Santa Misa en el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Homilía de
Mons. D. VICENTE JIMÉNEZ ZAMORA
Arzobispo metropolitano de Zaragoza

jimenez zamora

S.I. Catedral del Salvador (La Seo), Zaragoza
Domingo 16 de abril de 2017

DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Celebramos el domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. La fiesta de las fiestas; la cumbre del año litúrgico; meta de la escalada cuaresmal y punto de partida de una larga celebración festiva: la cincuentena pascual.

 “¡Este es el Día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo! Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¡Aleluya!”. Estas palabras del psalmo 117 crean la atmósfera de fiesta de este domingo.

Más que nunca la Eucaristía de hoy se viste de fiesta con los signos más expresivos: los cantos con ecos de aleluyas; los ornamentos blancos de ricos bordados; las flores frescas; el cirio pascual, signo de Cristo Resucitado.

Mensaje de las lecturas bíblicas

Hc 10, 34-43. La predicación de Pedro, recogida en el libro de los Hechos de los Apóstoles y proclamada como primera lectura, contiene el kerigma, es decir, el resumen esencial de la fe cristiana: que Cristo, ungido por el Espíritu de Dios, pasó haciendo el bien, murió y resucitó. De este acontecimiento son testigos los Apóstoles y su testimonio llega a nosotros y es garantía y aval para nuestra fe.

Col 3, 1-4. En la Pascua no sólo celebramos la Resurrección de Jesucristo, sino también la nuestra: “habéis resucitado con Cristo”, afirma San Pablo en la 2ª lectura de la carta a los Colosenses.

Este misterio pascual se realiza en nosotros por el Bautismo y en cada Eucaristía. Pero tiene que verificarse después en el “sacramento existencial” de la vida diaria, es decir, tenemos que vivir en línea de resurrección, en actitud ascendente, muriendo al pecado y buscando las “cosas de arriba”. Esta realidad, que todavía está incompleta, se manifestará en plenitud, “cuando aparezca Cristo, vida nuestra”.

Jn 20, 1-9. El evangelio de San Juan sobre la Resurrección incluye unos matices especiales, que destacan la búsqueda que exige la fe. María Magdalena ve la losa del sepulcro quitada y corre a avisar a Pedro y a Juan: “Se han llevado al Señor”. Éstos también van corriendo al sepulcro. Entran, ven el sudario y las vendas recogidas, interpretan las Escrituras, y creen.

Signos de resurrección

Celebrar la Pascua es empezar a vivirla; exige de nosotros signos de resurrección:

La paz es el gran regalo pascual de Cristo Resucitado; la paz que el mundo no puede dar.

La alegría, que viene del Señor vencedor de la muerte y del pecado.

La esperanza, que nos da fortaleza para vencer los miedos, superar las contrariedades de la vida, soportar los sufrimientos; llevar la cruz.

El amor, que es perdón y gracia salvadora del resucitado, que nos invita a amar, sirviendo (diakonía), creando unidad (koinonía), dando testimonio (martyría). En el amor está la libertad; radica la santidad; se manifiesta la vida. Sólo el que ama es libre. Sólo el que ama vive y no gustará la muerte para siempre.

Conclusión: Hoy el Señor Resucitado nos invita en el banquete de la Eucaristía a comer su Cuerpo entregado y a beber su Sangre derramada. Que esta Eucaristía sea nuestra fortaleza para ser testigos de la Resurrección. ¡Feliz Pascua!

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