Córdoba en el Corazón de Cristo

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Carta Pastoral de
Mons. D. DEMETRIO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ
Obispo de Córdoba
al inicio del curso 2018-2019

«Córdoba en el Corazón de Cristo»

1. La realidad superó la expectativa: el Encuentro Diocesano de Laicos (7 octubre 2017)

El acontecimiento más importante que ha vivido nuestra diócesis en el curso que termina ha sido indudablemente el Encuentro Diocesano de Laicos, celebrado el 7 de octubre de 2017, en el que participaron presencialmente más de nueve mil personas, procedentes de toda la diócesis en sus cuatro Vicarías: de la Sierra, del Valle, de la Ciudad y de la Campiña. La mañana comenzaba en el Colegio Trinidad con un acto común de oración, reflexión y testimonios acerca de la identidad del laico en la Iglesia, para luego repartirse en tres talleres simultáneos sobre la familia y la vida, sobre la educación y sobre la acción caritativo/social con los pobres. Las horas centrales del día estuvieron dedicadas a la procesión del Santísimo Sacramento, que partía de la parroquia Beato Álvaro, acompañado por la imagen de la Virgen de la Fuensanta, en un cortejo procesional participado por muchas Cofradías y Hermandades de la diócesis, para desembocar en la Plaza de toros de la ciudad, con una larga adoración eucarística, seguida de la celebración de la Eucaristía y rematando allí mismo con un concierto de música católica moderna, que por cierto ha obtenido el premio al mejor evento musical del año.

No ha sido un acontecimiento aislado ni un acto puntual. Remotamente, ha sido el resultado de la primera vuelta de la Visita pastoral a toda la diócesis por parte del Obispo. En dicha Visita he podido encontrarme con miles y miles de fieles laicos que, junto con los religiosos y consagrados, en torno a sus sacerdotes hacen presente la Iglesia en todas las parroquias e instituciones de la diócesis. La catequesis parroquial, la atención a los pobres a través de Cáritas, el mantenimiento de la parroquia y sobre todo la dignidad de las celebraciones litúrgicas estaban sostenidas por grupos de laicos en cada parroquia, algunos de ellos desde hace muchos años, otros incorporados más recientemente. Al mirar en perspectiva ese inmenso horizonte pensé que podría hacernos bien a todos reunirnos en Asamblea santa, celebrar juntos la Eucaristía y vivir una jornada en torno al Señor resucitado, que nos ha llamado a su santa Iglesia. La condición de laicos, presencia de la Iglesia en el mundo, quedaría reforzada con este encuentro. Y nos pusimos en marcha, contando con la preciosa colaboración del Consejo Diocesano de Laicos y de la Delegación diocesana de Apostolado seglar.

El resultado ha sido espléndido. Al comenzar ahora la segunda vuelta de la Visita pastoral, he recibido el testimonio de muchos fieles que participaron en el evento y de muchos sacerdotes que pudieron participar en el mismo. Todos quedaron encantados. Fue un verdadero encuentro eclesial, que dejó a todos buen sabor de boca, sobre todo por la experiencia de pertenencia a un Iglesia viva, que camina en esta querida diócesis de Córdoba, y por el deseo misionero que se avivó en muchos corazones, asumiendo el verdadero papel de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Se acrecentó la unión con Jesucristo, el sentido de pertenencia a la Iglesia y el deseo misionero de llevar a otros lo que habíamos visto y oído, lo que pudimos experimentar en este Encuentro Diocesano de Laicos. Así se ha constatado igualmente en la reunión del Consejo diocesano de pastoral y en las sesiones posteriores del Consejo Diocesano de Laicos, Consejo Presbiteral y Colegio de Arciprestes.

2. Y después de este Encuentro, ¿qué?

Esa es la pregunta que nos hicimos y nos hacemos ante un acontecimiento de este calibre, en el que hemos invertido tantas energías. La respuesta no puede quedar reducida a lo que se ve simplemente. Un acontecimiento de este tipo deja una huella profunda en el alma de la diócesis, que no es fácil tematizar. La experiencia de Jesucristo resucitado en medio de su pueblo, la presencia de María que acompaña siempre a sus hijos, la reflexión acerca de los retos que nuestro mundo de hoy nos plantea, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios y dejándonos interpelar por las necesidades de los hombres de hoy. La experiencia de una Iglesia viva y joven, que tiene futuro, la alegría de vivir todo esto en una comunión que desborda los lazos de la carne y de la sangre. El impulso misionero que brota en la comunión de los santos. Todo ello no puede ser cuantificado por ningún termómetro al uso. Ahí queda en la historia de salvación del Pueblo de Dios que camina en Córdoba.

Pero junto a esa experiencia inexpresable, que será motor de muchas otras actividades y que es alimento de muchas esperanzas, el propio Encuentro nos proporcionó como un material resumen de las líneas de fuerza que lo motivaron, líneas de fuerza que estuvieron presentes en la reflexión de muchos grupos y personas que lo prepararon, líneas de fuerza que articularon el desarrollo de la Jornada y que han quedado condensadas en el documento “Unidos para que el mundo crea. Objetivos y líneas de actuación para el Apostolado Seglar de la Diócesis de Córdoba a partir del Encuentro Diocesano de Laicos 2017”[1]. Vale la pena volver sobre este documento, trabajarlo en los grupos de laicos y hacer operativas las propuestas que en el mismo se apuntan.

