Gaudete et exsultate: la búsqueda de la santidad, camino de la Misión Diocesana

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

carlos escribano

Domingo 13 de mayo de 2018

El pasado 19 de Marzo, Solemnidad de San José, el Papa Francisco nos sorprendió con una nueva Exhortación Apostólica sobre la llamada a la santidad en el mundo actual. Su título: “Gaudete et exsultate” (alegraos y regocijaos). Son palabras pronunciadas por Jesús en el Sermón de la Montaña al concluir las Bienaventuranzas señalando el destino que el Padre, a pesar de las vicisitudes y persecuciones de este mundo, tiene preparado para todos: la recompensa del cielo; el gozo eterno en su presencia que culmina nuestro peregrinar en el mundo conforme a los planes de Dios para cada uno de nosotros. Así nos lo recuerda al principio del documento: “El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada.” (GEE 1)

Llama la atención que Francisco a lo largo del texto de la Gaudete et Exsultate se dirija a cada lector, a cada cristiano, a cada bautizado, en forma muy personal y directa. Es como el desarrollo de un coloquio del Papa con cada uno, con cada persona que le lee. Es un diálogo personal, de tú a tú. “También a ti”, dice un subtítulo. Y en todas sus partes, el Papa se dirige a un tú concreto: “Deja que la gracia… No te desalientes… No tengas miedo…”. Es como si el Papa, quisiera ponernos a todos y cada uno delante de la Presencia del Señor, que nos habla, que nos invita, que nos interpela, que nos alienta, que nos sostiene para vivir en íntima comunión con Él, para que seamos capaces de desarrollar el sueño de Dios para cada uno de nosotros: “No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. Depender de él nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad.”(GEE 32)

A mi modesto entender la propuesta de Francisco en esta exhortación encaja dentro de la lógica que él ha ido presentando a lo largo de su Magisterio. Como nos proponía en su Carta de Convocatoria al Jubileo de la Misericordia (Misericordiae Vultus) todos estamos llamados a ser portadores de la misericordia de Dios para los demás. Para poder conseguirlo debemos primero acercarnos nosotros al don de la misericordia de Dios y acogerlo de corazón. Es la lógica de la parábola del hijo pródigo: Dios al darnos su misericordia no queda satisfecho con que nos conformemos con menos de lo que tenia planteado para nosotros, para cada uno de sus hijos en el Hijo. Al hijo pequeño de la parábola no le deja ser jornalero sin más. Para él había soñado la filiación, el ser hijo, y eso es lo que le exige en el momento de la reconciliación. También a nosotros nos exige esa mejor versión personal, que se concreta en el seguimiento radical de Cristo para llevar una vida en plenitud ya ahora, conforme al plan que tiene para cada uno y para toda la humanidad. Es la llamada a la santidad que nos propone el Papa. Desde esa búsqueda de la vida plena, estaremos en disposición de proponer y dar vida a los demás, a semejanza de lo que Jesús ha hecho con nosotros.

Creo que esta apreciación es fundamental en nuestra preparación para Misión diocesana. Nos ayuda a convertir nuestra vida, a dinamizarla de un modo nuevo y a entenderla como una misión que el Padre nos ha encomendado a cada uno y que debemos proponer a los demás: “Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy.” (EEG 23). “Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, dé- jate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. (EEG 24).

Estamos madurando nuestra Misión diocesana. Cuanto agradecemos al Papa esta invitación a acoger la llamada a la santidad que el Se- ñor nos hace. Es el mejor camino, que todos estamos en disposición de emprender, para que nuestra Misión diocesana se comience a realizar.

escribano_firma
✠ Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s