Ges­tan­do el sue­ño de Dios

Carta de
Mons. D. Jesús García Burillo
Obispo de Ávila

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Que­ri­das ma­dres ges­tan­tes:

El pró­xi­mo 9 de abril, so­lem­ni­dad de la Anun­cia­ción del Se­ñor, a to­das las mu­je­res ges­tan­tes de nues­tra Dió­ce­sis de Ávila os in­vi­to a la ce­le­bra­ción de la eu­ca­ris­tía en el San­tua­rio de Nues­tra Se­ño­ra de Son­so­les. Ce­le­bra­re­mos la fe­cun­di­dad de la fe de la Vir­gen Ma­ría y la fe­cun­di­dad del amor de los pa­dres; y da­re­mos gra­cias a Dios por la vida, y a los pa­dres por­que os ha­béis abier­to a la exis­ten­cia de un nue­vo hijo.

En su ex­hor­ta­ción apos­tó­li­ca so­bre la fa­mi­lia, el papa Fran­cis­co ex­pli­ca las ca­rac­te­rís­ti­cas del mo­men­to que es­táis vi­vien­do: el amor siem­pre da vida, por eso, el amor con­yu­gal no se ago­ta den­tro de la pa­re­ja. Los cón­yu­ges, a la vez que os dais en­tre sí, os dais más allá de vo­so­tros mis­mos al en­gen­drar un hijo, que es re­fle­jo vi­vien­te de vues­tro amor, signo per­ma­nen­te de la uni­dad con­yu­gal y sín­te­sis in­se­pa­ra­ble del pa­dre y de la ma­dre (AL 165).

Vues­tro hijo ha sido efec­to no sólo de vues­tra ge­ne­ra­ción, sino tam­bién un re­ga­lo de Dios. Esta vida os per­mi­te des­cu­brir la di­men­sión más gra­tui­ta del amor, que ja­más deja de sor­pren­der­nos: es la be­lle­za de ser ama­dos y re­fle­ja el pri­ma­do del amor de Dios. El don del hijo que el Se­ñor os con­fía a los es­po­sos, co­mien­za con la aco­gi­da, pro­si­gue con la cus­to­dia a lo lar­go de la vida y tie­ne como des­tino el gozo de la vida eter­na (AL 166). Aho­ra es­táis en la eta­pa de la aco­gi­da.

El em­ba­ra­zo en el que os en­con­tráis es una épo­ca di­fí­cil, cier­ta­men­te, pero tam­bién es un tiem­po ma­ra­vi­llo­so. Pe­di­re­mos por vo­so­tros para que todo vaya bien. Du­ran­te este tiem­po, la ma­dre acom­pa­ña el pro­yec­to de Dios para que se pro­duz­ca el mi­la­gro de una nue­va vida. Vues­tra ma­ter­ni­dad ha sur­gi­do de una par­ti­cu­lar po­ten­cia­li­dad de vues­tro or­ga­nis­mo, que sir­ve a la con­cep­ción de un ser hu­mano y al mis­te­rio de la crea­ción que se re­nue­va en la ge­ne­ra­ción hu­ma­na. Así lo dice el sal­mo: «Tú me has te­ji­do en el seno ma­terno» (139, 13). Cada niño que se for­ma den­tro de su ma­dre es un pro­yec­to eterno del Pa­dre Dios y de su amor; está en el co­ra­zón de Dios des­de siem­pre, y en el mo­men­to en que es con­ce­bi­do se cum­ple el sue­ño eterno del Crea­dor (AL 168).

La mu­jer em­ba­ra­za­da, mien­tras se so­me­te a los cui­da­dos mé­di­cos, par­ti­ci­pa de ese pro­yec­to de Dios so­ñan­do a su hijo. Toda mamá y todo papá sue­ñan a su hijo du­ran­te nue­ve me­ses. No es po­si­ble una fa­mi­lia sin so­ñar. Cuan­do en una fa­mi­lia se pier­de la ca­pa­ci­dad de so­ñar los chi­cos no cre­cen, el amor no cre­ce, la vida se de­bi­li­ta y se apa­ga. Den­tro de ese sue­ño, para un ma­tri­mo­nio cris­tiano, apa­re­ce ne­ce­sa­ria­men­te el bau­tis­mo, que los pa­dres vais pre­pa­ran­do con vues­tra ora­ción, en­tre­gan­do vues­tro hijo a Je­sús ya an­tes de su na­ci­mien­to (AL 169).

Al­gu­nas de vo­so­tras ya co­no­céis el gé­ne­ro de vues­tro hijo, si será niño o niña, el co­lor de sus ca­be­llos… por­que las ca­rac­te­rís­ti­cas so­má­ti­cas de esa per­so­na es­tán ins­cri­tas ya en su có­di­go ge­né­ti­co. Pero sólo el Pa­dre que lo creó lo co­no­ce en ple­ni­tud, en lo más va­lio­so y lo más im­por­tan­te, por­que él sabe quién es ese niño, cuál es su iden­ti­dad más hon­da. Es po­si­ble que al­gu­nos pa­dres sien­tan que su niño no lle­ga en el me­jor mo­men­to. Si fue­ra así he­mos de pe­dir al Se­ñor que los for­ta­lez­ca para acep­tar ple­na­men­te a ese hijo y es­pe­rar­lo de co­ra­zón (AL 170).

Que­ri­da ma­dre que es­tás ges­tan­do en tu seno un niño, fru­to del sue­ño y del amor de Dios, con esta eu­ca­ris­tía a la que te in­vi­to per­so­nal­men­te, de­seo ani­mar­te a vi­vir con gozo la ma­ter­ni­dad, a que sien­tas cer­ca­na la ma­ter­ni­dad de la Igle­sia que se pone a tu ser­vi­cio y desea acom­pa­ñar­te, y la ma­ter­ni­dad de la Vir­gen Ma­ría de Son­so­les que está con­ti­go es­pe­cial­men­te en este mo­men­to vi­tal.

Te es­pe­ro el lu­nes 9 de abril en el San­tua­rio de Son­so­les a las seis de la tar­de, para ce­le­brar con la Vir­gen el sue­ño de Dios.

garcia-burillo-firma✠ Jesús García Burillo
Obispo de Ávila

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