La invocación de María como Reina

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

2017_conesa_ferrer_francisco_simon2

Domingo 22 de julio de 2018

Queridos diocesanos:

El rito de coronar la imagen de la Virgen del Toro, que tuvo lugar hace 75 años, expresa el reconocimiento de María como Reina. Pero, ¿en qué sentido se puede decir que María es “reina”? Resumo en cuatro motivos lo que dice la Iglesia y la teología sobre este punto, recogiendo la explicación que ofrece el actual “Ritual de coronación de una imagen de la Virgen”.

María es reina, sobre todo porque es la madre de Jesús, que es Rey y Señor de todas las cosas. Ella es madre de aquel que, desde el instante mismo de su concepción, es el Hijo de Dios, en quien fueron creadas todas las cosas y al que están sometidas todas las realidades (cf. Col 1, 16). Jesús, además, es el Rey prometido, el Rey Mesiánico, “a quien el Señor dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” (Lc 1, 43). Como madre del Rey, María puede ser llamada Reina.

El segundo motivo de la realeza de María es su cooperación a la salvación del género humano. Los Padres de la Iglesia la compararon con Eva, por la participación que tuvo en la salvación que trajo Jesucristo, el nuevo Adán (cf. 1 Cor 15, 21-28). La Virgen María “se asoció con entrañas de madre” (LG 58) a la obra de salvación, que tiene su culmen en la entrega de Jesucristo en la cruz. Allí, junto a la cruz, permaneció la Madre cooperando en la salvación. Una antífona de la liturgia une la cruz y el reinado de María. Dice así: “Alégrate, Madre dolorosa, porque, después de tantos sufrimientos, gozas ya de la gloria celestial, sentada junto al Hijo como reina del universo” (Benedictus, 15 septiembre).

El tercer fundamento para llamarla “reina” es que María es la perfecta discípula de Cristo. En numerosos textos del nuevo testamento se promete al discípulo de Cristo obtener la “corona de gloria” (1 Pe 5,4; cfr. 2 Tim 4, 8, St 1, 12; Ap 2, 10). Santa María, como discípula perfecta por su unión a Jesucristo en la fe y el amor, ha sido asunta al cielo y coronada como reina. Este aspecto abre al creyente a la esperanza, porque también nosotros esperamos ser coronados en el cielo. La dignidad regia de María es un anticipo de lo que llegará a ser el discípulo fiel.

La cuarta razón por la que María merece ser llamada reina es porque forma parte de un pueblo de sacerdotes y reyes (Cf. 1 Pe 2, 9; Ap 5, 10). Ahora bien, ella ocupa en este pueblo un lugar preeminente. San Agustín la llamó “miembro excelentísimo de la Iglesia” (Sermón sobre Mat 12, 25, n. 7). Lo es tanto por la misión singular que se le encomendó como por la abundancia de sus virtudes.

Como veis, llamar “reina” a María no sólo la honra a ella sino a todo el pueblo de Dios, del que María forma parte, y que, mirándola a ella, espera también un día ser coronado de gloria.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s