Al objetivo general de poner al laicado diocesano en permanente estado de misión, en línea con la insistencia del Papa Francisco acerca de una Iglesia en salida, una Iglesia misionera, una Iglesia que sale en busca de nuestros contemporáneos, se añaden cuatro objetivos específicos:

1.- crecer en la conciencia y necesidad de una mayor comunión (koinonia) diocesana

2.- actualizar, renovar y suscitar nuevos agentes pastorales para la Nueva Evangelización.

3.- con una espiritualidad laical bien fundada y bien alimentada.

4.- en torno a la familia, como testimonio gozoso de los cónyuges y de las familias, iglesias domésticas.

5.- fortaleciendo la acción caritativa y social, desde la auténtica opción preferencial por los pobres.

En el documento se apuntan propuesta muy concretas a desarrollar en cada parroquia, grupo o comunidad, de manera que, aportando cada uno y cada grupo lo mejor de sí mismo, vivamos la comunión eclesial para que el mundo crea. Los laicos deben pasar cada vez más de ser buenos “colaboradores” a ser “corresponsables” en la acción de la Iglesia, nos recordaba Benedicto XVI[2]. No echemos en saco roto todo ese caudal y sigamos adelante con la ayuda del Señor.

Por mi parte señalaría algunos cauces concretos:

– Activar el plan de desarrollo pastoral que incluye los aspectos económicos de cada parroquia o institución. En este sentido dar participación cada vez más amplia a los seglares que participan en los Consejos parroquiales Pastorales y de Asuntos Económicos, para promover la corresponsabilidad de los laicos, la transparencia económica y allegar más fondos hasta llegar a la autofinanciación. Nos reuniremos en el primer trimestre para impulsar esta acción.

– Ofrecer una formación doctrinal-pastoral común para todos los laicos de parroquia, que quieran seguirla. Hemos venido haciéndolo en los años pasados, y por este cauce ha sido preparado el Encuentro Diocesano de Laicos. El resultado es positivo y hay demanda de ello.

– Potenciar la formación de los acompañantes de la Acción Católica General y de grupos parroquiales similares.

– Extender a toda la diócesis la implantación de la Acción Católica General, como grupo de parroquia/diócesis, con un plan de formación propio (el que se prepara para todos), con una organización propia por parte de los laicos, en plena comunión con el párroco/obispo de la diócesis.

– Caminar en la colaboración interna de Delegación de Juventud, Acción Católica General (sección jóvenes) y Escuela de Ocio y Tiempo Libre Gaudium, de manera que puedan potenciarse mutuamente, sobre todo en la formación de los monitores y acompañantes de los demás jóvenes y niños. Tenemos un alto contingente de monitores, que tienen una importancia grande en la transmisión de la vida cristiana a los más pequeños. Y de los campamentos de verano y la catequesis parroquial va surgiendo un buen número de chavales, a los que hay que dar cuerpo orgánico interparroquial y diocesano. Sería la Acción Católica de niños (o equivalente).

3. Continuando la Visita Pastoral

La Visita pastoral es una acción permanente del Obispo en su diócesis. Cuando termina en un lugar, continúa en otro, de manera que esa tarea permanente le permite acercarse a cada parroquia, a cada grupo o comunidad, a cada cofradía y hermandad, a cada colegio o instituto. La Visita pastoral no se termina nunca. Es tarea connatural al ministerio pastoral del obispo.

La primera Visita ha sido más intensa, dedicando más tiempo a cada parroquia. Esta segunda vuelta me lleva menos tiempo, porque la diócesis ya ha sido pateada en la primera vuelta, y ahora se trata de volver a vernos, para impulsar la vida pastoral de cada parroquia o institución y para celebrar gozosamente nuestra pertenencia a la Iglesia. Cuando leemos los Hechos de los Apóstoles o las Cartas del Nuevo Testamento, vemos que los apóstoles iban de comunidad en comunidad, predicando el Evangelio, celebrando los misterios, consolando a los que sufren y abriendo nuevos caminos al Evangelio. Hoy, el Papa Francisco nos anima constantemente en esa dirección, una Iglesia en salida, una Iglesia misionera, que no se instala en lo ya adquirido ni vive en actitud de mantenimiento, sino que se renueva constan temente ante los nuevos retos que el cambio de época le demanda.

Este curso que ahora comenzamos recorreré, si Dios quiere, todas las parroquias de la Vicaría del Valle del Guadalquivir, donde además de la tierra fértil en productos de la huerta en regadío, hay comunidades fervientes en la fe. Ojalá que la visita del Obispo, como sucesor de los apóstoles, afiance la pastoral de iniciación cristiana, la pastoral familiar, la piedad popular, la proliferación de la Acción Católica General en todas las parroquias, la caridad con los pobres y necesitados.

4. Córdoba en el Corazón de Cristo

El 30 de mayo de 1919, en el Cerro de los Ángeles (Getafe), centro geográfico de España, se congregaron las autoridades religiosas, civiles y militares, con gran multitud de fieles, junto al recién construido monumento al Sagrado Corazón de Jesús, presididos por el Nuncio Apostólico. Arrodillados todos los presentes, el rey Alfonso XIII, de pie, en nombre del pueblo español, hizo lectura solemne de la oración mediante la cual se expresaba públicamente la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. Se daba cumplimiento de esta manera a la petición del Papa León XIII de consagrar el género humano al Corazón de Cristo, expresada en la encíclica Annun Sacrum (11 de junio de 1889).

