“Atrévete a ser misionero”

Carta de
Mons. D. Jesús Murgui Soriano
Obispo de Orihuela-Alicante

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Jornada de la Infancia Misionera

Cuando no quedan lejos las celebraciones de la Navidad, en las que nuestras miradas han ido hacia la imagen de Jesús Niño nacido de María para nuestra salvación; la Iglesia, por medio de las Obras Misionales Pontificias, pone ante nosotros la Jornada de la Infancia Misionera. Una Jornada que tiene la singularidad en su presente edición de cumplir 175 años, desde aquel lejano 1843 en el que el Obispo Augusto Forbín Janson reunió a los niños de su Diócesis para ayudar a los niños necesitados de China, promoviendo el inicio de una red evangelizadora y de solidaridad universal cuyos principales protagonistas son los niños.

El cartel de este año trata de ser elocuente en su mensaje gráfico, contraponiendo dos situaciones de niños, que van: desde el niño y la niña con gesto más bien de mal humor, cargados con una pesada mochila llena de cosas, caminando deprisa y sin comunicación con otros, rodeados de personas mayores con aparente prisa, como envueltos en lo suyo, y carentes de comunicación con otras personas; hasta los niños que tocados de una evidente sonrisa, dan muestras de un estado de manifiesta alegría, de como “ascensión” hacia una situación de “liberación” de infinidad de aparatos de los que manifiestamente se desprenden y lanzan fuera de sus personas, a la par de expresarse con los brazos libres para acogerse entre ellos, hacer grupos con gentes diversas, llamar a otros, y hacer gestos de triunfo y euforia evidentes.

En ambas situaciones descritas en el cartel, podemos ver como un eco de las siguientes palabras de Papa Francisco: “Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura… y es ahí donde está la muerte” (Homilía, 30-3-2013). “Muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos,… también se pretenden relaciones interpersonales solo medidas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se pueden encender y apagar a voluntad” (Evangelii gaudium, 88).

Por el contrario, frente a esa situación, nos recuerda el Santo Padre: “Mientras tanto, el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura” (Evangelii gaudium, 88). “Pidamos a través de la intercesión de nuestra Madre que nos acompañe en nuestro camino de discípulos, para que, poniendo nuestra vida en Cristo, seamos siempre misioneros que llevemos la luz y la alegría del Evangelio a todas las gentes” (Homilía, 9-9-2017).

El lema del pasado Domund, “Sé valiente, la misión te espera”, ya disponía hacia ese camino de salir de nosotros mismos y de nuestro pequeño mundo, convertirnos, liberarnos, ir hacia los demás, y dar el paso hacia “la salida”, hacia el compromiso misionero, y esto tanto para pequeños como para los mayores. Evidentemente la enseñanza del Papa Francisco nos urge a “atrevernos”,  a caminar por esta senda de libertad, audacia y valor; pero su origen profundo está en la llamada del mismo Jesús, la vocación a partir de nuestro bautismo, que desde el Evangelio, y desde el fondo de nuestra conciencia, nos interpela y nos envía a anunciar y a compartir por el mundo lo que hemos recibido de Él.

Que todo esto nos conciencie y anime a los adultos a cuidar una tarea educativa de cara a los más jóvenes de nuestras familias, colegios y comunidades parroquiales, que les ayude a liberarse de tantas “necesidades” y “dependencias” en las que están creciendo, y que están, quizás, condicionando su ser personas abiertas, comunicativas, solidarias, libres, creyentes y alegres. Cooperemos así, también, a favor de una infancia cristiana, con horizonte, misionera. Cooperemos a favor de la existencia de niños cristianos, que crecen en la fe y en solidaridad, en nuestras familias, colegios y parroquias.

María interceda ante su Hijo, para que cooperemos en edificar una “Iglesia en salida”, ya en nuestras catequesis y en nuestra tarea educativa, con la infancia ya presente y que es nuestro futuro.

Con mi afecto y bendición

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✠ Jesús Murgui Soriano
Obispo de Orihuela-Alicante

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