Nuestro próximo Plan de Evangelización

gines_garcia_escudoEl Obispo de Getafe

NUESTRO PRÓXIMO PLAN DE EVANGELIZACIÓN

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Comenzamos un nuevo curso pastoral, y lo hacemos con ilusión, la que nace de nuestra fe. Este curso viene rico de acontecimientos para nuestra Diócesis, con la esperanza de que también serán abundantes los frutos que cosecharemos.

El próximo mes de diciembre comenzaremos D.m., el año que conmemora el primer Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles. Momento de gracia que se prolongará a lo largo de todo el año, y en el que tendremos la oportunidad de renovar esta consagración como un acto de amor al Señor, así como el compromiso de ser una Iglesia misionera al servicio de nuestro pueblo.

También en este mes de octubre nos uniremos a la Iglesia universal que celebra en Roma el Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes y a la pastoral vocacional, y el Congreso organizado por la Conferencia Episcopal sobre los laicos y el Apostolado Seglar.

Junto a estos acontecimientos, e inspirándonos en ellos, nos disponemos como Iglesia del Señor que camina en Getafe a preparar nuestro próximo Plan de Evangelización. A lo largo de este nuevo curso os invito a orar, a reflexionar, a dialogar y a sugerir todo aquello que creáis necesario en el caminar de nuestra Diócesis, y a señalar cuáles han de ser sus prioridades pastorales para los próximos años.

Un Plan de Evangelización es un instrumento que tiene como vocación ayudarnos a vivir en comunión y a compartir una misma misión. Por supuesto que el Plan de Evangelización está llamado a ser una ayuda para todas las parroquias y comunidades cristianas en la hermosa y apremiante tarea de anunciar el Evangelio a todos los hombres con obras y palabras.

Un verdadero Plan de Evangelización ofrece criterios de unidad e ilumina el camino común de fe, al tiempo que ayuda a vivir la comunión eclesial, respetando siempre la variedad de los carismas que enriquecen a la Iglesia, teniendo en cuenta la diversidad de personas y comunidades, sin olvidar la identidad propia y las circunstancias particulares de cada una de ellas. No se trata de hacer todos lo mismo y de la misma manera, tampoco de hacer nada extraordinario, sino de andar un mismo camino, bajo la guía del ministerio del Obispo, siendo para el mundo signo de unidad.

El Obispo, como Padre y Pastor de la Diócesis, ofrece a la Iglesia que se le ha encomendado un plan de vida y trabajo pastoral común, y lo quiere hacer con vuestro auxilio, el del Pueblo Santo de Dios, para hacer así visible y efectiva la sinodalidad de la Iglesia.

Nuestro nuevo Plan de Evangelización debe surgir del verdadero sentir de las comunidades de nuestra Diócesis, de su corazón, de vuestras expectativas, de vuestras necesidades, y sobre todo del querer de Dios; para esto es necesario escuchar lo que el Espíritu dice a la Iglesia.

Quisiera que realizáramos esta labor de preparación del nuevo Plan de Evangelización con algunas actitudes que nos inspiren y ayuden a vivirlo como verdadero momento de gracia, no buscando nuestro interés sino siempre el de Jesucristo.

En primer lugar, necesitamos la confianza, la fe, al igual que Abraham poniéndonos en camino. Es el Señor el que viene con nosotros, va delante para animarnos a seguir caminando por la senda por la que venimos haciéndolo a lo largo de estos últimos 26 años de la existencia de nuestra Diócesis, y, al mismo tiempo, nos invita a mirar con esperanza e ilusión, desterrando todo temor, al futuro.

No estamos solos, la consoladora presencia del Señor a nuestro lado nos anima a dar respuesta cada día a los retos nuevos que se presentan a la evangelización. Y si alguno ha caído en la tentación de quedarse rezagado, de no caminar al ritmo de la Iglesia, es también el Señor quien viene detrás para empujarnos, para mostrarnos el camino de la salvación, para ayudarnos a mirar más allá de nuestra corta mirada, de nuestras preferencias, de nuestras ideas cerradas, para mirar al horizonte amplio de la vida eterna, meta del hombre y del mundo.

En el trabajo que se os propone en este documento “¡Ve a la tierra que yo te mostraré!”, es también fundamental la oración, un clima orante. Se trata de dar respuesta a lo que Dios nos pide, a lo que espera de nosotros, como lo hizo con Abraham, nuestro padre en la fe.

Antes de responder a las preguntas o de dar las sugerencias que se piden, hemos de ponernos en la presencia de Dios, hacerlo en un momento de oración, ya sea personal o comunitaria. Permíteme que insista en la necesidad de escuchar lo que el Espíritu pide a nuestra iglesia.

También es necesaria la libertad. No se trata de decir lo que el otro espera escuchar de ti, sino lo que cada uno cree que debe aportar para el bien de todos. Es necesario mirar nuestra realidad, contemplar nuestras comunidades, y discernir cuáles son las verdaderas necesidades que tenemos para seguir siendo una Iglesia evangelizadora y misionera.

Necesitamos también la humildad. Despojarnos del calzado de lo que siempre hemos hecho, de lo que en otros momentos ha podido ser conveniente y ya no lo es, para buscar lo que Dios quiere y espera en este momento de nosotros. La humildad verdadera nos dará valentía para decir aquello que hemos de decir, y para buscar sin miedo la voluntad de Dios en todas las cosas. Necesitamos la audacia evangélica de los que saben que la Iglesia es de Dios.

Nos tiene que inspirar en todo momento el deseo de comunión. Somos una iglesia grande, rica y plural, pero la iglesia no es tal si no vive la comunión, comunión con Dios que nos convoca, y comunión con los hermanos. Nuestra riqueza es también nuestra variedad, y seremos ricos en la medida que seamos capaces de compartir nuestros dones con los demás y ponerlos al servicio de todos.

Por último, no nos olvidemos de los más pobres. Pienso en este momento en los que no tienen lo necesario para vivir con dignidad, pero también pienso, no puedo dejar de pensar, en aquellos que viven la pobreza de la ausencia de Dios. Son muchos, muchísimos, los hombres y mujeres de nuestra tierra que no conocen al Señor, que no participan en la vida de la Iglesia, que no tienen el consuelo de la fe. Nuestra misión ha de ser universal, nuestra misión es para todos. Cómo me gustaría que todos los que viven con nosotros conocieran al Señor, lo amaran y lo siguieran.

Agradezco a los que han hecho posible este documento de trabajo que hoy tenéis en vuestras manos. Y os invito a todos, sacerdotes, consagrados y laicos a trabajar con empeño e ilusión en este proyecto de nuestro próximo Plan de Evangelización.

Encomiendo este trabajo a la Virgen Santísima, la Madre de la Iglesia, y a los Santos de nuestra Diócesis, que con su intercesión nos ayuden a todos a vivir y a servir al Señor en su Iglesia.

Con mi afecto y bendición.

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✠ Ginés García Beltrán
Obispo de Getafe

Sábado 8 de septiembre,
Fiesta de la Natividad de la Virgen María.

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