En Córdoba, diez años después, era inaugurado el monumento al Sagrado Corazón de Jesús en Las Ermitas. Era el 24 de octubre de 1929, en la fiesta del arcángel san Rafael, Custodio de Córdoba. Las campanas de la Iglesia del Juramento tocaron desde muy temprano para convocar a los fieles, que fueron caminando hasta Las Ermitas donde se había construido el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, que hoy conocemos y que ha sido recientemente restaurado. Fue su arquitecto Ramos Zapatero y el escultor Lorenzo Collault Valera. El obispo de Córdoba, D. Adolfo Pérez Muñoz, fue recibido por los Ermitaños del lugar y celebró solemne pontifical, en el cual hizo la consagración de la ciudad y la diócesis al Sagrado Corazón. Acudieron 25.000 personas, cuando la ciudad tenía 85.000 habitantes.

Córdoba, como tantas ciudades del mundo[3], cuenta con esta protección del Corazón de Jesús y al mirar su imagen que bendice la ciudad, tantos cordobeses han renovado su consagración a este Divino Corazón, sobre todo en los momentos de dificultad y persecución que no han faltado en estos años.

¿Qué sentido tiene hoy un acto como aquel? Las formas externas han cambiado, como pasan las costumbres y las modas. España hoy ya no es un país confesional, como lo era entonces. Es impensable, por tanto, que el Rey u otra autoridad civil realicen la renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón en nuestros días. Pero el amor de Dios no cambia. “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hbr 13,8), y la efeméride del centenario y del noventa aniversario debe convertirse para nosotros en Córdoba como una ocasión propicia de profundizar en el amor de Dios, manifestado en el Corazón de Cristo, para renovar nuestra consagración y asumir el compromiso correspondiente con la civilización de amor, en el “venga a nosotros tu Reino” continuo.

El Reino de Dios y su reinado en la historia tienen en Jesucristo su plenitud. El Corazón de Cristo es el epicentro de ese reinado, porque Cristo es Rey “de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, amor y paz” (Prefacio de Cristo Rey). Hoy más que nunca es necesario que el Reino y el reinado de Dios se expandan a todos los niveles, empape todos los ambientes, transforme todas las sociedades. Y eso empieza por la conversión de corazón de cada uno, porque el Reino de Dios está dentro de vosotros. Y se va extendiendo al orden social, empapando todas las realidades presentes con la luz y la sal del evangelio.

5. Profundizar en el culto y la espiritualidad del Corazón de Jesús

5.1. Tres claves de interpretación

Objetivo principal de este curso será profundizar en este aspecto de la vida cristiana, que tiene como tres claves de interpretación:

1. El centro de la vida cristiana es una persona, Jesucristo. Y el motor de todo el misterio de la redención es el amor. Dios tiene corazón, es ternura y misericordia con nosotros. Ese corazón de Dios se ha hecho carne en Jesucristo. Nuestros pecados han sido reciclados en su corazón, de donde brota abundante su perdón para todos. En su sangre hemos sido lavados. Sus heridas nos han curado. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

A lo largo de la historia han sido varios los intentos de desviar esta intención del amor, buscando otros motivos en el corazón de Dios o en el devenir de la historia:

Que Dios actúa con venganza justiciera, con ira implacable, vienen a decirnos algunos reformadores protestantes, y de esa ira justiciera Jesucristo sería la víctima expiatoria. En ese contexto, san Juan de Ávila y los autores católicos del siglo XVI subrayan con insistencia el amor de Dios por encima de todo. Ahí tenemos su Tratado del Amor de Dios, una joya de la espiritualidad católica.

Que Dios exige de nosotros una pureza inalcanzable, como enseñaban los jansenistas. En este contexto, las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque en Paray-le-Monial han expandido el amor de este Corazón que tanto ha amado a los hombre y de ellos recibe ingratitudes y ofensas. La Compañía de Jesús ha recibido el encargo de difundir esta espiritualidad.

Que el progreso de la historia consistiría en la supervaloración de la razón humana, rompiendo toda relación con Dios, enseñaba la Revolución francesa. Es el siglo del ateísmo teórico y práctico. Ahí tenemos a finales del siglo XIX Santa Teresa del Niño Jesús, que alcanza la santidad y es declarada doctora de la Iglesia por el camino de la sencillez, de la infancia espiritual, de la confianza en la infinita misericordia. Y el contemporáneo Carlos de Foucauld, el hermanito Carlos, traspasado por el amor del Corazón de Cristo. O nuestra santa Rafaela María Porras, fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón, por señalar una entre tantos fundadores que se inspiran en el Corazón de Cristo.

Que la subversión del orden constituido a través del odio y la lucha de clases nos llevarían al paraíso terrenal, nos enseñan los marxistas o los nazis, en un mundo ya sin Dios. En ese contexto con los horrores de la guerra y de los campos de concentración, Santa Faustina Kowalska ha llenado el siglo XX de la misericordia divina, prolongada por san Juan Pablo II en la institución del domingo de la divina misericordia.

