Al servicio de Monte Toro

Carta de
Mons. D.  Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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Domingo 19 de agosto de 2018

Queridos diocesanos:

En el Santuario de Monte Toro, desde sus mismos inicios, ha existido un grupo de religiosos o religiosas que estuvieron a su servicio, cuidando del culto a la Madre de Dios y atendiendo a los peregrinos y visitantes del Santuario. Es justo agradecer a todos ellos su labor, muchas veces oculta y callada.

Los primeros que vivieron en el Santuario fueron los religiosos mercedarios. Sólo cinco años después de la entrada de Alfonso III en Menorca (1287), ya está atestiguada la presencia de esta orden en la Iglesia designada como “Sancta Maria de Podio Osterno”. Como señala Guillermo Pons, lo más probable es que “Podio Osterno” sea una latinización de “Puig del Toro”. Pero los mercedarios estuvieron poco tiempo en el Toro, porque en 1297, con el paso de Baleares al Rey Jaime II de Mallorca, perdieron sus posesiones y tuvieron que abandonar la isla. La leyenda del Toro, difundida en el siglo XVII, cuenta que fue un fraile mercedario el que encontró la imagen de la Virgen.

El Santuario pasó a ser atendido por el clero y jurados de la Universidad General de Menorca. Desde el siglo XIV hasta el XVI, el Toro contó con uno o varios clérigos encargados del Santuario y con una obrería, formada por un representante de cada universidad o municipio de la isla, que se cuidaba de fomentar la devoción y el culto a la Virgen del Toro.

En el año 1595 se instalaron los frailes agustinos como custodios del Santuario, los cuales durante dos siglos impulsaron a la vida del Santuario y a la devoción mariana. Sin embargo, los frailes tuvieron que abandonar el convento el 20 de agosto de 1835, tras la orden de exclaustración dictada por el gobernador de Baleares.

De nuevo el Santuario fue atendido por el clero de la Diócesis. A comienzos del siglo XX, cuando fue adquirido por el Obispado, se adaptaron los locales existentes y se ampliaron otros para que pudieran realizarse allí ejercicios espirituales.

En 1941 se instaló en el Toro una comunidad de ermitaños de la Congregación mallorquina de San Pablo y San Antonio, que durante más de 20 años estuvieron al cuidado del Santuario, con gran dedicación y empeño.

El relevo fue tomado por las Franciscanas Hijas de la Misericordia, que estuvieron en el Santuario desde 1969 hasta el presente año. Las franciscanas trabajaron incansablemente durante medio siglo. Nuestra gratitud a ellas es grande. Desde Monte Toro las franciscanas han orado por todos nosotros, poniendo ante la mirada misericordiosa de la Madre del Señor los anhelos, aflicciones y esperanzas de nuestro pueblo.

Este mismo mes de agosto comienza una nueva congregación en Monte Toro, las Hijas de la Sagrada Familia, que proceden de Colombia y que tienen un carácter contemplativo. Esperamos que ellas nos ayuden a incrementar el amor a la Virgen y que desde el Toro oren por esta Iglesia.

Mercedarios, agustinos, ermitaños, franciscanas, hijas de la Sagrada Familia y sacerdotes diocesanos han estado durante más de setecientos años al servicio del Santuario, fomentando el amor a Santa María. A todos debemos nuestro reconocimiento y gratitud. Para nuestra Iglesia ha sido un privilegio haber contado con ellos.

✠ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

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