Santa Misa con el Rito de la Ordenación sacerdotal

Homilía de
Mons. D. José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena en España

lorca14072018

Murcia, 14 de julio de 2018

ORDENACIÓN SACERDOTAL DE
RAMIRO GINÉS CILLER ALEMÁN

Ilmo. Vicario General y Vicario Episcopal de Murcia,
Rectores de los seminarios San Fulgencio y Redemptoris Mater, y formadores,
Queridos sacerdotes. Saludo a D. Jorge Rodríguez,
Religiosos y religiosas,
Un cordial saludo a los padres y demás familiares del ordenando,
Seminaristas de los seminarios mayores y menor de San José,
Queridos feligreses de esta parroquia de San Francisco Javier,
Hermanos y amigos.

Querido diácono Ramiro,

Bendigamos a Nuestro Señor por lo bien que hace todas las cosas, porque, como canta la Santísima Virgen María en el Magníficat, se ha fijado en la humildad de su siervo y porque su misericordia llega a sus fieles de generación en generación… Hoy nos sumamos a la alegría del cielo por este don tan extraordinario para la Iglesia y para el mundo, de tu ordenación sacerdotal e invocaremos a la Virgen María de la Fuensanta para que te ayude a mantener la palabra de fidelidad que le das a su Hijo, Jesucristo.

Ramiro, haz memoria de tu experiencia eclesial y del paso que diste para entrar en el seminario, de los sacerdotes que te han ayudado, así como de los tuyos y de tu parroquia que te ha favorecido mucho para escuchar a Jesús, que te dijo al corazón: “Yo te he elegido, ven, sígueme”. Tanto para ti, como para el resto de tus compañeros, la misma voz se ha hecho sentir dulce, liberadora, imperativa: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. ¡Muchas felicidades por tu decisión, felicidades a tus compañeros! Tanto yo, como el presbiterio diocesano y todo el pueblo de Dios te pedimos ahora que reflexiones sobre la suerte que has tenido al fijarse Jesús en ti, y no caigas en la tentación de pensar que te has equivocado en tu decisión, porque esta está inspirada por un carisma superlativo de sabiduría y caridad. ¡No mires nunca atrás! Recuerda las palabras de Jesús mismo: “Nadie que después de haber puesto la mano sobre el arado mire atrás es apto para el reino de Dios”. Esta es la ley de la vocación: un sí total y definitivo.

Esta bella liturgia que estamos celebrando nos pone en las claves esenciales del ministerio que celebramos. Cuando has escuchado: “acérquese el que va a ser ordenado sacerdote…”, ya es una llamada de la Iglesia, es el mismo Señor el que te vuelve a llamar por medio de este lenguaje ritual de la liturgia. El obispo pregunta al rector del seminario, que es el que te ha presentado para ser ordenado, si sabe si eres digno. No es una pregunta inútil, ni pretende buscar tus honores, noblezas o privilegios, sino que pretende asegurar ante el pueblo de Dios presente, si tu vida se corresponde con el ministerio al que has sido llamado: representar sacramentalmente a Jesucristo. Tu respuesta es siempre importante: “¡Presente! ¡Aquí estoy!”. Tu respuesta está dentro de la disponibilidad que nace de un corazón libre y humilde.

Ramiro, si con la ordenación sacerdotal representas a Cristo debes estar siempre en comunión de vida y de misión con Él. Tú eres un embajador de Cristo para todos, tus palabras serán pronunciadas con la misma eficacia que las palabras de Cristo y los gestos sacramentales realizados con la misma eficacia que los signos de Jesús. Tú estarás haciendo presente al Señor delante de mucha gente en tu ministerio (PO, 2). Tu vida no va a ser una broma, sino un compromiso con el autor del cielo y de la tierra que ha entregado a su Hijo a la muerte y una muerte en cruz, por la salvación de todos nosotros, y te ha dado la fuerza del Espíritu Santo, para que la ejerzas con “parresía”. El Buen Pastor es Nuestro Señor y actuará eficazmente a través de ti, para perdonar los pecados, para bautizar, para confortar a los enfermos cuando reciban el sacramento de la Unción… Tú, Ramiro, aunque te veas frágil o débil, porque te conoces bien, estarás haciendo las veces de Cristo, ocuparás el lugar de Cristo, personificarás a Cristo… Y, precisamente, porque representas a Cristo estás llamado a servir en el amor de entrega, al cuidado y guía de la porción del pueblo de Dios que se te confíe.

Como presbítero, te defines como siervo ante Dios. Contrasta la humildad y pequeñez del siervo frente a la grandeza de Dios y la dignidad del sacramento recibido. Esto es lo que expresa la postración en el suelo durante el canto de las letanías de los santos. Ahí, postrado, tomas conciencia de que eres un servidor para un servicio y una misión, como les dice Jesús a sus discípulos: “Yo no he venido a ser servido, sino a servir”, y la condición vital para el servicio es la humildad del siervo.

Por último, te recuerdo la especial relación entre el sacerdocio y el sacramento de la Eucaristía. Decía el santo Papa, Juan Pablo II, que “en la Última Cena hemos nacido como sacerdotes… hemos nacido de la Eucaristía”. La Eucaristía es el centro de la vida de los cristianos, pero especialmente el centro de la vida y ministerio del presbítero. Esto te lo voy a recordar dentro de poco mediante dos signos: la unción de las manos con el Santo Crisma y la entrega de la patena y el cáliz, con el pan y el vino. En la unción te diré que eres un ungido para santificar al pueblo cristiano y ofrecer el sacrificio de Dios… para decirte luego que consideres lo que realizas e imites lo que conmemoras… Ramiro, entiendo que tú sabes bien cuál es la clave de la espiritualidad sacerdotal: no limitarse a realizar ritos, sino a vivir el ministerio que celebras. Vívelo con todas tus fuerzas y aprenderás a servir a los hermanos en la caridad.

Que Dios te bendiga y te conceda la paz.

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