Entendámonos primer nosotros

Carta de
Mons. D. Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca

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A menudo somos muy exigentes cuando lo que afecta a todos es todavía lejos, pero todo cambia en la medida en que se acerca y nos implica. A nivel teórico lo tenemos claro, siempre defenderemos no sólo la necesidad del diálogo, sino también su urgencia. Hoy, más que nunca, la división entre los cristianos de diferentes confesiones nos afecta y nos implica, somos conscientes del escándalo que provoca cuando la fe en Jesucristo debería ser punto de unidad y fuerza de comunión, y no lo es. Como vivir y transmitir la fe para que la división no pase de una generación a la otra?

La oración de Jesús es «que todos sean uno» (Jn 17,21). Sin embargo, hay que empezamos por nosotros, los católicos. La fragmentación dentro comunidades, el espíritu de «secta» que infecta determinados grupos que dicen actuar en nombre del Evangelio, las exclusiones premeditadas de personas en el seno de un trabajo de cooperación, los descartes habituales «cuando el otro no piensa como yo» o es un obstáculo «para que yo pueda avanzar», La insensibilidad ante el fracaso o el error de alguien que necesita una mano de ayuda o un gesto de comprensión… La espiritualidad de comunión pide que sepamos descubrir todo lo positivo que hay en el otro, que esta es la manera con la que Dios nos mira.

De hecho, ¿qué conseguimos desplazando mutuamente, alejándose de nuestra mirada las personas que -según la propia visión egoísta- nos molestan? No hablamos de diálogo ecuménico si estas actitudes antievangélicas persisten entre nosotros, los católicos. El papa Francisco dice que «hay que confiar el corazón a compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas, y mirar ante todo lo que buscamos: la paz en el rostro del único Dios. Confiar en el otro es algo artesanal, la paz es artesanal» (EG 244).

Las relaciones entre las personas deben ser sobre todo humanas. Son tantas las cosas que nos unen y lo bien que nos podemos hacer los unos a los otros que no tenemos ningún derecho a hacer la vida imposible a nadie, menos aún si una misma fe en Jesucristo queremos que nos identifique y nos una. El esfuerzo por la unidad es el signo que el mundo crea.

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 Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca

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