El pecado de omisión

Carta de
Mons. D. Juan Antonio Menéndez Fernández
Obispo de Astorga

JuanAntonioMenendez

Domingo 25 de marzo de 2018

Queridos diocesanos:

Jesús recrimina a las ciudades de Corazaín y de Betsaida porque habían recibido mucho y no hicieron nada para convertirse y aceptar el Reino de Dios. Cometieron un pecado grave de omisión y, por esto, dice el Señor, serán juzgadas con severidad al final de los tiempos. En el capítulo 25 de San Mateo, Jesús nos adelante la pregunta del Juicio final. Será la actitud de amor o de indiferencia, y por lo tanto de omisión, ante los hermanos que sufren necesidad extrema: los hambrientos y sedientos, los inmigrantes, los encarcelados, los enfermos y aquellos que no tienen vestido. La inacción frente a cualquier necesidad del hombre es un grave pecado de omisión.

El apóstol san Pablo exhortaba con vehemencia a los gálatas y a los tesalonicenses para que no se cansaran de hacer el bien. Esta actitud es la que debemos tener siempre nosotros. Recordad aquel antiguo refrán que decía: “Haz el bien y no mires a quien”. El pecado de omisión, es decir, no hacer el bien que debíamos hacer a los demás es uno de los pecados más frecuentes actualmente aunque no seamos muy conscientes de ello.

El Señor nos ha dado todo lo que somos y tenemos y espera de nosotros una mínima correspondencia a ese amor entregado gratuitamente sirviendo al hermano necesitado en el que encontramos su rostro afligido. No nos crucemos de brazos pasando de todo compromiso porque el servir al pobre nos complica la vida, nos saca de nuestra comodidad.

Este tiempo de la Cuaresma, tiempo de gracia y de conversión, es un momento adecuado para abandonar la postración y el adormecimiento en el que nos sumerge la sociedad poscristiana y del bienestar sólo material. La Iglesia necesita la colaboración de todos sus miembros activamente, por tanto, que nadie se cruce de brazos inhibiéndose y dejando pasar el tiempo. Necesitamos ponernos manos a la obra para hacer el bien a tantas personas que nos necesitan, para anunciar a Jesucristo, para orar e interceder por todos ante Dios. Por ejemplo, como padre o madre no puedes inhibirte de la responsabilidad de ser el primer catequista de tus hijos; como ciudadanos no podemos desentendernos del compromiso social para transformar la sociedad según el plan de Dios, como habitantes del planeta tierra no debemos pasar por alto la contaminación que estamos ejerciendo sobre la naturaleza; como seres humanos no podemos mirar para otro lado cuando recibimos las noticias de tantos niños, mujeres y ancianos que son abandonados a su suerte por esta sociedad del descarte. Como obispo no puedo despreocuparme de poner todos los medios para que el alimento de la Palabra de Dios y la fuerza de la gracia de los sacramentos llegue a todos los miembros del Pueblo de Dios que peregrina en esta diócesis de Astorga contribuyendo de este modo a la descristianización. Sería por mi parte una grave irresponsabilidad que traería consecuencias a las futuras generaciones de cristianos.

Hoy también el ángel nos pregunta como a los apóstoles después de la Ascensión del Señor: ¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Respondamos con el compromiso de hacer el bien como ellos lo hicieron.

menendezfernandez_firma✠ Juan Antonio Menéndez Fernández
Obispo de Astorga

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