Que el hedonismo, el consumismo, el poder sería la meta de todo corazón humano, nos enseñan las últimas doctrinas nihilistas, tan influyentes en nuestra generación. Santa Teresa de Calcuta es un icono de nuestra generación, que vence toda ideología utilitarista con el amor más puro a los más pobres de los pobres, hasta el punto de ser reconocida como premio Nobel de la Paz.

Es el amor, sólo el amor el que vencerá todas las dificultades, es el amor el único horizonte que hace posible la esperanza en cualquier situación humana. Es lo que viene a recordarnos el culto y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Dios tiene corazón, un corazón sensible a nuestra realidad limitada y pecadora. Dios se siente especialmente atraído por nuestra debilidad, y se ha compadecido de nosotros por su amor inmenso, enviando a su Hijo único para hacerse hermano nuestro. Y este Hijo nos lleva sobre sus hombros a la casa del Padre. La historia de Jesús es una historia de amor en correspondencia a ese amor primero del Padre. Jesús se ha sentido querido inmensamente por su Padre, que le envía el Espíritu Santo (amor divino) y le conduce a la misión redentora.

2. El drama redentor, movido por el amor de Dios, incluye la plenitud de justicia de un corazón humano. El amor no sustituye la justicia debida. Y el pecado supone una ofensa a Dios, que ha de ser reparada en clima de amor[4].

En el corazón de Cristo no cabe otra cosa que amor. Amor a su Padre Dios y amor a nosotros los hombres. En un exceso de amor se ha entregado hasta el extremo, mostrando que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los hermanos. El Corazón de Cristo es un corazón sensible a nuestra correspondencia de amor, es un corazón que sufre cuando le damos la espalda y que goza cuando correspondemos a su amor. Es un corazón siempre dispuesto al perdón, es amigo que nunca falla. El culto al Corazón de Cristo recuerda todo esto, para sentirnos amados, profundamente amados, tiernamente amados hasta el extremo. Y de esa manera, “amor saca amor”, como nos recuerda la santa abulense. Es decir, celebramos el amor del Corazón de Cristo para que de nosotros brote amor de correspondencia, amor de reparación por tantas ofensas que este Corazón recibe de los humanos de nuestro tiempo, amor que estimula a la construcción de una nueva civilización del amor.

La reparación forma parte esencial de la vida cristiana, pues Jesucristo nos ha redimido no por el camino de la amnistía total (sin pago apropiado), sino por el camino del amor que incluye la justicia. Es decir, Jesús ha devuelto al Padre todo y más de lo que nosotros le hemos robado con nuestros pecados. La colaboración humana en el misterio redentor dignifica al hombre, pues le hace capaz de pagar lo que debe, poniendo Dios en su corazón humano la capacidad para devolver. No se trata, por tanto, de un Dios justiciero (“La haces, la pagas”), sino de la expresión de un amor más grande: “la has hecho, te doy la capacidad de pagarla unido al Corazón de Cristo, que ha pagado por todos y nos da capacidad para completar en nosotros lo que falta a la pasión de Cristo en favor de su cuerpo que es la Iglesia”. El Corazón de Cristo es por tanto nuestro descanso, no sólo porque en él nos sentimos amados sin medida, sino porque en ese Corazón podemos devolver al Padre en justicia lo que no podríamos darle desde nuestra ruina. No podemos vivir la vida cristiana como una amnistía permanente, en la que no hay nada que restituir, sino como una capacitación permanente en la que, descansando en el Corazón de Cristo, podemos poner ahí nuestros deseos y obras de cada día para contribuir a una digna reparación. Este es el sentido más profundo del ofrecimiento de obras en cada jornada.

3. Este amor de corazón a corazón no es algo que se resuelve en la pura intimidad, sino que partiendo de lo más hondo de la persona tiende a expandirse en el entorno y a transformar la realidad social en la que vivimos. Este es el Reinado social de Cristo, que en el Vaticano II ha encontrado todo un despliegue, sobre todo al hablar de la relación de la Iglesia con el mundo (Gaudium et spes) y de la vocación de los laicos, llamados a transformar el mundo según Dios, en el contexto de la autonomía de las realidades terrenas.

En la mentalidad laicista y liberal de nuestros días, la religión y los sentimientos religiosos a lo más son permitidos, cuando no hostigados o perseguidos. Pero no se permite que empapen el tejido social. Se pretende recluir en el foro de la conciencia y en el ámbito de las sacristías toda repercusión de lo vivido religiosamente. Con ello, se elimina del espacio público toda presencia de lo religioso. He aquí el más puro laicismo, sostenido por fuerzas contrapuestas como son el marxismo y el liberalismo. Si eres religioso, si eres creyente, mejor para ti, pero guárdalo en tu conciencia, no lo exteriorices, porque al exteriorizarlo puedes herir la actitud del no creyente. El laicismo conduce por tanto a la eliminación de lo religioso en la vida pública, en las leyes, en las costumbres. Se considera lo religioso como algo negativo y la fe como un empequeñecimiento de la persona, encogida y temerosa, que se refugia en la fe, porque no es capaz de afrontar los retos de la vida. Este laicismo es antirreligioso y en muchas ocasiones deriva en persecución de lo religioso.

