Adviento (y II)

Carta de
Mons. D. Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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Domingo 10 de diciembre de 2017

Queridos fieles:

“Podríamos decir que el Adviento es el tiempo en el que los cristianos deben despertar en su corazón la esperanza de renovar el mundo, con la ayuda de Dios. A este propósito, quisiera recordar lo que nos dice la constitución Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual: es un texto profundamente impregnado de esperanza cristiana. Me refiero, en particular, al número 39, titulado “Tierra nueva y cielo nuevo”. En él se lee: “La revelación nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia (cf. 2 Cor 5, 2; 2 P 3, 13). (…) No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra”. En efecto, recogeremos los frutos de nuestro trabajo cuando Cristo entregue al Padre su reino eterno y universal. María Santísima, Virgen del Adviento, nos obtenga vivir este tiempo de gracia siendo vigilantes y laboriosos, en espera del Señor”. (Benedicto XVI, Ángelus, 27-XI-05).

Este momento es, entonces, para nosotros, de preparación, de esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor, de silencio interior, reflexión profunda y conversión. Es también un buen momento para hacer una introspección en nuestra vida cristiana: mirar al pasado, a un año litúrgico que acabamos de cerrar y las experiencias que en él hemos vivido; preparar el futuro, con un nuevo año litúrgico que comenzamos con esperanza y fuerzas renovadas; y vivir un presente, en el que tenemos en nuestras manos la posibilidad de recibir a Jesús con un corazón humilde y dispuesto.

El Tiempo de Adviento viene cada año a recordarnos que la venida de Jesús está siempre cerca para que nuestra vida reencuentre su justa orientación hacia el rostro de Dios. Vivamos con intensidad este período, no dejemos que lo opaquen otras cosas pasajeras y vanas; acerquémonos al evangelio, a la Eucaristía y a todos aquellos elementos y símbolos que nos ayudarán a vivirlo de una mejor manera, porque, “el Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir —por decirlo así— un “diario interior” de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia, ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como “visita”, como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación?” (Benedicto XVI. Homilía en la I Vísperas de Adviento. 28-XI)

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 Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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