Santa Misa para la coronación canónica pontificia de la bienaventurada Virgen del Carmen, patrona de Rute

Homilía de
Mons. D. DEMETRIO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ
Obispo de Córdoba

demetrio28072018

Rute, 28 de julio de 2018

Homilía en la coronación canónica pontificia de nuestra Madre María Santísima del Carmen, Patrona de Rute

Salve, Virgen del Carmen, Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de Rute, que hoy eres coronada con un beso de amor de todos los ruteños. Te damos gracias, Madre, porque nos concedes estar aquí hoy y ser testigos de la historia de este pueblo noble en un acontecimiento que quedará grabado en la memoria de todos los ruteños. No sólo es el homenaje de todos los presentes, sino el de tantos ruteños ausentes y el de tantísimos otros, que a lo largo de los siglos te han invocado como Madre celestial –nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros antepasados- y el de tantos otros que encontrarán en los siglos venideros esta misma protección. A ti la primera de todos, quiero saludar en esta tarde del 28 de julio, fecha tan deseada por todos, en la que queremos expresarte el cariño más profundo de nuestro corazón.

Venerar tu imagen bendita es sentirte cerca, porque las imágenes nos representan a la persona, besar tu escapulario es rendirte homenaje de amor y compromiso de vida cristiana para que nos lleves a tu Hijo bendito, nuestro Señor Jesucristo.

Saludos

Párrocos de Rute, de Santa Catalina y arcipreste de Lucena-Cabra-Rute y de San Francisco, Vicario de la Campiña, Rectores y alumnos de nuestros Seminarios, Sacerdotes concelebrantes, en especial los nativos de Rute.

Presidente, Junta de gobierno y Cofrades de esta Archicofradía de la Virgen del Carmen de Rute. Y demás Cofradías que acompañáis, especialmente la Cofradía de la Virgen de la Cabeza, que en Rute tiene tanta devoción a la Virgen. Veros aquí hoy reunidos es un gozo para la Virgen y para todos. Archicofradía de la Virgen de Araceli de Lucena, madrina de honor, familia Córdoba Aguilera, madrina de la coronación.

Autoridades civiles: Alcalde de Rute y Presidente de la Diputación Provincial de Córdoba con la Corporación Municipal de Rute, Presidente del Parlamento Andaluz, Consejera de Justicia e Interior, Subdelegada del Gobierno estatal, Delegada de la Junta de Andalucía, Diputadas por Córdoba en las Cortes Generales (Serrano y Botella), Presidente de la Audiencia Provincial, Alcaldes de los municipios vecinos: Lucena, Benamejí, Encinas Reales e Iznájar, Autoridades militares del Ejército, Guardia Civil, Policía Nacional, Cronistas oficiales, hijos predilectos, etc.

En un estado aconfesional como el nuestro, la presencia de las autoridades civiles no está fuera de lugar en un acto religioso como éste. Al contrario, tenéis vuestro lugar, el de representantes legítimos de un pueblo que vibra hoy con la devoción a la Virgen del Carmen. El pueblo cristiano –la inmensa mayoría de los habitantes, aquí y en cualquiera de los pueblos de España- os lo agradece y se siente honrado por esta actitud adecuada de sus gobernantes. Y a vosotros mismos os honra esta presencia. La religión no es un estorbo, sino una ayuda grande para la sociedad.

Coronamos a la madre del Rey

Jesucristo recibe el título de Rey en distintos pasajes del Evangelio. Acabamos de escuchar en el Evangelio de la Anunciación, cuando el ángel le dice a María quién será el hijo de sus entrañas: “Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará en la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32-33). “¿Tú eres Rey?”, -le pregunta Pilato en el momento supremo de su vida. Y responde Jesús: “Tú lo has dicho, yo soy Rey, yo para esto he venido para ser testigo de la verdad”. El reinado de Cristo es un reinado de “verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz” (Prefacio de Cristo Rey). Tener a Jesucristo como Rey significa alistarse en su bandera, seguir sus mandamientos, proclamar al mundo su victoria sobre la muerte y el pecado. Tener a Jesucristo como Rey es colocarse como él en la línea del servicio, porque el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate por la multitud. Con Jesús, servir es reinar. Tener a Jesucristo como Rey es trabajar para que su Evangelio se extienda por el mundo entero y “sepan todos que nuestro Dios es amor” (san Juan de Ávila).

Y María Santísima es Reina por ser la madre del Rey. “De pie, a tu derecha está la Reina (la madre del Rey), enjoyada con oro de Ofir” (Salmo 44,10). En el rito de coronación, al que vamos a proceder, primero es coronado el Hijo. Él es Dios, nuestro Señor, que es llevado como Niño en brazos de su Madre; es el fruto bendito de su vientre virginal. Y después coronamos a la Madre, como la ha coronado su Hijo cuando ha llegado al cielo, llevada por los ángeles el día de su glorificación. Hoy también en Rute, es Jesús quien corona a su Madre. Recordad el precioso mosaico de la basílica de Santa María la Mayor en Roma: Jesús coronando a su Madre, un mosaico del siglo V. Unidos a Jesús, nos unimos a ese gesto de amor con su Madre.

