¿Es joven la Iglesia?

Carta de
Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez Plaza

Domingo 28 de enero de 2018

Muchos lo ponen en duda. Yo no. “¡Pero si apenas hay jóvenes en la Iglesia, en las Misas dominicales!”. Sin duda, pero que la Iglesia sea joven no depende de la edad de los discípulos de Cristo. Depende de Cristo y de la fuente de renovación de los que, viejos o jóvenes de edad, nos nutrimos para tener la vitalidad de la gracia de Dios. Hay, decía el Papa Francisco, buenas ideas en los corazones y en las mentes de los jóvenes. ¿Quiénes, si no, van a ser inquietos, buscadores, idealistas? Pero tal vez encontraréis adultos que comentan: “Bueno, piensan así porque son jóvenes; ya madurarán y se darán cuenta que nada se puede cambiar”.

Alguno hay quien dice que “cuando pienso en la Iglesia, no sé si pienso en la Santa Madre Iglesia o de la Abuela Iglesia”. Pues eso se arregla, por supuesto, con muchos que no sean “abuelitas y abuelitos”, que se quejan del hoy; pero también se arregla dándole a la Iglesia un rostro joven, y eso tienen que dárselo precisamente vosotros, los jóvenes, seáis pocos o muchos. Pero, un rostro joven es real, lleno de vida, no precisamente joven por maquilarse con cremas rejuvenecedoras. No, eso no sirve; necesitamos jóvenes que desde su corazón se dejen interpelar por Cristo y, así, interpelar al resto de la Iglesia. Yo os digo que hay jóvenes de 17, 18, 20, 25 años ¡viejísimos!, con unas ideas o falta de realismo terrible.

El Papa Francisco ha dicho a jóvenes chilenos hace unos días: “La Iglesia necesita que ustedes saquen el carnet de mayores de edad espiritualmente mayores y tengan el coraje de decirnos: “Esto me gusta, este camino me parece que es el que hay que hacer, esto no va, esto no es un puente, es una muralla, etc. Que nos digan lo que sienten, lo que piensan y eso lo elaboren entre ustedes en los grupos de ese encuentro y después eso irá al Sínodo”. Se refiere el Santo Padre a un Encuentro de jóvenes de todo el mundo de católicos y otros cristianos, e incluso de jóvenes que no saben si creen o no, en la semana previa al Domingo de Ramos de este año de cara al Sínodo de Obispos de octubre 2018, al que puedan de este modo hacer propuestas.

Pero, antes es importante, en mi opinión, huir de tópicos: rejuvenecer la Iglesia no significa que todos nos ponemos “muy juveniles”, muy idealistas, sentimentales y ¡ya está! No. Ser joven cristiano es otra cosa. Cuenta el Papa Francisco una anécdota de no hace muchos años, tal vez de cuando era Arzobispo de Buenos Aires. Le preguntó a un joven que era lo que le ponía de mal humor: “Cuando al móvil se le acaba la batería, contestó, o cuando pierdo la señal de internet”. Le preguntó de nuevo: “¿Por qué?”; a lo que respondió: “Padre, es simple, me pierdo todo lo que está pasando, me quedo fuera del mundo, como colgado. En esos momentos, salgo corriendo a buscar un cargador o una red de wifi y la contraseña para volverme a conectar”.

El Papa saca de esta anécdota un pensamiento interesante: con la fe nos puede pasar lo mismo. Después de un retiro espiritual, una predicación, unos ejercicios espirituales, de un encuentro de jóvenes, de una visita del Papa, todos nos entusiasmamos y la fe crece: nos embalamos; pero después de un tiempo inicial, casi sin darnos cuenta comienza a bajar “nuestro ancho de banda”, despacito, y aquel entusiasmo, aquel querer estar conectados con Jesús empieza a perder fuerza, y empezamos a quedarnos sin conexión, sin batería, y entonces nos volvemos descreídos y nos gana el mal humor, tristes, sin fuerza, y todo lo empezamos a ver mal. Al quedarnos sin esta “conexión”, el corazón empieza a perder fuerza.

Sin conexión, sin la conexión con Jesús, se van ahogando nuestras ideas, nuestros sueños, ahogando nuestra fe. Y quedamos desconectados de la realidad de lo que está pasando en el “mundo”; quedamos en nuestro mundito, donde estoy tranquilo/a, en mi sofá, ahí – ¿recuerdas?-. Y al perder la “señal”, muchos sienten que no tienen nada que aportar y quedan como perdidos, porque no les hace falta a nadie. Y no es verdad: tienes mucho que aportar al mundo que te necesita, a la patria, a la sociedad. Lo tienes dentro de ti y no lo conoces. Pero tienes que conectarte, buscando la señal. ¿Cuál es ésta?

La contraseña para reconectarte es sencilla. Anótala: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?” Qué haría Cristo en mi lugar, en mi escuela, la universidad, en la casa, en la calle, entre amigos, en el trabajo; frente a los que hacen “bullying”. Cuando sales a hacer deporte, o a bailar, o al estadio. Esa es la contraseña, eso es utilizar la batería para encender nuestro corazón y encender la fe, y encender la chispa en los ojos. Eso es ser protagonista de la historia. Eso rejuvenecer a la iglesia contagiando a tantos “viejos” jóvenes; jóvenes solo de edad.

rodriguez_plaza_firma✠ Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo, Primado de España

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