Santa Misa en el XX Domingo del tiempo ordinario

Homilía de
Mons. D. Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba

demetrio19082018

S.I. Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, Córdoba
Domingo 19 de agosto de 2018

Si no coméis mi carne, no tendréis vida en vosotros, –nos acaba de decir Jesús en el Evangelio–. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Venimos escuchando en el evangelio durante todos estos domingos, en el capítulo sexto del Envagelio de San Juan donde Jesús habla de la Eucaristía. Lo que estamos celebrando ahora es precisamente el misterio de la carne de cristo entregada y de la sangre derramada para el perdón de los pecados y al comulgar comemos la carne de Cristo glorificada para tener en nosotros esa vida eterna que Jesús nos da y que no tiene fin, se prolonga más allá de la muerte.

En este evangelio que acabamos de escuchar, Jesús da un paso más. Viene hablando en primer lugar de aquel pan que buscaba la gente porque multiplicó, con cinco panes y dos peces dio de comer a 5000 personas que pensaron que les había resuelto el problema, pero Él dio un paso adelante y les dijo: “no me busquéis por eso, buscadme por el alimento que perdura”, y les habló del pan de la vida que es la Eucaristía y lo pone en comparación y contraste con el maná; “vuestros padres comieron el maná pero murieron, el que coma de este pan, aunque muera, vivirá, porque este pan alimenta en él una vida que no acaba”.

El paso más adelante que hoy escuchamos en el Evangelio es cuando Jesús dice que este pan es su carne, los judíos se asustaron, ¿pero cómo vamos a comer su carne? ¿qué es esto? ¿es que somos antropófagos? ¿es que somos caníbales que comen la carne humana? Debió sonarles fortísimamente y encontró un rechazo en los oyentes, pero Jesús insiste, “si no coméis la carne, si no trituráis con vuestros dientes la carne del Hijo de Dios hecho hombre, no tendréis vida en vosotros”. Con todo este lenguaje ¿Qué nos está enseñando Jesús?

En primer lugar nos está diciendo que Él ha venido al mundo tomando la carne humana que es lo más débil de la existencia humana. Muchas veces nos parece que nuestra relación con Dios o la relación de Dios con nosotros es puramente espiritual, idealista, que está hecha a base de sueños o de pensamientos, no, el misterio cristiano tiene como centro una persona que es Jesucristo el hijo eterno de Dios que se ha hecho carne, “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos contemplado su gloria”. Esta carne Jesús la ha tomado de su Madre Santísima que le ha dado la carne y la sangre como nuestros padres nos la dan a todos nosotros, pero en el caso de Jesús ha sido sólo su madre, sin concurso de varón. Es una carne virginal, por tanto María es madre solamente ella y totalmente ella, madre de esta humanidad y por tanto de la persona de Cristo. Él que ha tomado esta carne de su Madre santísima es la que Él ha ofrecido en la cruz para el perdón de los pecados de toda la humanidad, es la carne inmolada que sustituye al cordero del antiguo testamento. Los judíos en la pascua y los musulmanes también, toman un cordero, lo sacrifican, lo reparten y ese banquete sacrificial litúrgico religioso tiene un sentido profundo a lo largo de la historia en unos y otros. Jesucristo ha querido sustituir el cordero por su carne, por eso decimos antes de comulgar:“cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros”. Él, sobre esa carne mortal que ha tomado de María Virgen y que ha ofrecido en la cruz, en esa carne ha cargado con nuestros pecados.

El misterio de la redención consiste en que Jesucristo ha derramado su sangre como precio de nuestra redención y ha dejado que su carne quede descuartizada, rota, desgarrada en la cruz para nuestra salvación. Esa carne y esa sangre han resucitado. No comemos la carne de un muerto, comemos la carne gloriosa de Cristo que transfigura nuestras vidas. Comulgar es comer a Cristo vivo y glorioso, el que murió por nosotros, el que ha pagado por nosotros con su sangre todos nuestros pecados y nos ha lavado de todos esos pecados purificándonos. Pero en la comunión comemos a Cristo resucitado, el que ha vencido a la muerte, el que vive ya en el cielo para siempre y quiere resucitarnos a nosotros a base de que comamos esta carne gloriosa de la Eucaristía. Además este misterio de la Encarnación se prolonga a lo largo de la historia en muchas situaciones duras y difíciles. Al Papa Francisco le gusta continuamente repetir: “Hemos de tocar la carne doliente de Cristo en los enfermos, en los pobres, en los atribulados, en los que pasan situaciones difíciles en sus vidas”, esa es la carne dolorida de Cristo, y en esa carne dolorida Cristo nos ha dado la salvación. Tener ojos para ver en los pobres, en los afligidos, en los que sufren, allí donde las situaciones son desgarradoras, como la carne de Cristo se hace presente para transfigurar esa situación y hacerla una situación de gloria donde se manifieste la luz, la sabiduría y la grandeza de Dios.

Elcristianismo por tanto no es una filosofía, una ideología, un pensamiento o un sueño, es la carne de Cristo, la carne dolorosa, crucificada en la cruz, la carne gloriosa que Jesús nos da en la Eucaristía y nos invita a que salgamos al encuentro de situaciones duras y difíciles que viven nuestros contemporáneos y en las que a veces nosotros mismos pensamos cómo en esta situación puede estar Dios presente. Precisamente en esa situación y no en otra está presente Cristo crucificado, donde Él infunde su espíritu santo para transformar nuestras vidas y hacernos ya saborear anticipadamente la resurrección.

Por eso en el salmo hemos cantado y repetido “gustad y ved que bueno es el Señor”. No se trata de saborear nuestras derrotas, nuestras tristezas, nuestros fracasos, las cosas que van mal en nuestra vida. No, eso está ahí y lo llevamos con la fuerza de Dios como podemos. Gustad y ved que bueno es el Señor significa descubrir en esas situaciones dolorosas que tú vives y que viven tantos hermanos la presencia de Cristo resucitado, y eso será gustar y ver que bueno es el Señor que de situaciones dolorosas, desgarradoras y tremendas, Él saca buen provecho para nosotros dándonos a comer su carne, su carne crucificada y su carne gloriosa y resucitada.

Nos acercamos por tanto a la Eucaristía en este domingo, tantos enfermos, ancianos, personas que no salen de casa y nos siguen a través de la televisión, hasta vuestras casas llega la Eucaristía. La Eucaristía no es sólo una galleta, no es ni siquiera un trozo de pan, es la carne de Cristo y llega a través de algún ministro extraordinario de la comunión, a través de algún sacerdote, y comiendo la carne de Cristo sentimos todos una fuerza renovadora. Pues que Cristo con su carne nos alimente para que sean cuales sean nuestras situaciones, podamos atisbar al comer su carne gloriosa, que bueno es el Señor, gustad y ved que bueno es el Señor. Acerquémonos a recibir la Eucaristía y disfrutaremos y gocemos de los dones de Dios. Que así sea.

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