¡Bienvenido, Señor!

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 10 de diciembre de 2017

Queridos diocesanos:

En una de sus homilías sobre el Adviento, San Bernardo explica que existen tres venidas del Señor. La primera fue su venida en carne y debilidad (Belén); la última será su venida en espíritu y poder (final de los tiempos). Pero entre una y otra hay una venida intermedia (adventus medius) que el Señor realiza “espiritualmente, manifestando la fuerza de su gracia”. Se trata de la presencia del Señor en nuestra vida, que anticipa y prepara su venida al final de los tiempos. “Esta venida intermedia -explica San Bernardo- es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo” (Discurso 5 sobre el Adviento, 1).

En el Evangelio de san Juan se habla con frecuencia de esta venida. En Jn 14, 23 dice Jesús: “El que me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”. Escuchar la Palabra y alimentarse de ella es una manera de recibir la visita de Jesucristo. Pero hay otras múltiples maneras en las que Él viene. Viene en los sacramentos, y muy especialmente en la Eucaristía; viene a mi vida mediante palabras y acontecimientos. El Señor viene todos los días para ir preparando el tiempo definitivo. Uno de los prefacios que usa la liturgia en este tiempo dice con exactitud: “El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria, viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino”.

Es importante, sin embargo, estar atentos y vigilantes, porque su venida podría pasar desapercibida. Puede presentarse con el rostro del inmigrante o del enfermo. Suele acercarse a nosotros cuando escuchamos o leemos la Escritura. En ocasiones llega por sorpresa y nos habla a través de nuestra vida. La mayor parte de las veces se presenta cuando no lo imaginamos, rompiendo nuestros esquemas y nuestras seguridades. Es preciso, por ello, llevar con nosotros la lámpara de la fe, para poder reconocer a Cristo, y tener el corazón a punto para que el amor nos encienda en el deseo de buscar su rostro.

Nuestra actitud ha de ser de acogida del huésped, que está a la puerta llamando (cf. Ap 3, 20). Acoger a Cristo que viene espiritualmente a nuestra vida es la mejor manera de recordar su venida en Navidad y de preparar su última venida.

Jesucristo es alguien que está vivo y que viene continuamente a nuestras vidas. “El Señor viene”. ¡Sé bienvenido, Señor!

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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