Tres soledades y una única respuesta

Carta de
Mons. D. Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

cerrochavesfrancisco

Domingo 25 de febrero de 2018

La soledad es y ha sido siempre un interrogante de sufrimiento en el corazón humano ¿Por qué nos sentimos tan solos? ¿Nadie puede habitar en nuestra soledad? ¿Por qué los momentos claves de la vida los vivimos solos y decidimos solos? ¿Hay algún remedio a la soledad que, como plaga, se extiende por el mundo?

Desde mi experiencia y reflexión quiero subrayar que existen tres tipos de soledad y una única respuesta: el Amor de Dios.

1. Existe una soledad sonora que dice San Juan de la Cruz y es el anhelo del corazón humano de encontrarse habitado por Dios. San Agustín la refleja magníficamente: “Nos hiciste, Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. También San Bernardo se atreve a decir que nunca está la persona menos sola que cuando está a solas con Dios. Es una soledad que gusta una presencia que “recrea y enamora”.

Desde mi profundo encuentro con Cristo la soledad no es mi patria, no pertenezco a ella. Vivo con la convicción de que no estoy solo, de que me acompaña siempre el que dijo desde el principio: No es bueno que el hombre esté solo. Esta cercanía y presencia de Dios en el corazón, en el alma, en el interior que se ha llamado “inhabitación trinitaria”, vida de gracia, vida interior es el remedio más eficaz contra las peores de las soledades, vivir la vida solo contigo mismo, sin el amor de Dios.

2. Existe otro tipo de soledad, que todos experimentamos y que es condición humana. Nadie es Dios para calmar todas nuestras soledades. Esta es la expresión de muchos que dicen: me falló mi mujer, mi marido, mi hija, mi amiga del alma, ¿por qué te falló? ¿No será que has descubierto que nadie es Dios, fuera de Dios? Las personas humanas son frágiles, fallan, tienen sus limitaciones y egoísmos. Esta es la soledad que se llama vulgarmente lo peor de la soledad, la soledad acompañada. Son la gente a la que todo el mundo le ha fallado y por eso está sola. Más bien habría que matizar que la pobre gente es lo que es y no les puedes pedir peras al olmo, como a ti no te pueden exigir lo que no puedes dar. Esta soledad la vivimos todos, incluso con los que más queremos. Hay que aceptar las limitaciones de los otros y que la respuesta es la comprensión y misericordia. Solo Dios es Dios.

3. La última de las soledades, que también tiene como respuesta el Amor de Dios, es saber agradecer la cantidad de personas buenas que caminan a nuestro lado y forman parte de nuestra existencia y que son una ayuda a no estar tan solos. Agradecer es salir de la soledad y vivir con otro aire la vida. No todo el mundo existe para paliar mi soledad, ni existe nadie que no pueda aportar a mi vida mucho o algo para compartir que es la manera “a lo humano” de salir de nuestra soledad. Es verdad que muchas buenas personas han paliado grandes soledades.

TRES REFLEXIONES SOBRE LA SOLEDAD Y UNA ÚNICA RESPUESTA: EL AMOR DE DIOS, que se encuentra muchas veces a través del corazón humano, de los que comparten nuestra vida, aunque no son Dios. Dios es Único y no tiene competidores.

✠ Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

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