Los sacramentos de la Iglesia

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

2017_jimenez_zamora_vicente

Domingo 10 de septiembre de 2017

Queridos diocesanos:

La historia de la salvación es sencilla y grande: el Hijo eterno entra en la vicisitud humana y a través de su humanidad, íntegra y verdadera, revela el rostro del Padre y concede a quien lo recibe la vida nueva en el Espíritu Santo. Cristo es el sacramento de Dios, el signo vivo con el que el Eterno se comunica a los hombres. Y para poder llegar a cada uno de los seres en todos los tiempos y lugares, el Señor Jesús se hace presente en la Iglesia, sacramento de Cristo, lugar predilecto del encuentro con él en el Espíritu Santo. La Iglesia celebra y vive el encuentro entre el Resucitado y los hombres con algunos acontecimientos, en los que el don divino llega al corazón de la persona y a la historia por medio de las palabras y gestos realizados en obediencia a la voluntad del Señor: los sacramentos.

Si Cristo es el sacramento de Dios y la Iglesia es el sacramento de Cristo, los sacramentos son las realidades más intensas del encuentro con Dios en la Iglesia, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu. Se comprende así la importancia de los sacramentos, tanto para quien busca a Dios como para quien, habiéndolo encontrado, desea conocerle y amarle más. Los sacramentos dan ritmo a la existencia de fe en sus diferentes etapas, pues a través de ellos Cristo Salvador se acerca de manera eficaz, en la comunión de su Iglesia, a la alegría y al dolor, a los acontecimientos y  las expectativas, a las aperturas y a las resistencias más profundas de nuestro corazón y de nuestra vida en todas sus fases y exigencias.

En una serie de cartas pastorales iré explicando de forma breve y esencial algunos aspectos de los sacramentos.

Los sacramentos son punto de encuentro con Dios

Cuando la Biblia se tradujo al latín, la palabra sacramento pareció adecuada para expresar el término griego “misterio”, que en el Nuevo Testamento, especialmente en San Pablo, designa el plan divino de salvación que se realiza en el tiempo. El “misterio” es algo parecido a un pacto con el Dios que se entrega al hombre en el amor, por el que entra en su historia y le llama a edificar con él su proyecto de salvación. En el “misterio” la gloria divina está escondida al mismo tiempo que revelada en los signos de la historia, igual que acontece en Jesucristo, en quien Dios nos ha permitido conocer el designio de su voluntad (cfr. Ef 1, 9), mantenido en secreto desde tiempo eterno (cfr. Rom 16, 25), y nos ha dado el Espíritu Santo para realizarlo.

El sacramento es el acontecimiento, hecho de gestos y palabras, del encuentro con Dios, que no duda en “mancharse las manos” con nuestra cotidianidad y nuestros límites porque nos ama y desea encontrarse con nosotros. ¡El Señor del cielo y de la tierra acepta nuestra dimensión para conducirnos a su amor!

Signos eficaces de la gracia

Para expresar este total compromiso divino en las palabras y los gestos humanos, que constituyen el sacramento, se habla de éste como de un “signo eficaz de la gracia”. Esta expresión viene a ser una fórmula con la que se quieren recordar tanto los aspectos visibles, audibles y perceptibles de la acción sacramental (el signo”), como la vida divina que se ofrece a los hombres, mediante ellos por el Amor Eterno (la “gracia”). La fórmula manifiesta también la relación real y transformadora que se establece entre Dios y el hombre por medio de la celebración del sacramento (la “eficacia”).

El Dios que quiere hablar a los hombres como a amigos, usa lenguaje, asume los gestos y las palabras por medio de las cuales se puede llegar a nuestro corazón y manifiesta de ese modo el poder maravilloso de su amor, que sabe hacerse todo para todos con tal de salvar a alguno. En este sentido, los sacramentos constituyen la demostración constante de la ternura y de la comprensión de nuestro Dios, celebran su misericordia y su perdón, la condescendencia con nuestra mezquindad y el deseo de hacernos partícipes de la vida divina.

Por eso los sacramentos representan en nuestra vida el punto de encuentro históricamente más intenso con Dios, el lugar concreto en el que la eternidad entra en el tiempo y nuestros días en la eternidad. Son una cita de amor, un ofrecimiento dirigido a nuestra libertad por quien, siendo y permaneciendo el Altísimo y Omnipotente Señor, vive por nosotros la humildad del “mendigo de amor” que llama, se ofrece así mismo y espera nuestro sí para establecer, aquí y ahora, una alianza con nosotros.

Con mi afecto y bendición,

jimenezzamora_firma

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s