Los ojos Misericordiosos de María

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 5 de agosto de 2018

Queridos diocesanos:

Para completar nuestra reflexión sobre María como “reina y madre de misericordia” debemos mirar a María también en relación con la Iglesia, con todos nosotros. Desde muy pronto, los fieles percibieron la función maternal de María respecto de la comunidad, que podía acudir confiada a ella invocando su misericordia. La oración más antigua que la Iglesia dirige a María fue escrita en Egipto a finales del siglo III y, en su versión original dice: “Bajo tu misericordia nos refugiamos, madre de Dios. Nuestras súplicas no las rechaces en la necesidad, mas en el peligro líbranos: oh casta, oh sola bendita”.

Los cristianos invocamos la misericordia de María porque sabemos que ella ha experimentado en su vida la misericordia de Dios y, por esto, siente en su corazón las necesidades de todos nosotros, especialmente de los más débiles y necesitados. En un prefacio de la Virgen se dice: “Ella es la Reina clemente, que, habiendo experimentado tu misericordia de un modo único y privilegiado, acoge a todos los que en ella se refugian y los escucha cuando la invocan” (Misa María reina de la misericordia). Su corazón materno –como el de su Hijo- es sensible a todos los hombres, especialmente a los más débiles y necesitados.

Hay un segundo motivo para acudir a María y es que percibimos que ella, durante toda su vida, vivió esa misericordia. Escribía un autor en el siglo X: “Sé que la madre del misericordioso no puede estar sin misericordia. Lo demuestran, mientras vivía todavía en la tierra, su amor a los pobres, su hospitalidad, sus intercesiones, las curaciones del alma y del cuerpo de los que lo necesitaban” (Juan el Geómetra). El episodio de Caná es especialmente revelador, porque en él se muestra la compasión de María y su actitud intercesora ante su Hijo. Es la misma actitud que tiene desde el cielo respecto de todos los hombres. En el prefacio de la Misa de María Madre de la Iglesia se dice: “Desde su asunción gloriosa a los cielos, sigue mostrando su amor y protección a la Iglesia que peregrina hacia la vida eterna, hasta que venga el Señor, lleno de gloria”.

Ahora bien, la tarea principal de María es conducirnos hasta Dios, para que experimentemos su amor. La plegaria de la madre tiene como objeto que nos convirtamos al Dios de la ternura y la compasión. Santa María nos pone en contacto con el amor del Padre, invitando a los hombres a regresar a su casa para que redescubramos su amor y gocemos de él. La Virgen nos lleva también hacia el Hijo y nos repite constantementelo que dijo en Caná: “haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). Finalmente, la intercesión de María se dirige a que el creyente entre en la comunión que crea el Espíritu, cooperando con su acción, para que nuestra vida genere frutos de misericordia.

El antiguo himno a María como reina, la “Salve Regina”, pide de manera especial que vuelva hacia los hombres sus “ojos misericordiosos”.Os invito a pedirle que no se canse de mirarnos con esos ojos, de transmitirnos la dulzura de Dios y nos enseñe a tener también nosotros unos ojos abiertos y un corazón generoso.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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