El reto de ser buenas personas

Carta de
Mons. D. Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca

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Domingo 11 de marzo de 2018

De lleno en la Cuaresma, tiempo de necesaria renovación personal y con repercusión social, podemos proponernos llegar a ser mejores personas. No hace mucho, era todo un grupo que lo decía y lo veían importante para los tiempos que vivimos, donde la bondad escasea -decían- hace falta que alguien lo proponga en firme. De Jesús se dice que «pasó haciendo el bien” y es él mismo quien nos invita a que seamos «perfectos» como lo es Dios, nuestro Padre del cielo. No es de ninguna manera esta -la bondad- una calidad de los débiles, más bien hoy la debemos considerar como lo que caracteriza a los fuertes, los que han hecho de su vida una firme entrega para esparcir el bien en todas partes. El Evangelio nos muestra el camino. Hay aprenderlo!

Me gusta mucho como lo dice el Papa Francisco: «El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva un profundo liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino que reconocer al otro y buscar su bien »(EG 9). Hoy, ser buena persona es un reto porque supone encararse con el engaño de la vanidad y la apariencia. No es bueno hacer enfrentarse con el ambiente hostil que todo esto crea si uno es honrado y quiere seguir siéndolo. Sin embargo, el que es buena persona sabe de donde le viene la fortaleza y no tiene miedo de presentarse con humildad.

Todos conocemos buenas personas, también conocemos otros que lo proponen y lo consiguiendo, lo que significa que es posible llegar. La verdad es que cuando se llega a un punto elevado de sinceridad con uno mismo y tocas la fibra de lo que realmente vale en la vida, aparece el corazón sencillo y con él la empatía que mira las personas, el mundo y uno mismo con los ojos de Dios, que son todo amor y bondad. No podemos ocultar que lo vemos así, y por eso lo decimos con la cara bien alta. Además, la «bondad» es uno de los «frutos» del Espíritu que se manifiesta allí donde la persona lo vive.

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 Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca

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