Agradecimiento a D. Joaquín María

Saludo de
Mons. D. José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

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S.I. Catedral Santa María Magdalena, Getafe
Sábado 10 de febrero de 2018

Misa de Acción de Gracias por el ministerio episcopal de
Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo

Muy querido don Joaquín, padre y hermano en el episcopado:

Antes de concluir esta celebración, permíteme poner voz a los sentimientos de inmensa gratitud que los fieles de la diócesis de Getafe deseamos expresar en este día. Soy consciente de que estas palabras serán del todo insuficientes, pues es mucho lo que en su persona queremos agradecer a Dios. Vayan, pues, por delante mis disculpas.

El 19 de diciembre del año 2004, nombrado por el Papa santo, Juan Pablo II, don Joaquín comenzaba su ministerio como obispo diocesano. Tomando pie de las palabras del apóstol san Pablo al comienzo de la carta a los Romanos (cf. Rom 1, 1), que habían sido proclamadas pocos minutos antes, el nuevo obispo de Getafe se presentaba ante sus fieles con palabras llenas de audacia evangélica: «En el momento en que por voluntad del Santo Padre, Juan Pablo II, asumo, de forma plena, la responsabilidad de ser Obispo y Pastor de esta Diócesis de Getafe, le doy gracias a Dios por la gran misericordia que siempre ha tenido conmigo y le pido que, siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo, mi presencia entre vosotros sea siempre la de un siervo de Cristo, llamado a ser apóstol para anunciar el Evangelio de Dios» (Homilía en la Toma de posesión, 19.12.2004). Explicaba don Joaquín a continuación el significado de esos títulos “siervo de Cristo” y “llamado a ser apóstol para anunciar el evangelio”, para recordar después la configuración trinitaria del obispo, en su ser y actuar, trazando su programa de acción pastoral: «por el carácter trinitario de su ser, cada Obispo se compromete en su ministerio, y así quiero hacerlo, con la ayuda de Dios, en esta diócesis, a velar con amor por aquellos que la Iglesia le confía y guiarlos en el nombre del Padre, cuya imagen hace presente; en el nombre de Jesucristo, su Hijo, por el cual ha sido constituido maestro, sacerdote y pastor; y en el nombre del Espíritu Santo que vivifica la Iglesia y con su fuerza sustenta la debilidad humana» (Ibidem).

Recuperando esta dimensión trinitaria, elevamos la acción de gracias a la Santísima Trinidad por la persona y el ministerio episcopal de don Joaquín. Damos gracias a Dios Padre, fuente y origen de todo bien, por haber bendecido esta porción del Pueblo de Dios con la vida y el ministerio de un pastor según su Corazón: primero como presbítero, desempeñando la tarea de Vicario General junto al muy querido don Francisco José, primer obispo de la recién nacida diócesis getafense; después, como obispo auxiliar durante tres años; y, finalmente, durante los últimos trece años como nuestro obispo diocesano. Damos gracias al Buen Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, Hijo Unigénito del Padre, único Mediador entre Dios y los hombres, Sumo y Eterno Sacerdote, por haber llamado a su servicio en la Iglesia a don Joaquín, derramando por su ministerio la abundancia de su gracia y el don inmerecido de su Presencia, regalada en la Palabra sembrada, en los Sacramentos celebrados, en la Caridad hecha servicio, en la Iglesia congregada. Damos gracias al Espíritu Santo, Paráclito, Señor y Dador de Vida, Dulce Huésped del alma, por haber sostenido el ministerio de don Joaquín, con sus siete dones, sugiriendo el gesto y la palabra en el momento oportuno, siendo tregua en el duro trabajo, gozo que enjuga las lágrimas y fuente del mayor consuelo. Gracias ahora y siempre a la Trinidad Santa, que en su Providencia ha conducido durante los últimos años la joven iglesia diocesana de Getafe poniendo como guía, padre y pastor a su siervo y apóstol Joaquín María. En esta mañana damos gracias a Dios porque en don Joaquín nos ha regalado un padre, cuyo amor paternal hemos experimentado de tantas maneras; nos ha regalado un pastor, en cuya sencillez y cercanía hemos experimentado la compañía de Cristo Buen Pastor; nos ha regalado un guía, que en docilidad a la acción del Espíritu Santo, nos ha conducido construyendo lazos de comunión en el seno de la Iglesia y sembrando la semilla del evangelio en nuestro mundo.

Permíteme, don Joaquín, llenar de contenido nuestra acción de gracias recuperando tres anécdotas sencillas que definen bien su entrega a la diócesis de Getafe. Cualquiera de los presentes podría relatar muchas más y aún más expresivas, pues si de algo podemos presumir en nuestra diócesis con sano orgullo es de haber tenido siempre cerca a nuestro pastor y de haber vivido con él muchos momentos e infinidad de anécdotas.

