Santa Misa con el Rito de la Ordenación sacerdotal

Homilía de
Mons. D. José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena en España

lorca23062018

Parroquia de San Lorenzo, Murcia
Sábado 23 de junio de 2018

ORDENACIÓN SACERDOTAL DE MAURICIO CHÁVEZ MIRANDA

Queridos sacerdotes,
Ilmo. Sr. Vicario General, vicarios episcopales,
Sr. Rector Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater y formadores,
Sr. Rector del Seminario Mayor San Fulgencio y Menor de San José y formadores,
Religiosos y religiosas,
Seminaristas,
Familiares y comunidad del ordenando,
Hermanos y hermanas.

Invito a todos a dar gracias a Dios desde este instante por la ordenación sacerdotal del diácono Mauricio Chávez Miranda, un hombre que se ha puesto en las manos del Señor con sencillez y obediencia, después de un largo tiempo de oración, estudio, vida de comunidad y cuidado espiritual, para servir al sagrado Pueblo de Dios. A partir de ahora lo más grande que le espera será hacer la voluntad de Dios, dar la vida por los hermanos, como hijo de la Iglesia (Cfr. Ef 5,25; Jn 19,1-21…). Mauricio, fuiste llamado por Dios, escuchaste en lo más hondo de tu ser esta invitación a salir de tu tierra y de tu parentela y ponerte en camino, como Abraham. Sea cual fuere el modo concreto como la vocación resonó en lo profundo de tu ser, el que llama es siempre el mismo: “Yo te he elegido”… y, para todos, siempre la misma voz dulce, liberadora, imperativa: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Jesucristo salió a tu encuentro para incorporarte al grupo de los discípulos.

Ahora estás viviendo, Mauricio, el gran momento de tu vida, después de que hayan pasado tantos años desde que dijiste: ¿por qué yo no? Comentabas en la entrevista previa a la ordenación que esta pregunta te la planteaste como una opción, no como una preferencia y por eso decidiste ponerte a disposición de la Iglesia, y así dejar que fuera ella quien eligiera por ti y te mostrara si este era su camino. Te pusiste de cara a Dios y has vivido la experiencia de fe en el Camino Neocatecumenal y ya ves, la Iglesia ha visto que tienes las condiciones para seguir al Señor, pero, al final, el que decide eres tú. La Iglesia quiere oír tu libertad, sentir que has entendido el significado y hasta dónde llega eso de “me sedujiste, Señor; y me dejé seducir” (Jr, 20,7).

Es importante que tengas la misma experiencia que Jeremías, decidido a hacer la voluntad de Dios con valentía, sin echarte atrás, aunque te toquen situaciones adversas. A este profeta, el sufrimiento le acrisoló su alma y le serenó en la tarea, además le llevó a dialogar íntimamente con Dios, le abrió mucho más el trato con el Señor, aunque no le fue menguado el dolor de la persecución en su tiempo. Jeremías siguió en fidelidad en medio de las dificultades, porque sabía que Dios conoce los entresijos de una persona, nos conoce por dentro y sondea el corazón, lo más grande es que el Señor no te abandona nunca. Baste con un ejemplo para ver la admirable reacción del profeta y como fue capaz de dar la cara por Dios, aunque no entendiera lo que le estaba pasando, porque las cosas no le fueron bien. Considera su reacción en medio de la tormenta, así lo explica él en sus confesiones: “Pensé en olvidarme del asunto y dije: ‘No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre’; pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo y no podía” (Jr 20,9).

Fuego en las entrañas es lo que se le pide a un evangelizador, también en esta época. El coraje para evangelizar como portador de consuelo, esto es lo que se está subrayando, la necesidad de llevar a Cristo. El Papa Francisco se lo explicó a los seminaristas y novicios en Roma: “Todo cristiano, y sobre todo nosotros, está y estamos llamados a ser portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría: el consuelo de Dios, su ternura para con todos. Pero solo podremos ser portadores de él si experimentamos nosotros los primeros la alegría de ser consolados por él, de ser amados por él. Esto es importante para que nuestra misión sea fecunda: percibir el consuelo de Dios y transmitirlo… No temáis: el Señor es el Señor del consuelo, el Señor de la ternura. El Señor es Padre, y dice que nos tratará como una madre a su hijo, con ternura. No temáis el consuelo del Señor. La invitación de Isaías ha de resonar en nuestro corazón: «Consolad, consolad a mi pueblo» (40, 1), y esto debe convertirse en misión”.

Mauricio, abre bien el oído para escuchar a Dios, en la Palabra y en la vida, porque estás llamado a ponerte «en salida», a mostrar a una Iglesia con las puertas abiertas. “Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino”, decía el Papa Francisco en Evangelii Gaudium. En ese documento ponía un ejemplo muy gráfico que deberás repasar muchas veces, para poder identificarte con él en tu ministerio: el ejemplo del padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad. Con este ejemplo nos está diciendo Jesús que no podemos perder la dimensión de la misericordia y del perdón.

Recuerda siempre que estás llamado por Jesús para sanar y liberar, para dar vida y paz, para consolar y para garantizar la comunión, la unidad de los hermanos y para dar a conocer la belleza de la fe y la fuerza de la ternura.

Mauricio, que Dios te bendiga. Rezamos por ti a la Santísima Virgen María, Madre de nuestros corazones, para que no te falten las fuerzas nunca y la imites en hacer la voluntad de Dios en fidelidad.

 

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