Ser cristiano laico

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 21 de enero de 2018

Queridos diocesanos:

La vocación y misión de los fieles laicos tiene su fundamento en dos sacramentos, el bautismo y la confirmación. Y, para muchos de ellos, también el sacramento del matrimonio. El Concilio explicó que los laicos “incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde” (LG 31). Por el bautismo, ellaico está capacitado para proclamar el Evangelio con su palabra y testimonio de su vida (función profética), para ofrecer su vida a Dios como ofrenda grata (función sacerdotal) y para servir en la caridad al prójimo y al mundo (función real).

Es importante profundizar en la vocación laical y reconocerla con agradecimiento al Señor. Poco a poco, en la Iglesia se va superando la concepción del laico como alguien que es meramente pasivo y que está sometido a los clérigos, aunque aún queda mucho por hacer. Los laicos no sólo pertenecen a la Iglesia, sino que son Iglesia. El Vaticano II fue el primer Concilio que trató con amplitud la realidad teológica y pastoral del laicado, subrayando que la Iglesia no está verdaderamente formada, ni vive plenamente, mientras no exista un laicado maduro, adulto y corresponsable (cf. AG 21). La razón de ello es clara: el Evangelio no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el pueblo sin la presencia activa de los laicos.

Un elemento distintivo, que es propio y peculiar de los laicos es la “secularidad”, es decir, el hecho de que su vocación y misión se desarrolla en el mundo. El carácter secular es propio de toda la Iglesia, porque el mundo es el lugar de su misión, pero corresponde a los laicos, por propia vocación, “buscar el reino de Dios tratando y ordenando las realidades temporales según Dios” (LG 31), según el Espíritu de Cristo y de su Evangelio, siendo sal y luz salvadoras de la tierra y de la comunidad humana.

Los cristianos laicos son Iglesia en el mundo. El mundo es para los fieles laicos el ámbito y el medio en el que desarrollan su vocación bautismal y alcanzan la santidad. Todo cristiano está llamado a vivir su bautismo y ser santo. El fiel laico responde a esta llamada insertándose en las realidades temporales y participando en las actividades terrenas. La familia, el trabajo, la vida profesional y social ordinaria son el ámbito de santificación. Juan Pablo II, haciéndose eco del Sínodo de Obispos, decía: “Los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres, llevándoles a la comunión con Dios en Cristo” (Christifideles Laici, 17).

Hemos de superar de una vez por todas la identificación de la Iglesia con el clero y revalorizar la dignidad del laicado y su función. Los laicos no son sólo obreros de la viña, sino que son parte de la viña misma. Son miembros vivos de nuestra iglesia.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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