Obras son amores

Carta de
Mons. D. José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

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La Contemplación para alcanzar amor del libro de los Ejercicios Espirituales, de san Ignacio de Loyola, comienza con una nota muy esclarecedora: “El amor se debe poner más en las obras que en las palabras”. El papa Francisco, buen conocedor de las enseñanzas ignacianas, instituyó una Jornada Mundial de los Pobres en el mes de noviembre y en el mensaje para su primera celebración propuso un lema muy próximo a la nota de san Ignacio: No amemos de palabra sino con obras, inspirándose en la exhortación del evangelista san Juan en su primera carta. El sucesor de Pedro instituye esta jornada en continuidad con el jubileo de la misericordia “para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados”, e invitó a toda la Iglesia a “mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad”. En definitiva, el objetivo que el Papa persigue es “estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro”. Las enseñanzas de Francisco en el último mes bien se pueden repasar atendiendo a este objetivo.

Con el mes de noviembre se inició un nuevo ciclo de catequesis en las Audiencias de los miércoles centrado en la eucaristía. Desea Francisco “dar respuesta a algunas preguntas importantes sobre la eucaristía y la misa, para redescubrir o descubrir cómo, a través de este misterio de la fe, resplandece el amor de Dios”. “Participar en la misa es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor”, de ahí el respeto con el que se debe participar en ella (“¡nada de móviles!”). La misa es la forma más sublime de oración, es “encuentro con el Señor”, es el memorial del Misterio Pascual de Cristo, remedio para librarnos del dominio de la muerte física y de la muerte espiritual que es el pecado. Con la eucaristía vencemos el miedo a morir. En el mismo mes en que, a propósito de la primera Jornada Mundial de los Pobres, Francisco nos recordó que “todos somos mendigos de lo esencial: el amor de Dios”, las catequesis sobre la eucaristía nos trajeron a la memoria la certera predicación de san Juan de Ávila: “Este sacramento se llama sacramento de amor, porque por amor es dado, amor representa y amor pone en las entrañas”.

Los discursos de las diferentes audiencias concedidas en este mes mantuvieron la misma orientación.

La pregunta sobre el ser humano centró la reflexión en el encuentro con los miembros de la plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura. También en la entrega de los premios Ratzinger, el Papa pidió cultivar la diaconía de la verdad. Y a las familias franciscanas de la Primera Orden y de la Tercera Orden Regular, les pidió que, imitando a san Francisco de Asís, vivan en todo como hermanos menores. Palabras para traducir el amor en obras, como hermosamente formulara Lope de Vega en la comedia que adoptó como título el refrán español Obras son amores: “El amor solo desea / amor, la correspondencia / quáles han de ser las obras / soberanamente enseña”.

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