Dos nuevos sacerdotes en nuestra diócesis

Carta de
Mons. D.  Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada–Logroño

carlos escribano

Domingo 8 de julio de 2018

Este sábado, 7 de Julio, los diáconos de nuestra diócesis, Juan José Fuentes y Manuel Hernández, recibirán la ordenación sacerdotal en la Capilla Mayor de nuestro seminario diocesano. Estamos de enhorabuena como Iglesia diocesana y damos la enhorabuena a estos dos jóvenes riojanos por el paso que dan, siguiendo la llamada del Señor. Cuando un joven de nuestro seminario es llamado al orden de los presbíteros, especialmente en estos años en los que no se prodigan las ordenaciones sacerdotales, su disposición a servir al pueblo de Dios nos invita a dar gracias al Señor por el don del sacerdocio en su Iglesia. A la vez, nos mueve a pedir al Señor que llene a todos nuestros sacerdotes, y en especial a Juanjo y a Manuel, de alegría, esperanza, capacidad de servir a los demás y amor incondicional a los hermanos, especialmente a los más pobres.

El sacerdote debe evangelizar siempre con alegría y esperanza. La alegría nos dice San Pablo, es fruto del Espíritu (cfr. Gál 5, 22; Fil 3, 1; 4,4). La alegría es el distintivo auténtico del evangelizador y la prueba de que la Buena Noticia que anuncia ha invadido su corazón (cfr. Jn 15, 11). Cuántas veces nos lo ha recordado el Papa Francisco desde el principio de su pontificado: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús…. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Evangelii Gaudium 1). Ahora que estamos madurando nuestra Misión Diocesana, quizá somos más conscientes de la necesidad de evangelizadores alegres, de sacerdotes alegres, que son capaces de vencer la tristeza y la impaciencia, intentando irradiar a los demás, con el testimonio de sus vidas, el fervor de quienes han recibido la alegría de Cristo. A la vez, la esperanza es el secreto de la vida cristiana y el hálito absolutamente necesario para la misión de la Iglesia y, en especial, para la evangelización. El sacerdote, en cuanto portador de la Buena Noticia, movido por el gozo del Espíritu, ha de ser un testigo de alegría y de esperanza. Eso necesitamos de vosotros queridos Juanjo y Manuel.

El gran reto del sacerdote en su tarea pastoral es el intentar mostrar siempre en su acción pastoral el rostro amoroso de Dios. Se trata de vivir con intensidad la “caridad pastoral” amando a semejanza de Jesús a aquellos a quienes servimos en nuestro ministerio sacerdotal. Es el modelo que nos ofrece Jesucristo, que “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45). El servicio de amor a los hermanos nos conducirá a la solidaridad como expresión del amor fraterno, que considera al otro como hijo del mismo Padre y, por eso, se siente vinculado y cercano a sus problemas y necesidades (cfr. GS 1).

La ordenación sacerdotal de Juanjo y Manuel, es un momento de gracia para caer una vez más en la cuenta de que la promoción de las vocaciones sacerdotales es responsabilidad de toda la Iglesia Diocesana. La pastoral vocacional exige un “compromiso coral” de toda la Iglesia. Requiere la colaboración del obispo, sacerdotes, religiosos, consagrados, familias, catequistas y educadores, moviéndonos a renovar nuestro testimonio de vida personal y comunitario. Un testimonio que suscita esperanza y alegría por un acontecimiento que ha cambiado mi vida, le ha dado sentido; que me ha llevado a dejarlo todo para servir al Señor y a la Iglesia en los hermanos. El problema vocacional no consiste, sobre todo, en la escasez del número de sacerdotes, sino en que no se escucha la llamada del Resucitado a evangelizar. Son muchos los cristianos, incluso practicantes convencidos, que viven sin sospechar que tienen el encargo de anunciar y comunicar a Jesucristo a los demás… Ahora bien, la llamada a la evangelización no se despierta sin más, ni nace automáticamente de la lectura de los programas pastorales. La llamada a la misión sólo se capta en clima de atención, apertura y escucha a Aquel que nos llama. De ahí la importancia de la oración para la misión evangelizadora. Sólo en el encuentro silencioso y amoroso con Jesucristo se escucha la llamada a la misión. El encuentro personal con Cristo, la escucha atenta de su Palabra conmueve, seduce y motiva para responder cada uno a la llamada de Dios.

Muchas felicidades a los nuevos sacerdotes y a sus familias. Os pido que recemos especialmente por ellos, por los demás seminaristas y por las vocaciones al sacerdocio en nuestra diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño.

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✠ Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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