Misa del Bando de la Huerta

Homilía de
Mons. D. José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena en España

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Murcia, 18 de abril de 2017

Excmo. Rvdmo. Sr. Arzobispo emérito de Burgos,
M.I. Sres. Canónigos.
Sacerdotes, religiosos, seminaristas
Excmas. e Ilmas. Autoridades
Reina de las fiestas y damas de honor.
Un saludo a los que nos veis por 7 TV, especialmente enfermos y ancianos.
Huertanos y huertanas.
Hermanos y hermanas.

Hemos terminado la Cuaresma y la Semana Santa con un sabor dulce en la boca, con el triunfo de Jesús sobre la muerte. Por todos los rincones oímos el mismo mensaje. La Iglesia ha cantado estos días: ¡Aleluya, ha Resucitado el Señor! Así que es la alegría la que recorre toda la piel de nuestro cuerpo, el gozo por el Plan de Salvación de Dios, que nos hace conocer su misericordia. Además, los murcianos tenemos otro motivo, añadido a ese, la fiesta de nuestra Madre, la Virgen de la Fuensanta, que nos ha acompañado durante toda la Cuaresma y otro año nos vuelve a reunir en esta emblemática y embellecida plaza de Belluga, con sabor tan murciano.

Es tiempo de la Pascua, tiempo de orientar nuestra mirada hacia Cristo, por su victoria sobre la muerte, pero un tiempo en el que se nos invita también a dirigir la mirada a María. No podemos separar al Hijo de la Madre, porque «el haber nacido de María» pertenece a la identidad personal de Jesús y, también, desde las primeras fórmulas de fe se reconoce a María como la Madre de Jesús.

¡Cuánto tenemos que aprender de la generosidad de la Virgen María! Como Ella, necesitamos decir sí a todo proyecto que sane nuestro mundo, necesitamos decir sí, para que sea Dios mismo el que nos ponga cordura en las relaciones entre las naciones de la tierra, para que el tema de las armas nucleares y otros inventos de destrucción, no sean los que nos “gobiernen” a causa del temor y del miedo. El «sí» de María pronunciado en el momento de la Anunciación cambió la faz del mundo. Fue un «sí» a la venida de Aquel que debía liberar a los hombres de la esclavitud del pecado y darles la vida divina de la gracia; fue un sí a Dios y, en consecuencia, a la dignidad y a la libertad de cada persona que viene a este mundo. La joven de Nazaret con su sí hizo posible un destino de felicidad para el universo, porque fue un sí al amor, a la caridad, al servicio desinteresado, a la entrega a la causa del hombre.

En la Palabra de Dios encontraremos criterios serios para la vida. Se hace urgente escuchar a Dios, como María. Necesitamos urgentemente darle paso al sentido común, a la serenidad de ánimo, a una sociedad que sepa valorar la grandeza y el respeto de la persona, que sepamos mirarnos a la cara, tendernos las manos; sentir y creer que las palabras con las que nos comunicamos están cargadas de verdad y que nunca serán utilizadas ni para el engaño, ni para herir los sentimientos de nadie, sino, más bien, para que sean bálsamo que favorezcan la paz, la amistad y la concordia. Madre de la Fuensanta, abre nuestros ojos para que veamos la grandeza de dones que nos ha regalado Dios a todos, que puestos uno junto a otro, ¡cuántas cosas podríamos hacer para beneficio de los demás y de esta tierra, nuestra casa común!

Si los que vivimos en esta Región sabemos lo que significa construir con nuestras manos un jardín de flores y de frutos, colaborar con el Creador y ofrecer a medio mundo los alimentos que nos sostienen, ¿acaso no vamos a ser capaces de potenciar los hermosos valores que hemos recibido de nuestros mayores, de nuestros padres? Esta mañana te pido, Madre, que nos cuides y que protejas a todas las familias de nuestra Región de Murcia para que abramos el corazón a Dios, para que vivamos en paz.

María abrió plenamente su corazón a Cristo y, como Madre, todas las críticas, burlas y sufrimientos que afligían a Jesús se clavaban también en su corazón como espadas. Participó en la ofrenda generosa del sacrificio por la salvación de la humanidad. ¡Virgen de la Vega! Reina del grandioso milagro de flores… ¡enciende nuestras almas con el ejemplo de tus bellos amores!

Tu cara morena nos embelesa, tus ojos mirando a tus hijos nos seducen, más cuando nos das el mejor regalo, el tesoro de tu Hijo sobre tu mano. ¡Divina magnolia! ¡Flor de nuestra Vega! Sabes que te queremos con el alma, que nos tienes a todos los murcianos rendidos a tus pies, que eres nuestra seña de identidad.

Fuensantica, eres nuestro consuelo, el camino más seguro para ir al cielo. ¡Acoge, Madre, todas las oraciones que pasamos por tu camarín, atiende todas las necesidades de este pueblo que hoy se reúne contigo! ¡Madre de la Fuensanta no te olvides del agua para nuestros campos y para la huerta; devuelve la salud a los enfermos, la paciencia y serenidad a los ancianos; protege las vidas de los niños y jóvenes; bendice a los novios y a los recién casados; ayuda a las familias; escucha las súplicas de los que sufren! Estrella que un día bajaste del cielo, dale esperanzas de los atribulados y cuida de lo más débiles.

No puedo olvidarme hoy, Madre, de todos los voluntarios que están ayudando a tantos hermanos que llaman a las puertas de nuestras parroquias, de Cáritas, Jesús Abandonado y a las otras realidades e instituciones de ayuda social, los llamados del Tercer Sector, bendíceles a todos ellos y a sus familias; bendice también a las personas e instituciones que, con generosidad y gran corazón, colaboran con su ayuda y limosna en la bella tarea de la solidaridad samaritana…

Que la Santísima Virgen de la Fuensanta nos acerque a Jesús y veamos su rostro de amor y misericordia para decirle con fuerza: ¡Jesús cuenta conmigo, aquí estoy para hacer tu voluntad!

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