Nada más falaz. La vida religiosa, la de cualquier religión, y especialmente la vida cristiana respeta las creencias de otros, descubre en ellas elementos positivos que le permiten el diálogo y la colaboración en causas comunes, como la justicia y la paz del mundo, y considera que la presencia de lo religioso en el espacio público no menoscaba la libertad de la convivencia en el respeto a las convicciones de los demás, incluida la actitud del ateísmo teórico y práctico tan extendido en nuestro tiempo. Es lo que se ha dado en llamar “laicidad positiva”, frase que acuñó Sarkozy[5] y que ha ampliado Macron[6], ambos presidentes de la República francesa, la patria del laicismo.

La postura de la Iglesia en este tema está claramente expresada en el Vaticano II, y es pionera en la relación de la fe y las realidades de este mundo, al hablar de la autonomía de las realidades temporales (GS 36)[7].

El culto al Corazón de Cristo, por ser la esencia de la vida cristiana, incluye esta dimensión social, visible, transformadora de la sociedad. Es lo que llamamos el Reinado social del Corazón de Cristo. En otras épocas incluía el nacionalcatolicismo, esto es, un Estado confesional en el que la religión católica era norma de conducta para todos. Hoy, ese Reinado social incorpora la doctrina social de la Iglesia, acepta la aconfesionalidad del Estado, respeta la autonomía de los Parlamentos y su capacidad para elaborar las leyes. Quiere llevar, respetando la libertad de todos, el Evangelio a la vida diaria de las personas, de las instituciones, de las costumbres, de la vida no sólo privada, sino pública de las personas que libremente se adhieren a ello. Este Reinado social no se impone desde fuera, sino que llega al corazón humano y desde ahí quiere conquistar por la vía del amor todos los corazones y toda la sociedad.

Nos falta en España, y yo diría en Europa, un laicado bien fundado en la doctrina social de la Iglesia y que se atreva a bajar a la arena de la vida pública, donde uno recibe tortazos por todas partes, para hacer una propuesta clara y valiente del Evangelio. No estoy proponiendo un retorno a la confesionalidad del Estado, pero me gusta soñar con un laicado –tenemos miles y miles de laicos muy buenos– que sean capaces de hacerse presentes allí donde se juega el futuro de nuestra sociedad. Los laicos son la Iglesia en el mundo, que lo van transformando a manera de fermento. Mientras los laicos no asuman este papel, la Iglesia no ha cumplido su misión. De ahí, mi empeño constante de formar bien a nuestros laicos, especialmente a los más jóvenes, porque serán ellos los que tendrán que afrontar el cambio de nuestra sociedad, aunque la inmensa mayoría de ellos no tenga que implicarse en la vida política.

5.2. Una legión de mártires, al grito de “Viva Cristo Rey”

El siglo XX ha sido el siglo de los mártires. Tres de cada cuatro mártires de la historia de la Iglesia son mártires del siglo XX. Cuando miramos la historia de la Iglesia, nos impresionan aquellos tres primeros siglos en los que la Iglesia era perseguida hasta querer eliminarla. Los poderes del infierno no pudieron contra ella, sino que por el contrario, floreció con gran vigor en medio de las persecuciones. Y la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos, recordaba Tertuliano. El Papa Juan Pablo II, mirando al futuro, concluía: Estamos ante una nueva primavera de la Iglesia, regada por la sangre de los mártires del siglo XX. Mártires en México, mártires en los países del Este europeo, mártires en África, mártires en España, en China, en Corea, en Vietnam, etc y tantos otros lugares del mundo.

Pues ha sido en el martirio donde se ha mostrado ese amor hasta el extremo. El amor de Cristo hacia cada uno, dándoles fortaleza en el momento supremo. Y el amor de cada uno de ellos a Jesucristo, pues el martirio es la máxima expresión de amor a Dios por parte del que lo padece. A lo largo de estos cien años de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, los cristianos de nuestra patria han sufrido la más cruenta de las persecuciones de su historia y la Iglesia ha recibido de ellos el máximo testimonio de amor de sus mejores hijos, muchos de ellos ya glorificados por la Iglesia y otros en camino de ello. Nuestra diócesis de Córdoba es una tierra bendecida por este testimonio. Es conmovedor, al leer la biografía y el martirio de cada uno de ellos, el grito vibrante de “Viva Cristo Rey” como expresión de amor a Cristo, como oración desgarradora de quienes alistados en su seguimiento eran capaces de perdonar en el momento supremo, como lo hizo el Maestro. Aquella persecución y sobre todo aquellos mártires trajeron a España bendiciones incesantes en el compromiso de los laicos por transformar la sociedad; son los años más fecundos de la Acción Católica, el nacimiento del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, el afianzamiento de la Adoración Nocturna, etc. Surgieron las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio por docenas en cada diócesis. Qué misterio, la Iglesia crece de manera desbordante cuando es perseguida. No temamos la persecución, Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.