La primera anécdota se remonta al primer encuentro que tuvimos cuando fui nombrado obispo auxiliar, aún antes de que se hiciera público el nombramiento. Después de recibirme con palabras paternales, me dijiste algo que mantengo vivo en la memoria: “No he pedido al Papa un obispo auxiliar para trabajar menos, sino para que, juntos, lleguemos más lejos”. Cuando asumiste el gobierno pastoral de la diócesis, en Getafe se contaban cerca de un millón doscientos mil habitantes; pasados trece años, hay casi medio millón más. Consciente de la necesidad de llevar a todos la alegría del evangelio, has impulsado en este tiempo la creación de nuevas parroquias y la construcción de nuevos templos; has reforzado la atención a los más necesitados robusteciendo las Caritas diocesana y parroquiales; has favorecido la creación de comedores sociales, donde sobre todo se ofrece acogida a migrantes y refugiados; has cuidado la atención pastoral de los internos en los tres centros penitenciarios que hay en la diócesis; has defendido la presencia de los capellanes en los hospitales y residencias de mayores; has impulsado la renovación de la iniciación cristiana y del catecumenado de adultos; has acompañado las diversas formas de vida consagrada que existen en la diócesis, prestando especial atención a las contemplativas y al discernimiento de nuevos carismas; has acompañado a las congregaciones, cofradías y hermandades, garantes como son de la transmisión de la fe entre la gente sencilla; has acogido e impulsado nuevos proyectos en el campo de la formación, fortaleciendo y orientando el Centro Diocesano de Teología en sus diversas propuestas y los acuerdos con las universidades que tienen campus en la diócesis, cuidando en fin propuestas educativas de iniciativa laical y religiosa en el ámbito educativo; has abierto la diócesis a la misión universal de la Iglesia, acogiendo sacerdotes y personas consagradas para ayudarles en su formación y enviando sacerdotes, religiosos y seglares a diocésis más necesitadas y zonas de primera evangelización. Damos gracias a Dios porque en todo esto has sabido sumar esfuerzos para juntos llegar más lejos, con la eficacia evangélica del servidor sencillo y humilde, que, renunciando a protagonismos personales, sabe que la semilla y el campo, el querer y el obrar, son del Señor.

La segunda anécdota remite a las familias, a las que especialmente te has dirigido en tu acción de gracias, por haber estado en el centro de tu entrega como pastor. Hace un par de años me contaba don Jaime, el párroco de la Parroquia de los santos Justo y Pastor, de Parla, que un día explicaban a los niños cuál es el papel de los padrinos y que tendrían que elegir un padrino o madrina de confirmación, si no podía ser el mismo del bautismo. El padrino – les decían- tenía que ser una persona muy cercana, la que mejor pudiera ayudarles en su vida cristiana. Al escuchar esto, una de las niñas, de nombre Carolina, levantó en seguida la mano y dijo: “Yo ya sé quién puede ser: don Joaquín”. Con su rápida respuesta expresó lo que las familias de la diócesis han tenido el privilegio de vivir durante estos años: un obispo que ha cuidado las familias hasta el punto de que estas lo consideran uno de los suyos. Continuando el trabajo realizado por don Francisco en el Seminario y la promoción de las vocaciones, has ampliado la solicitud pastoral a los jóvenes, caminando con ellos en peregrinaciones, jornadas de la juventud y encuentros; los has acompañado procurando cursos de formación, experiencias misioneras, y predicando Ejercicios espirituales; has estado con ellos en la oración mensual y te has ganado su aprecio y confianza cuando ellos han comprobado que los conoces por su nombre. El cuidado de los jóvenes ha estado muy unido en tu entrega al cuidado de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y a la atención prioritaria a las familias, proveyendo los medios necesarios, a través de la Delegación de Familia y de la Fundación COF, para ofrecer remedio y consuelo a tantas familias heridas. Sabes bien que toda familia necesita el calor del hogar, y este se encuentra siempre junto al Corazón de Cristo. Damos gracias a Dios por haber impulsado la apertura de las cuatro capillas de Adoración Perpetua (Getafe, Valdemoro, Móstoles y, la más reciente, Alcorcón); damos gracias a Dios porque a través de tu dedicación y entrega has hecho de la diócesis una “familia de familias”, como tantas veces te hemos oído decir.

La última anécdota no es más que una constatación evidente. El pasado 2 de diciembre me dirigí a Valdelaguna para presidir la celebración de la Vigilia de Adviento que, con tanto fruto, organiza anualmente el arciprestazgo de Chichón. El párroco, don José Ramón, acompañado de dos monaguillos me esperaba en la plaza, a los pies de la iglesia parroquial. A medida que me acercaba a ellos, comprobé que uno de los monaguillos estiraba el cuello y se movía, intentando identificar quién iba en el coche. Al verme, se dirigió contrariado al párroco y le dijo: “este no es el obispo”. Desde dentro del vehículo oía cómo don José Ramón explicaba al monaguillo que yo era don José, el obispo auxiliar. Bajé del coche y amplié la explicación diciéndole que nuestro “obispo jefe” es don Joaquín y que yo soy su ayudante, el obispo auxiliar. El monaguillo zanjó entonces el asunto con una sentencia directa y dijo: “Vamos, que tú eres el suplantao”. Imagino que quiso decir “el suplente”. En cualquier caso, expresó una realidad que está y estará en la mente de los feligreses de la diócesis de Getafe por mucho tiempo: el obispo, obispo, es don Joaquín; los demás, seguiremos siendo, con mucho orgullo, “los suplantaos”.

Sabemos que nos has pedido con insistencia que no te hiciéramos entrega de ningún obsequio. Permite, al menos, que te entreguemos una selección de imágenes, memoria gráfica, de los años que has sido nuestro pastor. Ahí encontrarás los rostros de muchos de los que hoy te acompañamos. Otros ya no están. Todos seguimos contando con tu oración.

Gracias Señor por regalarnos un pastor según tu Corazón.
Gracias María Santísima por cuidar de don Joaquín.
A tu protección lo encomendamos, Reina de los Ángeles,
para que durante muchos años siga siendo nuestro obispo emérito.

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