa Crismal. “Al buen sacerdote se le reconoce por cómo anda ungido su pueblo; ésta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota por ejemplo cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia”, decía en su primera Misa Crismal. Esta unción sobre la comunidad es la fuente del amor a la Iglesia. Donde no hay amor a la Iglesia no crece ni la hierba. Prevalece la ideología y la crítica sobre el don de la fe y el agradecimiento a la Iglesia. Se debilita la certeza de la divinidad de Jesús o su resurrección y corre el peligro de diluirse el verdadero sentido de los sacramentos y de la identidad de la Iglesia. Todos nos preguntamos en la Misa Crismal si a nuestro alrededor se respira este clima de amor a la Iglesia y si por tanto inspiramos deseo de acercarnos a ella.

Todos, cada uno desde su vocación y circunstancias, hemos sido enviados “a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor”. ¡Ojalá se esté cumpliendo esta Escritura que acabamos de oír! Nuestra tierra lo necesita y es en nuestra Iglesia, la única Iglesia que existe, santa comunidad de pecadores, donde se está derramando Su Espíritu. Los últimos, los más necesitados son la prioridad de la Iglesia de Vitoria. La sección “Trata de personas y menores en riesgo” dentro de la comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal es donde estoy tratando de contribuir con mi pequeña aportación. Cuento con vuestra ayuda y consejo y estoy agradecido a las personas e instituciones que en la diócesis y en nuestra tierra están trabajando tanto. En esta nueva etapa histórica, la diócesis desde el Secretariado Social está impulsando y dando forma al nuevo proyecto “Paz y Reconciliación”. En el nuevo escenario la Iglesia quiere seguir ayudando al proceso de paz y yo me alegro y por eso apoyo todas las mediaciones eclesiales e iniciativas compatibles. Nos espera un largo camino en el que no podemos ni desanimarnos ni restarnos sino sumarnos. Que nos ayude para ello el recuerdo de todos los sacerdotes fallecidos este año a los que encomendamos. Gracias finalmente por el enorme trabajo pastoral desarrollado en cada comunidad.

Egun zakonak datoz gure fedearentzat, pozik bizi ditzagun. Aste Santu “kristau eta zoriontsua opa dizuet!,

¡Feliz Semana Santa! ¡Feliz Pascua de Resurrección! Con todo mi afecto, mi bendición

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