El combate espiritual de la Cuaresma

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 18 de febrero de 2018

Queridos diocesanos:

La Cuaresma, que ha empezado con el rito de la imposición de la ceniza el miércoles día 14 de febrero, es el gran tiempo de preparación para la Pascua. Es como un “retiro espiritual” vivido por toda la Iglesia en un itinerario bautismal, penitencial y pascual.

Durante la Cuaresma, la Iglesia propone a los fieles un combate espiritual. Así lo expresa una de las estrofas de un himno litúrgico de este tiempo: “la Cuaresma es combate: las armas: oración, limosnas y vigilias por el reino de Dios”.

Mensaje del Papa Francisco
“Al crecer la maldad, se enfriará el amor de la mayoría” (Mt 24, 12)

El Papa Francisco ha publicado el Mensaje para la Cuaresma de este año 2018 titulado. “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”(Mt 24, 12). El Papa advierte de los falsos profetas que, asumiendo una variedad de formas, quieren apagar el amor en nosotros. Esto provoca consecuencias nefastas: violencia que se dirige contra aquellos que no corresponden con lo que nos esperamos, la creación atropellada y profanada, las comunidades envenenadas por el egoísmo, el pesimismo y la tentación de aislarse.

El tiempo de Cuaresma – dice el Papa – se convierte en una oportunidad propicia para contrarrestar este enfriamiento de la caridad con el remedio de la oración, la limosna y el ayuno, para que nuestro corazón vuelva a arder de fe, esperanza y caridad, a la luz de la Palabra de Dios, fuerza viva que nos permite vivir la dimensión del encuentro en la única familia humana.

La oración, la limosna y el ayuno

La tradición cristiana ha señalado tres prácticas cuaresmales para vivir el proceso de conversión del corazón: la oración, el ayuno y la limosna. Son caminos de liberación. Esta tradición se remonta al Antiguo Testamento: “Mejor es la oración con ayuno, y la limosna con justicia”, dice Tobías (Tob 12, 8); enlaza con el evangelio de Jesús (cfr. Mt 6, 1-6); y recoge la doctrina de los Santos Padres: “Estas piadosas limosnas y este frugal ayuno son las alas que en estos santos días ayudarán a nuestra oración a subir hacia el cielo”, predica San Agustín en un sermón cuaresmal.

Oración. Este tiempo fuerte litúrgico es una llamada a la oración, a la escucha de la Palabra de Dios. Orar es abrirse al viento del Espíritu, que es libertad. Orar es también pedir a Dios que nos libre de trampas y ataduras, pedir fuerzas para ser libres. Y orar es también huir de la dispersión, encontrarse consigo mismo para encontrar la propia identidad. La falta de libertad nos viene muchas veces, porque vivimos alienados, no nos reconocemos, ni nos poseemos, nos dejamos arrastrar por las modas y el ambiente. Y llevamos tanto ruido interior, que estamos aturdidos y no nos escuchamos a nosotros mismos, nuestra voz profunda. ¿Cómo vamos a escuchar a Dios si no somos capaces de escucharnos a nosotros mismos? ¿Y cómo podemos ser libres si no sabemos quiénes somos, si estamos vacíos y nos dejamos llevar por los vientos dominantes?

“El hecho de dedicar más tiempo a la oración – dice el Papa Francisco – hace que nuestro corazón descubra mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para bus car finalmente el consuelo de Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”.

Ayuno. ¿Por qué el ayuno? El abstenerse de comida o bebida tiene como fin en la existencia del hombre no sólo el equilibrio necesario, sino también el desprendimiento de lo que se podría definir como actitud consumista. El hombre es él mismo cuando logra decirse a sí mismo: no. No es la renuncia por la renuncia, sino para el mejor y más equilibrado desarrollo de sí mismo, para vivir mejor los valores superiores, para el dominio de sí. A través del ayuno y la abstinencia, se nos invita a luchar contra el consumo que impone el mercado y contra los instintos, siempre insatisfechos, de la gula. No importa sólo la literalidad del ayuno, sino el ejercicio liberador.

“El ayuno nos despierta, nos hace más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia el hambre”. (Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2018).

Las normas de la Iglesia obligan a los católicos a guardar ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y abstinencia los otros viernes de Cuaresma.

Limosna. Es una expresión de la caridad cristiana. Nos recuerda la necesidad del compartir con los pobres y necesitados. La limosna, bien entendida en la línea de la tradición bíblica, no tiene nada humillante ni para el que da ni para el que recibe. Nace del amor y se convierte en amor. Por eso se mide no por el precio y la cantidad, sino por el corazón. Entonces se supera la tacañería y se hace comunión: se rompe el egoísmo y se convierte en comunicación cristiana de bienes.

Dice el Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma: “El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es solo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida […]. Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades”.

Con mi afecto y bendición,

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