Mensaje con motivo de la Jornada Pro orantibus 2018

vida consagrada

SOLO QUIERO QUE LE MIRÉIS A ÉL

Jornada Pro orantibus 2018
Domingo 27 de mayo de 2018

Buscando el rostro de Dios

Desde que el papa san Juan Pablo II en su exhortación Vita consecrata, en 1996, propuso a todos los consagrados «contemplar el rostro radiante de Cristo» (VC, n. 14) con el fin de reconocer los rasgos esenciales de la vida consagrada, el Magisterio pontificio ha desarrollado una teología espiritual centrada en la búsqueda del rostro de Dios.

El documento Caminar desde Cristo (2002), después de afirmar que «las personas consagradas, contemplando el rostro crucificado y glorioso de Cristo y testimoniando su amor en el mundo, acogen con gozo, al inicio del tercer milenio el camino que la vida consagrada debe emprender» (CdC, n. 1), se preguntaba y respondía: «¿dónde contemplar concretamente el rostro de Cristo? Hay una multiplicidad de presencias que es preciso descubrir de manera siempre nueva» (CdC, n. 23).

Años después, El servicio de la autoridad y la obediencia (2008) presentó la vida consagrada como testimonio de la búsqueda de Dios, e iluminó el ejercicio de la autoridad y la vivencia de la obediencia a partir del Salmo 26: «Tu rostro buscaré, Señor» (SAO, n. 1).

«La búsqueda del rostro de Dios» (VDQ, n. 1) vuelve a ser el punto de partida de la constitución apostólica Vultum Dei Quaerere (2016) sobre la vida contemplativa femenina. Se afirma que las personas consagradas «son llamadas a descubrir los signos de la presencia de Dios en la vida cotidiana (…) en un mundo que ignora su presencia» (VDQ, n. 2).

Y para superar los actuales desafíos de la vida consagrada la Congregación vaticana para la vida consagrada (CIVCSVA) ofrece en A vino nuevo en odres nuevos (2017) orientaciones concretas que parten de «la novedad del estilo con que Jesús revela al mundo el rostro misericordioso del Padre» (VNON, n. 1).

La búsqueda de Dios pertenece a la historia del hombre. La búsqueda de lo divino, incluso muchas veces de modo inconsciente (cf. SAO, n. 1), forma parte del aspecto religioso del ser humano. «Tu rostro buscaré» (Sal 26, 8) cantaba el salmista del Antiguo Testamento. Y Jesucristo provocaba esta búsqueda entre sus seguidores: ¿qué buscáis? (Jn 1, 38). «Nadie podrá quitar nunca del corazón de la persona humana la búsqueda de Aquel de quien la Biblia dice “Él lo es todo” (Si 43, 27) como tampoco la de los caminos para alcanzarlo» (SAO, n. 1).

La búsqueda de Dios no es pura curiosidad, ni simple ansia de saber o capricho humano. El hombre busca agradar a Dios pues reconoce que la divina voluntad es «una voluntad amiga, benévola, que quiere nuestra realización, que desea sobre todo la libre respuesta de amor al amor suyo, para convertirnos en instrumentos del amor divino» (SAO, n. 4).

La inspiración originaria de la vida consagrada «está en la búsqueda de la conformación cada vez más plena con el Señor» (VC, n. 37). En efecto, el consagrado, con su vida y misión, es signo profético que testimonia al mundo los rasgos esenciales de la persona, plenamente humana y divina, de Cristo. «La persona consagrada es testimonio de compromiso gozoso, al tiempo que laborioso, de la búsqueda asidua de la voluntad divina» (SAO, n. 1) y de los medios para conocerla y para vivirla con perseverancia.

Más aún, «para cada consagrado y consagrada el gran desafío consiste en la capacidad de seguir buscando a Dios con los ojos de la fe en un mundo que ignora su presencia» (VDQ, n. 2). El apartarse del mundo les permite descubrir con mejor perspectiva la presencia de Dios en el corazón del mundo y, al mismo tiempo, sus comunidades son luz en el candelero y ciudad en lo alto de la montaña (cf. Mt 5, 14-15) que indica el camino que debiera recorrer la humanidad.

De modo especial, la vida contemplativa es la forma de consagración privilegiada por la que tantos hombres y mujeres, dejando la vida según el mundo, buscan a Dios y se dedican a Él, no anteponiendo nada al amor de Cristo (cf. VC, n. 6). «Los monasterios han sido y siguen siendo, en el corazón de la Iglesia y del mundo, un signo elocuente de comunión, un lugar acogedor para quienes buscan a Dios y las cosas del espíritu» (VC, n. 6).

La dinámica propia de la vida contemplativa, que armoniza la vida interior y el trabajo, junto con la obediencia, la estabilidad, la celebración de la liturgia y la meditación de la Palabra se convierte en una verdadera «peregrinación en busca del Dios verdadero» y en un «camino de configuración a Cristo Señor» (VDQ, n. 1), cuya fuente es la contemplación del rostro de trasfigurado por la Pasión, muerte y Resurrección del Hijo de Dios.

En el Año Jubilar Teresiano

¡Quién mejor que la santa andariega, peregrina por los caminos del espíritu, para indicarnos la necesidad de contemplar a Jesús! «Solo quiero que le miréis a Él» es la fuerte invitación de santa Teresa a todos nosotros en el primer Año Jubilar Teresiano concedido por el santo padre a la Iglesia española y en particular a la diócesis abulense.

Los obispos españoles proponen dicha invitación como lema de la Jornada «Pro orantibus» de este año y, de este modo manifiestan el agradecimiento y, a la vez, el apoyo paternal a los innumerables hombres y mujeres que esparcidos por la geografía española mantienen vivo el ideal religioso de la vida contemplativa.

«Solo quiero que le miréis a Él» implica una doble peregrinación en la espiritualidad de santa Teresa, que recoge magistralmente en uno de sus poemas que lleva el título: «Alma, buscarte has en Mí», pero que concluye con el verso «y a Mí buscarme has en ti».

El primer momento de esta peregrinación consiste en un camino de interioridad: «a Mí buscarme has en ti», en la que la persona contemplativa, y con ella todo bautizado, peregrina hacia su interior dónde descubrirá, gozosa, la presencia del amor divino y la respuesta del amor humano a su Dios y Esposo.

La trascendencia es el camino ascendente de la peregrinación espiritual. El corazón que ha descubierto y contemplado a Dios en su interior, se eleva hacia Él y acoge su indicación: «Alma, buscarte has en Mí». Se trata ahora de descubrir como la propia alma está inmersa en Dios como el agua en la esponja (cf. Relación 45).

En esta jornada de la vida contemplativa, que la Iglesia en España celebra el domingo de la Santísima Trinidad, invitamos a todos los hombres y mujeres que, siguiendo la invitación divina, han asumido esta forma de consagración, a buscar a Cristo en su propio corazón y descubrirse ellos mismos en el Corazón de Cristo. Así serán auténticos testimonios para todos los fieles y para el mundo entero.

Madrid, 27 de mayo de 2018
Solemnidad de la Santísima Trinidad

✠ Jesús E. Catalá Ibáñez
Obispo de Málaga
Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada

✠ Joaquín Mª López de Andújar y Cánovas del Castillo
Obispo emérito de Getafe

✠ Román Casanova Casanova
Obispo de Vic

 ✠ Manuel Sánchez Monge
Obispo de Santander

✠ Eusebio Ignacio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol

✠ Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

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