Oración, misericordia y ayuno

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 4 de marzo de 2018

Queridos diocesanos:

San Pedro Crisólogo, que fue arzobispo de Rávena en el siglo V, decía en un sermón: “Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente” (Sermón 43, Oficio de lecturas martes III Cuaresma). Estos tres medios, que tienen su fundamento en el Evangelio, son la medicina que nos ayudará a conver- tir nuestro corazón y, de esta manera, pre- pararnos para la Pascua.

En primer lugar, la Cuaresma es momento oportuno para dedicar más tiempo a la oración. Es tiempo de una oración más intensa, más prolongada, más asidua. En su Mensaje para la Cuaresma dice el Papa que “el hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo de Dios”. Es bueno incrementar la oración no sólo individual, sino también comunitariamente porque la Cuaresma es un camino que recorremos como Iglesia, junto a los demás creyentes.

La Cuaresma, en segundo lugar, es tiempo de experimentar la misericordia de Dios y de incrementar nuestros gestos de amor hacia los otros. La Iglesia recomienda en este tiempo de manera especial la limosna, que nos libera de la avidez por el dinero y nos ayuda a descubrir que el otro es nuestro hermano.Dice el Papa Francisco que la limosna debería ser nuestro estilo de vida: vivir compartiendo nuestros bienes con los demás. Conviene que esta Cuaresma seamos especialmente generosos con quienes pasan dificultades.

El último de los medios para renovarnos interiormente es el ayuno. Ya sé que muchos cristianos han dejado de lado este ejercicio, que, sin embargo, está presente en la tradición bíblica y que Jesús mismo practicó. Aunque las normas de la Iglesia sólo piden que lo hagamos el miércoles de ceniza y el viernes santo, esta Cuaresma podríamos practicarlo algún día más. Dice muy bien el Papa en su mensaje que “el ayuno debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una ocasión importante para crecer”. Y esto es así porque nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y porque el hambre física nos ayuda a entender la condición de nuestro espíritu, que está hambriento y sediento de Dios.

Como decía san Pedro Crisólogo, la oración, los gestos de caridad y el ayuno son una sola cosa, porque estos medios se apoyan entre ellos.Al hacerlos, llevemos mucho cuidado de no practicarlos para ser aplaudidos por los demás. Jesús nos pidió orar en lo secreto, dar limosna sin tocar la trompeta y perfumarse el día de ayuno (Mt6, 1-18). Sólo nuestro Padre celestial debe saberlo. Y así “tu Padre, que ve en lo secreto,te recompensará” (6, 18).

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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