San Valero, Patrono de Zaragoza y de la Archidiócesis

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 28 de enero de 2018

Queridos diocesanos:

Celebramos el día 29 la solemnidad de San Valero, Patrono de Zaragoza y de la Archidiócesis. Celebrar a los santos es glorificar a Dios, fuente de toda santidad. En este año en el que celebramos el VIIº centenario de la elevación de nuestra Diócesis de Zaragoza al rango de Archidiócesis y Sede Metropolitana, mediante la Bula de Juan XXII Romanus Pontifex, promulgada el 18 de julio de 1318.

El 29 de enero es la “conmemoración de san Valerio o Valero, obispo de Zaragoza, en la Hispania Tarraconense (hoy España), que tomó parte en el primer Concilio de Illíberis. Conducido a Valencia junto con San Vicente, fue enviado al destierro (505/315)”. Así reza el elogio de San Valero que aparece en la última edición del Martirologio Romano.

Insigne Obispo de Zaragoza, probablemente relacionado con la familia consular de los Valerios, de la que habla el poeta Prudencio. En Valencia sufrió prisión y un proceso que el condenó al destierro, donde murió. Aunque no fue propiamente mártir, sí confesó la fe, sufrió persecución y mantuvo fidelidad a su misión episcopal.

Su cuerpo se venera en la iglesia de San Vicente de Roda de Isábena, de donde, ya en el siglo XII, fueron trasladadas a la Seo de Zaragoza las reliquias de su cabeza y uno de sus brazos.

El mensaje de San Valero

El mensaje que hoy nos ofrece San Valero a sus hijos y fieles es el valor de la fe. ¿Qué valor real y práctico damos a la fe y a la presencia de Dios en nuestra vida? ¿Cuánto tiempo dedicamos a conocer a Dios? ¿Tenemos en cuenta su Palabra para programar nuestra vida?

En la vida real de la mayoría de nuestras gentes la importancia efectiva de Dios es escasa. Muchos no dedican ratos a Dios, a oír y obedecer su Palabra. Viven de espaldas a Dios. El tiempo y la vida se nos van en otras cosas.

Ocurre algo más preocupante todavía. En nuestra sociedad y en nuestros pueblos están vigentes muchas ideas que tienden a configurar una cultura y una forma de vivir en las cuales no se tiene en cuenta ni la existencia ni mucho menos la importancia de Dios. Este abandono y olvido de Dios viene favorecido en parte por la cultura emergente, que prima absolutamente la economía y el bienestar material, olvidando la referencia a la trascendencia.

Todo esto se hace de forma tranquila, nada agresiva. Por la vía del silencio y de la marginación de la fe, por la llamada “apostasía silenciosa”. Incluso entre los creyentes, hay muchas formas de fe débil, enferma, poco operante, incapaz de informar y dirigir la vida y las actuaciones personales, y por todo ello sin fuerza para el testimonio y la misión. Muchos cristianos tienen la fe como un recurso de última hora, por si acaso.

La verdad es que necesitamos creer en Dios para vivir de acuerdo con nuestro ser, para vivir en la verdad y alcanzar la salvación. La salvación de nuestra vida nos viene de la gracia de Dios acogida con fe, en humildad, obediencia y gratitud.

Hoy es necesario que, con la ayuda de Dios, crezcan en nuestra Iglesia el coraje y las energías en favor de la evangelización, que lleve a redescubrir la alegría del Evangelio, como nos recuerda el Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Es urgente encontrar nuevamente el entusiasmo en la comunicación de la fe. “La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!” (Benedicto XVI, Deus cáritas est, n. 1).

En la fiesta de San Valero confiamos a sus cuidados pastorales la fe de nuestras gentes y la vida de nuestra Iglesia Diocesana. La pedimos su valiosa protección en favor de nuestras autoridades, que rigen los destinos de Zaragoza y de Aragón, para que promuevan el bien común de nuestros ciudadanos.

San Valero, nuestro padre en la fe, ayúdanos a vivir el misterio de la comunión eclesial para la misión evangelizadora. Intercede ante el Señor, para que con la luz y la fuerza del Espíritu Santo se abran en nuestra Iglesia Diocesana de Zaragoza nuevos caminos para el anuncio gozoso del Evangelio. Haz que seamos una Iglesia al servicio de nuestro pueblo. Una Iglesia, que escucha, acoge, celebra y sirve.

Que nos acompañe en este camino San Valero, nuestro padre en la fe, para que vivamos este año jubilar del VIIº centenario de nuestra Archidiócesis como un tiempo de gracia y bendición. Sea una oportunidad para hacer memoria agradecida de nuestro pasado, un momento para vivir con pasión el presente en esta etapa evangelizadora, a la que nos convoca el Papa Francisco en sus exhortación apostólica Evangelii Gaudium y un aliento para abrirnos a la acción del Espíritu Santo abrazando con esperanza el futuro.

Con mi afecto y bendición,

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