Santa Misa con el Rito de la Ordenación de diáconos

Homilía de
Mons. D. José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena en España

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Parroquia de Ntra. Sra. de las Lágrimas, Cabezo de Torres
Domingo 24 junio del 2018

ORDENACIÓN DIACONAL DE
JOSÉ DAVID SOLANO GONZÁLEZ Y
HÉCTOR MADRONA LÓPEZ SÁNCHEZ

Queridos sacerdotes,
Vicarios episcopales,
Sr. Rector y formadores del Seminario Mayor San Fulgencio y Menor San José,
Sr. Rector y formadores del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater,
Queridos religiosos y religiosas,
Seminaristas mayores y menores.
Queridos familiares de los ordenandos: de Héctor y José David,
Saludo al párroco, sacerdotes y feligreses de esta comunidad parroquial de Cabezo de Torres,

Hermanos:

Estamos en una época de esperanza en medio de muchos sufrimientos y dolores; la gente ha confiado solo en la cultura predominante, en estar ocupados solo por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio, las apariencias… y no salen de sus tristezas. La fe es la que nos sostiene en la esperanza, amigos. Vosotros estáis llamados a llevar la esperanza que el mundo necesita y las razones para la alegría a esa gente que anda perdida. Vosotros sois llamados por el Señor para proclamar a los cuatro vientos que vale la pena ser discípulo. Leed lo que dice el Papa Francisco en su primera Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría… No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!”.

No olvidéis nunca que la caridad de Cristo nos «apremia» (cf. 2 Co 5, 14), que debemos salir a evangelizar con una donación radical y total, con impulsos nuevos y valientes, movidos siempre por el amor de Cristo. Hoy os estáis ordenando de diáconos y pronto recibiréis la ordenación sacerdotal y conocéis lo que la Iglesia os está pidiendo: ser fieles servidores de la Iglesia, dóciles a la acción del Espíritu Santo, caminantes tras las huellas de los primeros apóstoles.

Héctor y José David, dad gracias a Dios por vuestra vocación, pero no defraudéis a Dios, responded todos los días al reto de la fe y de la confianza en el Señor, rezad y cantad las alabanzas al Señor en todo momento; que vuestra vida esté enraizada en Cristo para decir con naturalidad: Gracias a Ti, oh amigo de los hombres, oh maestro, oh pan de la vida, oh Salvador. Nosotros te reconocemos, nosotros creemos en Ti, nosotros te amamos.

Pensad qué grande es el Señor, que se vale de mi persona para asociaros a la formidable tarea evangelizadora, evangelizar las almas, santificarlas, guiarlas. ¡Qué misión más excelente! Como Cristo dijo a sus discípulos, hechos apóstoles, mensajeros de su palabra y de su gracia, yo os digo a vosotros, consagrados para igual misión: “Id y predicad, anunciando que el reino de Dios está cerca, y entrando en la casa que os acoja, saludadla así: Paz a esta casa” (Mt 10, 7-12).

Hermanos, “vosotros habéis sido llamados para ser los portadores de la paz; ¡qué humilde y qué hermosa misión! No las armas, no las riquezas, no el orgullo de conquista o de gloria, sino la Palabra, el Evangelio, es vuestra fuerza”, decía el Beato Papa Pablo VI, pero apostilló así: “Y todavía más: el amor es vuestra fuerza… Vuestra sabiduría será doble: divina y humana. Tendréis la doctrina que el Maestro divino nos ha enseñado, por vuestra profecía; tendréis la capacidad de comprender el corazón del hombre, sus grandezas, sus locuras, sus sufrimientos, sus miserias, como vuestra ciencia, la ciencia de la vida”.

Sed valientes, poneos en pie reconociendo la dignidad que habéis recibido y la misión que tenéis por delante: id a descubrir a las gentes su dignidad, su libertad, su misión terrena y ultraterrena. No será fácil vuestro camino; pero no temáis, porque el Señor está con vosotros.

Queridos candidatos al diaconado, rezamos por vosotros y con vosotros y os tendremos muy presentes en esta celebración, porque el paso que vais a dar es tan alto y hermoso que merece toda la atención de la Iglesia de Cartagena. Sentíos contentos y no os desaniméis nunca, porque Dios os necesita para iluminar la vida de vuestros hermanos, para que, reconciliados con Dios, puedan disfrutar de una intensa vida de fe. Os ruego a todos los presentes que oréis conmigo al Señor para que despierte las vocaciones sacerdotales y religiosas en los innumerables jóvenes generosos que buscan a Dios en sus vidas.

Nuestra mirada está en la Santísima Virgen María, a la que os encomiendo, bajo la advocación de la Santísima Virgen de las Lágrimas.

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