Mirar la Cruz desde el Corazón

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

2017_conesa_ferrer_francisco_simon2

Domingo 18 de marzo de 2018

Queridos diocesanos:

La segunda mirada que podemos lanzar a la cruz es de frente, desde el corazón. Si el domingo pasado la contemplábamos desde arriba como signo de amor del Padre, ahora os invito a mirarla de frente. Es la mirada del discípulo y de la Madre, que permanecieron al pie de la cruz y acompañaron a Jesús en el momento de la humillación, el dolor y la muerte.

Esta mirada es indispensable, porque sin ella no comprendemos el sentido de la cruz para cada uno de nosotros. La cruz revela su significado en nuestro encuentro personal con Cristo crucificado. En esta mirada descubrimos dos cosas principalmente. La primera es el amor inmenso de Jesucristo por cada uno de nosotros. Al mirar la cruz debemos sentir los latidos de amor del corazón de Cristo que soporta el suplicio con humildad y obediencia por nuestra salvación. Con estos ojos contemplaba San Pablo la cruz cuando escribía: “Me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20). A esta conclusión llegamos cada uno de nosotros cuando miramos la cruz de frente, desde el corazón.

Pero, en cuanto empezamos a comprender ese misterio, advertimos que la cruz es también un camino que Jesús abre también para el discípulo: “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Mt 16, 24). El camino de la cruz es el de la renuncia a la violencia y la opresión, es el de la aceptación del amor y la humildad. Es camino que pide también aceptar la dificultad y el dolor, siempre inoportuno y molesto. El camino de la cruz conduce a no reconocer el poder, la riqueza o el prestigio como valores supremos, sino a abrir nuestro corazón y nuestra vida a Aquel que cuelga del madero.

San Pedro escribirá diciendo que “Cristo padeció por nosotros dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas”. Fijándonos en Cristo podemos aceptar en nuestra vida la cruz, la contradicción y el dolor. La cruz se entiende asumiéndola por amor como Jesús, junto con Jesús. En sí misma la cruz y el sufrimiento son malos. Lo que importa, lo que nos salva es el amor. Para poder vivirlo así, en nuestras cruces, no podemos apartar nunca la vista de la cruz en la que ha sido elevado el Hijo del hombre y por medio de la cual nos abre la puerta a Dios.

Sí. La cruz es una gran puerta por la que Dios ha entrado en la historia de la humanidad. Y es una puerta por la que Dios quiere entrar en nuestra vida. Aprendamos de santa María, de Juan, de Pablo a mirarla desde el corazón, para descubrir el misterio de amor revelado en el dolor. El patíbulo de un judío es epifanía, manifestación de lo que Dios quiere del hombre y de lo que el hombre puede hacer con Dios.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s