Corpus Christi, Día de la Caridad

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 18 de junio de 2017

Queridos diocesanos:

Celebramos el domingo 18 de junio la solemnidad del Corpus Christi, festividad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, misterio de nuestra fe, “sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad, banquete pascual, en el que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su Pasión, el alma se llena de gozo y se nos da la prenda de la gloria futura” (Vaticano II, SC 47).

La Eucaristía es nuestra misma vida. En ella se actualiza la entrega salvífica de Cristo, en ella participamos en la vida de Cristo, en ella se hace presente y se edifica la Iglesia. Ella concluye la Iniciación cristiana, ella nos injerta en Cristo, como los sarmientos en la vid y ella es remedio de inmortalidad. Por eso ante ella nos dejamos invadir por un santo asombro y adoramos postrados tan excelso Sacramento, mientras se despierta en nosotros el hambre de Pan vivo y la Sed de Agua viva.

Como celebración peculiar de este día está la solemne Procesión, nacida de la piedad de la Iglesia. Prolonga la celebración de la Eucaristía: inmediatamente después de la Misa, la hostia que ha sido consagrada se conduce fuera de la Iglesia en la Custodia, para que el pueblo fiel cristiano “dé un testimonio público de fe y de veneración al Santísimo Sacramento”.

Día de la Caridad y colecta extraordinaria

En esta festividad del Corpus Christi, la Iglesia en España celebra el Día de la Caridad. Hay una relación esencial entre Eucaristía y caridad. La celebración de la Eucaristía tiene implicaciones sociales. En la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo.

En los últimos tiempos hay personas que no valoran la caridad, con el pretexto de que hay que implantar la justicia. Afirman que el proyecto de la instauración de la justicia hace superflua la obra de la caridad. El Papa Benedicto XVI responde a esta acusación en su encíclica Deus caritas est “El amor – caritas- siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo” (DCE 28).

La grave crisis económica, social y moral que padecemos, que afecta especialmente a los más pobres y vulnerables, prueba la necesidad del proyecto de la caridad, que es la plenitud de la justicia. Los pobres existen. Viven junto a nosotros. Y forman parte de nuestra familia. Y, por escandaloso que parezca, hay que afirmar que no encuentran respuesta en las Instituciones que dicen procurar la justicia. Es la caridad –Cáritas- la que está atendiendo a los inmigrantes y a los hambrientos, a los desempleados y a los trabajadores que llevan meses sin cobrar. Es verdad que la caridad no exime de su responsabilidad a los que tienen la obligación de promover la justicia, recortar gastos inútiles y crear fuentes de riqueza. Pero la caridad nos recuerda que los pobres de este mundo no pueden aguardar hasta que se cambien las estructuras sociales. De ahí la necesidad de colaborar con generosidad en la Colecta de este Día para Cáritas Diocesana. Invitamos a ayudar más a Cáritas para que ella pueda ayudar a más personas necesitadas.

Estamos en un momento oportuno para transformar la sociedad y para promover otro modelo de sociedad y de economía, favoreciendo la comunión y la participación de todos.

Hoy, Padre, nuestra oración es de profunda gratitud por el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que Él nos dejó como memorial de su amor sin medida. Haz, Señor, que la Eucaristía dominical y diaria renueve a fondo la vida y el ritmo de nuestras comunidades, y que se prolongue en el sacrificio espiritual de nosotros mismos como hostia viva, víctima santa y agradable a tu majestad. Que tu Espíritu, Señor, renueve nuestras asambleas eucarísticas; y que sepamos transvasarlas a la vida, a la práctica del amor, y al testimonio de la esperanza entre nuestros hermanos.

Con mi afecto y bendición,

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