La renovación de esta consagración al cumplirse los cien años para toda España y los noventa años del Monumento en Córdoba, quiere evocar esos frutos para pedir que los laicos de nuestro tiempo, bien formados en la doctrina social de la Iglesia, incidan en la sociedad de nuestro tiempo para impregnar nuestros ambientes del Evangelio de Jesucristo. Esta renovación fortalezca la decisión de quienes se sienten llamados a seguir a Jesucristo por el camino de la vida con sagrada y en la vocación sacerdotal. Necesitamos jóvenes valientes que rompan contracorriente y se decidan a seguir para toda su vida al Amor de los amores, nuestro Señor Jesucristo, para instaurar la civilización de amor en nuestros días. El amor de Cristo nos apremia (caritas Christi urget nos: 2Co 5,14) en el rostro de tantos otros jóvenes y adultos rotos de desamor en el camino de la vida. La religión cristiana es la religión del amor, es la religión del corazón, es la única que puede sanar todas esas heridas, cuyo bálsamo y medicina es el amor. Y el Evangelio es el único que ofrece una esperanza que el mundo no puede ofrecer.

5.3. Año jubilar: Una peregrinación del Sagrado Corazón por todas las parroquias

Para evocar todo este caudal de gracia, el Papa Francisco nos concede un año jubilar, desde el 24 de octubre de 2018 hasta la misma fecha en 2019. Os invito a fomentar en cada parroquia y en cada familia esta espiritualidad del Corazón de Cristo. Proponemos una larga peregrinación de la imagen del Sagrado Corazón por cada una de las parroquias de nuestra diócesis (como hemos hecho con la imagen de la Virgen de Fátima en su momento), durante la cual se renueve la consagración al Corazón de Cristo, personal y por familias e instituciones, se extienda la práctica de la adoración eucarística, la comunión eucarística reparadora, la confesión sacramental y la posibilidad de lucrar las indulgencias que la Iglesia dispensa. Ofrecemos aparte el calendario para toda la diócesis.

6. La familia ocupa un lugar preferente

Nos encontramos en el 50 aniversario de la publicación de la encíclica Humanae vitae (25 julio 1968) por parte del Papa beato Pablo VI, que es canonizado el 14 octubre 2017. Este Papa santo, protagonista del Vaticano II, consultó a todos, creó una Comisión, oró intensamente y nos ofreció esta pauta definitiva en el tema delicado de la sexualidad y su ejercicio en el ámbito matrimonial.

El Papa Pablo VI hace un canto al amor de los esposos, diciendo que ha de ser un amor humano y humanizador. Es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es una simple efusión del instinto o del sentimiento, sino que es también y principalmente un acto de la voluntad humana. Es un amor que va convirtiendo a los esposos en un solo corazón y los va conduciendo a la perfección de cada uno. Es un amor total, es una forma singular de amistad personal, que se goza no sólo en recibir, sino en darse sin reservarse nada. Es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte. Así lo entiende el esposo y la esposa el día que lo asumen libremente. Puede conocer momentos de prueba, pero esa fidelidad es posible, noble y meritoria. Así lo demuestran tantos matrimonios de hoy y de siempre. Es un amor fecundo, porque normalmente se prolonga en el don de los hijos, que son el don más excelente del matrimonio y contribuyen al bien de los padres.

Amor conyugal en su doble aspecto unitivo y procreativo, dos aspectos inseparables, que se incluyen el uno en el otro. La separación o supresión de uno de esos aspectos mata el amor auténtico. Todo acto de unión de los esposos debe estar abierto a la vida. El conocimiento de la propia fertilidad será un elemento necesario para ser administradores de la propia sexualidad y no dueños arbitrarios. Siendo tema delicado y perteneciente a la zona más íntima de los esposos, suscitó todo tipo de reacciones, como si la conciencia no tuviera que estar rectamente formada desde la enseñanza de la Iglesia. Uno de los apoyos más fuertes que tuvo el Papa en su decisión fueron los estudios e informes del cardenal Wojtyla, después Juan Pablo II, que amplió la intuición profética de Humanae vitae en tantas intervenciones propias como las Catequesis sobre el significado esponsal del cuerpo humano (1979-1984) o la Exhortación Familiaris Consortio (1981).

La Iglesia ha dedicado recientemente dos Sínodos al tema de la familia[8], porque se siente urgida en este momento preciso a salir al encuentro de la familia para anunciar a nuestra sociedad el evangelio de la familia, en medio de la erosión que padece. Las dificultades en este y en todos los campos son ocasión para reforzar la atención a lo que el Espíritu dice a su Iglesia. La Exhortación Amoris laetitia (19 marzo 2016) del Papa Francisco ofrece doctrina abundante para iluminar el tema del matrimonio y la familia en nuestros días: valor y significado del amor humano, necesidad de educar en el verdadero amor, atención a las familias en todas sus situaciones y especialmente a las que sufren algún deterioro, para salir a su encuentro, pues la Iglesia madre no quiere desentenderse de ellas. El 9º Encuentro Mundial de las Familias[9] en Dublín, celebrado en agosto de 2018 con el lema: “El Evangelio de la familia, ¡Alegría para el mundo!” ha tocado el siempre actual tema de la familia. La Iglesia tiene una buena noticia para el hombre de hoy: la familia según el plan de Dios es lo único que hace feliz el corazón humano.

