Alegraos y Regocijaos (II): Dos sutiles enemigos de la santidad

Carta de
Mons. D. Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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Domingo 15 de julio de 2018

Seguimos caminando en este mes de julio y os ofrezco una síntesis del capítulo segundo de la Exhortación Apostólica del Papa sobre “la llamada a la santidad en el mundo actual”. Para leer bien y comprender de manera exacta un texto hay que situarlo dentro de su propio contexto. El papa Francisco quiere que su trabajo pastoral en la Iglesia sirva de reforma de la propia Iglesia y, naturalmente, él sabe bien que cualquier reforma externa de la Iglesia ha de pasar primero por la reforma espiritual de sus miembros. Estas reflexiones suyas sobre la llamada a la santidad de todos los bautizados es pieza clave en las reformas de la Iglesia que quiere hacer el papa Francisco. También quiere actualizar la doctrina del Concilio Vaticano II que ya habló, como os dije la semana pasada, de la llamada universal a la santidad. Y el papa escribe este documento para quienes vivimos en este momento actual de la historia, con sus luces y sombras, con sus riesgos y sus posibilidades. En este contexto de hoy hemos de leer este texto del papa.

¿Tenemos hoy, en la cultura actual, el peligro de no tener una buena comprensión de la santidad cristiana? Hay dos peligros, como dos enemigos, llega decir el papa, de frente a los cuales hay que estar hoy particularmente atentos. Y a hablar de ellos dedica el capítulo segundo de su Exhortación Apostólica.

El papa habla en concreto de estos dos peligros: de un nuevo gnosticismo y de un nuevo pelagianismo. El gnosticismo y el pelagianismo son dos herejías, doctrinas falsas, que surgieron en los primeros siglos del cristianismo pero que ahora siguen teniendo actualidad, “acomodadas” al tiempo presente.

El gnosticismo pretende que la salvación le va a llegar “al que más entienda la fe”, al que más razone o intelectualice el misterio, al que más sepa, al que más comprenda las razones de la fe. Para ser creyente habría que comprender en profundidad la doctrina que se profesa. El papa rechaza esto como un nuevo gnosticismo y esto es, dice el papa, tener una religión de esfuerzos mentales que no tiene nada que ver con la frescura del evangelio.

“El gnosticismo es una de las peores ideologías, ya que, al mismo tiempo que exalta indebidamente el conocimiento o una determinada experiencia, considera que su propia visión de la realidad es la perfección”. (n. 40).

“Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales. Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro. Quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia de Dios”. (n. 41)

No van por ahí ni la fe ni la santidad, nos dice el papa. La fe cristiana reconoce que la salvación y la felicidad para los seres humanos son un don gratuito de Dios, que alcanza al hombre desde fuera de sí mismo. La historia de los santos está llena de encuentros, de circunstancias concretas en las que la acción de la gracia se hace perceptible y toca y cambia sus vidas. Es lo que les sucedió a los primeros discípulos de Cristo que en el Evangelio pudieron incluso indicar la hora de su primer encuentro con Jesús. “Serían como las cuatro de la tarde”, nos refiere el apóstol Juan cuando nos cuenta su primer encuentro con Jesús.

El pelagianismo, segundo error y peligro, dice que no se necesita una gracia especial para salvarse porque el hombre puede lograr la salvación con su voluntad y con su esfuerzo. Si los gnósticos decían que la inteligencia es la llave de la fe y de la santidad, los pelagianos vienen a decir que todo depende de la voluntad humana y del esfuerzo personal.

No es así, nos dice el papa. La salvación y la santidad son una gracia concedida por Dios y respondida libremente por el hombre. Si sólo se tiene en cuenta nuestro esfuerzo o nuestra voluntad, nos dice el papa que “podemos llegar a negar y bloquear la gracia del Señor. Su amistad nos supera infinitamente, no puede ser comprada por nosotros con nuestras obras y solo puede ser un regalo de su iniciativa de amor. Solamente a partir del don de Dios, libremente acogido y humildemente recibido, podemos cooperar con nuestros esfuerzos para dejarnos transformar más y más”. (Núm. 50)

Concluyo hoy este capítulo con este texto tan claro y consolador de su Exhortación: “El Catecismo de la Iglesia Católica también nos recuerda que el don de la gracia «sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana», y que «frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito alguno de parte del hombre. Entre él y nosotros la desigualdad no tiene medida». Su amistad nos supera infinitamente, no puede ser comprada por nosotros con nuestras obras y solo puede ser un regalo de su iniciativa de amor”. (Núm. 54)

Con mi afecto y mi bendición,

perez_pueyo_firma✠ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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