La Virgen del Carmen, patrona de Rute

Esta imagen de la Virgen del Carmen en Rute es venerada hace siglos, y a través de ella los ruteños han sentido cercana a nuestra Madre del cielo en los momentos de alegría y en los momentos de prueba. Ella es la patrona de este pueblo, que junto a otras imágenes recibe el cariño de todos. La Virgen del Carmen ha sido invocada especialmente en la hora de la muerte, y a ella recurrimos para recomendar a nuestros difuntos, para que sean llevados por ella cuanto antes al cielo. El escapulario que la Virgen del Carmen nos ofrece es un signo de protección y de pertenencia. Con el escapulario ella nos protege de todos los peligros. Portando el escapulario somos identificados como carmelitas, propiedad de nuestra Madre la Virgen del Carmen. Cada año cuando llegan sus fiestas, los ruteños se apiñan en torno a ella. Ella es causa de nuestra alegría, y hoy lo es de manera especial.

La imagen no es la persona, pero la imagen nos remite a la persona. Venerar la imagen es venerar la persona. Mirarla a ella es mirar a la Virgen que está en el cielo y ella nos mira a cada uno con sus ojos misericordiosos. Adornar la imagen es poner guapa a nuestra Madre, porque nos gusta verla como ella es: hermosa, bella, atractiva, Señora y Reina. Los ruteños llevan esta imagen en su retina, en su corazón, en su cartera, en su pecho.

Coronarla es una expresión de cariño, es un beso de amor

Colocar hoy una corona en sus sienes es un gesto simbólico de amor, es como un beso de amor de todos los hijos a su Madre del cielo. Tenemos cada uno tantos motivos para abrazarla, darle un beso lleno de cariño, agradecerle su presencia y su cariño maternal… que me siento especialmente honrado de representar la fe de este pueblo de Rute y en nombre de todos vosotros ceñirle esta corona con el aplauso de todos. Por eso, le pedi al Papa Francisco que esta coronación pudiera hacerla en su nombre y con su autoridad, y me fue concedido. De manera que todos a una, yo el primero, podamos expresar el amor a nuestra Madre con esta corona que hoy ponemos en sus sienes.

Os felicito por la preparación esmerada con que habéis preparado este momento, tan intenso y lleno de emociones y buenos sentimientos. En primer lugar, restaurando la corona. No habéis querido hacer un gasto excesivo, porque el amor más grande no consiste en la corona más cara. Habéis preferido unir la coronación a nuestra Madre del Carmen con la mejor atención a los pobres y necesitados de Rute, acondicionando las instalaciones de Cáritas. En eso os habéis gastado el dinero. Una Madre es capaz de quitarse el pan de su boca con tal que no le falte a sus hijos. La Virgen del Carmen de Rute está muy contenta de que hayáis puesto en lugar preferente a los más necesitados, porque ellos también son sus hijos, sus hijos preferidos.

Os felicito por todo el camino recorrido en estos años de preparación con charlas, catequesis, cultos especiales. Se trata de que este no sea un acto puntual que se celebra y se olvida. Habéis procurado que todos, niños, jóvenes, adultos y ancianos intensifiquen más si cabe su devoción a María. Habéis llevado la imagen de la Virgen del Carmen por todos los barrios de Rute, y, sintiéndola cercana, todos se han volcado con ella. El acto de hoy es el culmen de toda una preparación, que agradezco especialmente al párroco, a la cofradía y a todos sus colaboradores. No era para menos, pues cuando en Rute se toca a su patrona, todo el pueblo ha respondido con fe y entusiasmo, queriendo decirle una vez más: Gracias, Madre, por todo lo que hasta ahora me has dado. Continúa bendiciendo a cada uno de los ruteños, presentes o ausentes, que hoy tienen su corazón puesto en la Virgen del Carmen.

Ella nos da a su Hijo, Ella nos presenta ante su Hijo

Ella vuelve a darnos hoy lo más grande que ella tiene en su vida. Ella nos da a su Hijo, el fruto bendito de su vientre, y vuelve a decirnos: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5), como les dijo en las bodas de Caná. Y haciendo lo que dice Jesús, no faltó el mejor vino, no se agota la alegría de la vida. Ella nos presenta hoy ante su Hijo para hacernos discípulos de este Maestro de vida eterna.

Un pueblo que tiene Madre es un pueblo que está salvado. Sin Madre, estamos huérfanos. Sin Madre, la vida es un desconcierto. Con Madre, nos sentimos seguros, protegidos, queridos. Con Madre nos sentimos hermanos.

Madre bendita del Carmen, aquí tienes a tus hijos de Rute, que hoy se sienten gozosos de coronarte como Reina, como su Reina, como Reina de sus corazones. Bendice a los niños, a los jóvenes, a las familias, a los ancianos. Bendice especialmente a los enfermos y a los que se sienten más necesitados.

Pídale cada uno una gracia especial en este día. Ella lo quiere conceder. Yo te pido especialmente un regalo para tu Iglesia: haz que alguno de tus hijos de Rute se sienta llamado para ser sacerdote de tu Hijo y tú, Madre, asístele con tu amor y tu fuerza para responder generosamente a su vocación.

Ruega por todos nosotros, Virgen del Carmen coronada, patrona de Rute, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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