La Delegación de Familia y Vida presta atención a este campo con la colaboración del Consejo Diocesano de Fa milia y Vida y por medio de sus enlaces arciprestales y parroquiales, el trabajo constante de los COF (en la Ciudad, la Campiña y la Sierra), el proyecto Raquel (para el síndrome postaborto), la atención a los monitores del Curso prematrimonial, el Curso de TeenStar (educación afectivo-sexual para niños, adolescentes y jóvenes), los Cursos de conocimiento de la propia fertilidad (Billing, Sintotérmico, Naprotec, etc.), el Master sobre Matrimonio y Familia del Instituto Juan Pablo II. Al mismo tiempo, han proliferado los grupos, asociaciones y movimientos familiaristas: Equipos de Nuestra Señora (ENS), Movimiento Familiar Cristiano (MFC), Proyecto de Amor Conyugal, además de la atención preferente a la familia que hoy se presta en los grupos y comunidades ya existentes: Acción Católica General, Movimiento de Cursillos de Cristiandad, Comunidades Neocatecumenales, etc.

En este contexto familiar, me propongo constituir el Centro Diocesano de Protección de Menores, para salir al paso de la protección de aquellos Menores que han sido o pueden ser potencialmente víctimas de abusos sexuales, tan extendido en nuestros días. La Iglesia quiere ser un espacio seguro especialmente para los Menores y las personas vulnerables, aplicando la tolerancia cero en este campo y con programas de prevención y rápida atención a las víctimas, que han de ser escuchadas y atendidas. En el campo educativo de nuestros colegios, en el ámbito de nuestras parroquias y catequesis, en el entorno de las familias, la protección de los Menores y personas vulnerables debe estar en la prioridad de nuestra solicitud pastoral. Para eso, contaremos con programas de formación permanente de los agentes que actúan en nombre de la Iglesia, programas de prevención y detección inmediata de eventuales transgresiones, programas de acompañamiento y ayuda a los Menores y sus familias, sus educadores y catequistas. El Papa Francisco nos invita a ello, ha creado para ello una Pontifica Comisión Internacional de Protección de Menores, con la que estamos en contacto, contamos con su ayuda y cuyas pautas queremos seguir en nuestra diócesis para crear una “cultura de protección” entre nosotros[10]. Y prolongando esta solicitud maternal de la Iglesia por sus hijos heridos, vayamos creando lugares de acogida, personas que acompañan, con itinerarios precisos y probados para sanar todo tipo de adicciones que esclavizan.

7. El debate de la enseñanza: los hijos son antes de los padres que del Estado

Cuando llegamos a este campo, no se trata de hacer un capítulo de faltas. Se trata de estar alerta ante las posturas que intentan suprimir la libertad de enseñanza y el derecho de los padres, consagrado por la Constitución española. Se trata de proclamar y reivindicar la libertad de enseñanza, porque en este campo se juega el futuro de nuestra sociedad. Las posturas de la izquierda, ahora en el gobierno estatal, son bien conocidas desde hace décadas: la única enseñanza para nuestros niños, adolescentes y jóvenes sería la enseñanza pública y estatal (“escuela única, pública y laica”, es su lema). La enseñanza concertada a lo sumo sería tolerada, y dentro de ésta la enseñanza diferenciada por sexos. Se califica la enseñanza concertada como subsidiaria y se olvida que en este –y en tantos otros campos– el subsidiario es el Estado. Porque el derecho nativo corresponde a los padres, no al Estado. Ya que los hijos son antes de los padres que del Estado. El Estado es subsidiario, es decir, viene en ayuda de ese derecho de los padres y ofrece una enseñanza pública y apoya con sus presupuestos económicos aquellas parcelas en las que los padres eligen un tipo de enseñanza para sus hijos.

A este consenso se llegó cuando fue redactada la Constitución, a finales de los años ´70. Aquel espíritu de la Transición propició un acuerdo, cediendo unos y otros para darnos la Carta Magna que ha resultado la más duradera de los últimos siglos[11]. Por eso los obispos españoles, que forman el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, recordaban en Nota reciente (12.07.2018) ese espíritu de la Transición, que ha hecho posible la convivencia, ante las declaraciones de la Ministra del ramo, que derrapaba en el tema, llevando el agua a su molino y olvidando el consenso constitucional que rige nuestra convivencia. Luego ha corregido sus declaraciones ante el rebufo de las Asociaciones de padres, de los mismos Obispos, de las partes interesadas. Pero hemos de seguir atentos, porque esta música viene de lejos, y sufrimos en la vida cotidiana el acoso permanente y el recorte de esta libertad de enseñanza, que es libertad de los padres para elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos. No recortemos libertades.

Una vez más, agradezco a los profesores de religión católica en la escuela pública su saber estar, su profesionalidad, el respeto que se han ganado de sus compañeros de claustro, aunque la administración muchas veces los ignora. En la Visita pastoral he podido visitar todos los Centros de la provincia. Y ahora, en la segunda vuelta, continúo haciéndolo. Por parte de todos los equipos directivos he sido recibido con respeto y verdadero cariño. Lo agradezco. Pero hay comportamientos de la administración tan sectarios que no merece la pena comentar. Los padres deben estar atentos para ver qué tipo de educación imparten a sus hijos, si respetan sus convicciones religiosas, no sólo en la clase de religión, sino en el conjunto de todas las demás. Y qué tipo de educación afectivo-sexual están recibiendo nuestros niños con toda la ideología de género en vigor.

