Cuaresma: camino de la alegría

Carta de
Mons. D. José Leonardo Lemos Montanet
Obispo de Orense

JoseLeonardoLemosMontanet

Hace unos días uno de los populares tuits del papa Francisco me inspiró el título de esta reflexión: La vida cristiana es un camino, pero no un camino triste, sino alegre. No me cabe la menor duda que una de las metáforas más usadas para referirnos al ser y sentir de la vida cristiana es la del camino, y relacionada con ella, la del peregrino y la del caminante. Por otra parte, en nuestra Diócesis, a lo largo de los últimos meses hemos escuchado esta misma idea de una o de otra forma: ¡Caminar juntos! ¡Caminar unidos! ¡Estamos en Sínodo! Pues bien, ahora que iniciamos la Cuaresma, la Iglesia nos invita a caminar juntos hacia la Pascua, pero un objetivo preciso: ser una Iglesia samaritana y servidora de los pobres.

Desde esta perspectiva, hagámonos esta pregunta: ¿Cómo podemos caminar juntos hacia
la Pascua, siendo una Iglesia samaritana y servidora de los pobres? La respuesta adecuada nos viene por medio de la Iglesia que, en este camino cuaresmal, nos ofrece los remedios con los que podemos realizar este proyecto cristiano: la oración, la limosna y el ayuno.

Si durante esta Cuaresma revalorizamos más la oración personal y comunitaria nos daremos cuenta que en nuestro corazón brotarán las actitudes de un buen samaritano. La oración es dejarnos ver por Dios – descubrirnos tal como Él nos ve – y así, con un corazón lleno de sus mismos sentimientos, fascinados y transformados por la verdad del mismo Dios que nos ilumina de una forma nueva, podremos contemplar la realidad que nos rodea y, sobre todo, a aquellos con los que convivimos con ojos nuevos, transfigurados: los ojos de un discípulo-misionero.

Otro de los remedios es la limosna: nos cura del egoísmo, nos libera de la avidez y de los malos deseos, tira por tierra los becerros de oro que tantas veces adoramos interiormente y, sobre todo, nos ayuda a descubrir que el otro es un hermano y, por eso, nunca lo que tengo es solo mío. Fijémonos en los rostros de los pobres que nos rodean. En este sentido, los Obispos españoles desean que abramos nuestros ojos y contemplemos esas pobrezas que hoy nos afectan y no pueden dejar insensible un corazón samaritano: la soledad de los ancianos, las familias en crisis, las mujeres y los niños maltratados, las dificultades de las gente del campo y del mar, la precariedad laboral…

Pero también es bueno que en este tiempo cuaresmal, además de las pobrezas que sobresalen por su fuerte impacto social, recordemos que existen otras menos visibles, pero que están afectando gravemente el corazón de muchas personas y dejan su huella dolorosa en la sociedad. Pensemos en la indiferencia religiosa –a veces, incluso, el desprecio a lo más santo-, el olvido de Dios, el rechazo de la fe y de las costumbres cristianas multiseculares de nuestros pueblos.

Por último, la Iglesia también nos recomienda la tradición del ayuno, devaluada en el ámbito religioso, pero que, paradójicamente, se vive como una amable exigencia dentro de todo ese ámbito tan complejo denominado el mundo del fitness. Sin embargo, desde la perspectiva creyente, el ayuno del que también nos habla el papa Francisco, es lo que nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre. Por otra parte, el ayuno mantiene el espíritu despierto para estar más atentos al querer de Dios, a las necesidades de los hermanos y nos ayuda a fortalecer la voluntad.

Quisiera finalizar esta carta con una invitación especial: hagamos todos, tanto los sacerdotes como el resto de los fieles, un esfuerzo por participar en la iniciativa de las 24 horas para el Señor (9 y 10 de marzo). El Papa, un año más, quiere que participemos en este encuentro de oración ante la Santa Eucaristía y aprovechar este espacio orante para recibir el Sacramento de la Reconciliación. El mismo papa Francisco no sólo ha hablado con frecuencia del Sacramento de la Reconciliación, sino que él mismo nos ha dado ejemplo acercándose a un confesionario para vivir el misterio de la misericordia de Dios ¡La imagen de un Papa, puesto de rodillas en un confesionario, ha sido más elocuente para la gente sencilla que cualquier documento pontificio! El mismo nos recuerda que el Sacramento de la reconciliación necesita volver a encontrar su puesto central en la vida cristiana; por eso se requieren sacerdotes que pongan su vida al servicio del “ministerio de la reconciliación” (2 Cor 5,18), para que a nadie que se haya arrepentido sinceramente se le impida acceder al amor del Padre.

Vivamos la Cuaresma como el gozoso camino hacia la luz Pascual en el que brota y renace la verdadera alegría del cristiano porque la entrega de Cristo en la cruz es la semilla fecunda de la vida que renace en la Resurrección.

Os Bendice con afecto.

lemos_montanet_firma✠ J. Leonardo Lemos Montanet
Obispo de Orense

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