Y la escuela concertada, me refiero especialmente a la escuela de la Iglesia católica, tiene un papel importantísimo en la construcción de una nueva sociedad. Nuestra diócesis de Córdoba es agraciada con la abundancia de colegios de la Iglesia, lo que constituye una riqueza especial para nosotros y para la sociedad cordobesa. Contad con mi apoyo sincero y mi gratitud por el trabajo que realizáis, en medio de todas las dificultades. Os repito una vez más: hemos de cuidar nuestra identidad católica. Eso significa una visión católica de la vida, de la creación que ha salido de las manos de Dios creador, una confesión explícita de que sólo en Jesucristo hay salvación para todos y de que esta salvación es prolongada en su Iglesia, del mundo como plataforma solidaria; una antropología cristiana bien fundada, incompatible con tantas visiones del hombre que hoy se ofrecen, una educación afectivo-sexual que no se confunda con la ideología de género.

Me consta que hacéis un esfuerzo grande en cuidar la formación permanente de vuestros profesores. Ahí está la clave del éxito. Insistid una y otra vez en la identidad católica de cada uno de ellos, en su vida de fe bien alimentada, en su capacidad de haber realizado en su interior un auténtico diálogo fe-razón, en su testimonio coherente de vida cristiana. De un centro católico lo que se espera es que sea católico, y eso debe empezar por cada uno de los profesores. El asunto es tanto más apremiante cuanto que las distintas congregaciones religiosas, que nacieron para esto, ven disminuido notablemente el número de religiosos/as. No es lo mismo un colegio en el que había quince o veinte religiosos, ayudados por algunos seglares, que la situación actual de uno o dos religiosos y la inmensa mayoría de profesores son seglares.

Dígase lo mismo de la Fundación Santos Mártires que depende del obispo. No cuenta con religiosos, ni siquiera con la inspiración carismática que ha dado origen a tantos de los colegios de la Iglesia. Es la Iglesia diocesana, de cuyas entrañas maternales brota la tarea como algo propio de su misión evangelizadora. Nació esta Fundación con el fin de no perder ni una sola plaza concertada católica, para poder ofrecer esa visión cristiana de la vida a los niños, adolescentes y jóvenes que nos confían sus padres. No se trata de un negocio sin más, que no lo es, aunque suponga dar trabajo a más de 400 personas. El fin y la razón de ser de la Fundación es la evangelización, que nunca es adoctrinamiento, sino propuesta entusiasta del vivir cristiano a la que se adhiere libre y progresivamente el alumno en sus distintas etapas. La clave que hace posible esta propuesta son los profesores. Agradezco mucho su gran esfuerzo por estar al día en innovación, en medios pedagógicos, en dedicación vocacional a la tarea preciosa de la educación. Los padres la demandan cada vez más. Os recuerdo siempre que, si la Fundación dejara de ser una plataforma evangelizadora, perdería su razón de ser. Estoy contento de su funcionamiento, me reúno con los equipos directivos de cada colegio para apreciar el camino recorrido, os animo a seguir adelante. La tarea educativa es preciosa y la tarea de educar teniendo a Jesucristo como Maestro y a su Madre bendita como madre nuestra es un estímulo permanente. Gracias por vuestro trabajo.

Por eso, es importante la actuación de Educa Córdoba, que reúne a profesores católicos en el ámbito de la escuela pública y concertada, y agradezco todo el trabajo realizado desde la delegación diocesana de educación. El Encuentro de los colegios de educación católica nos refuerza a todos cada año.

8. Los pobres son evangelizados y nos evangelizan

Poner a los pobres en el centro de la vida de la Iglesia no es una moda, sino algo que brota de la misma esencia de su misión. “El Espíritu del Señor me ha ungido y me ha enviado para anunciar la salvación a los pobres”, dice Jesús al comienzo de su misión evangelizadora (Lc 4,18). “Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica, antes que cultural, sociológica, política o filosófica” (EG 198), nos recuerda el Papa Francisco. No podemos manipular a los pobres, es decir, usarlos para nuestros intereses, los que sean. Nuestra atención a los pobres no los considera sólo como destinatarios, sino también como agentes de evangelización. Las pobrezas son múltiples, materiales y espirituales, antiguas y nuevas. Pero en todo caso y de todos los tipos, los pobres están muy cerca de nosotros, y nos interpelan continuamente. Dejémonos interpelar por ellos, no maquillemos ni disimulemos su provocación. Ellos nos traen al corazón las palabras de Jesús: “Lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40), y ésta es la clave de verificación de nuestro camino a la santidad, el “gran protocolo” para el cristiano. El texto de Mt. 25,35-36 “no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo” (GE 96).

Estamos en una cultura que alterna el descarte (tirar el desecho) y el reciclado. En la atención a los pobres, hemos de optar por el reciclado. Cáritas diocesana ha implantado este modelo en lo referente a la ropa, al aceite, al papel, con buenos resultados. No todo lo que se tira ha de ir a la basura. Mucho, muchísimo de lo que se tira sirve, si se recicla adecuadamente. Cáritas lo ha hecho también con personas de difícil acceso al mercado laboral, reinsertándolas en un puesto de trabajo digno. Es lo que realiza con el programa Solemcor, o con programas de promoción de la mujer, y algún programa con los presos.

Pero el reto más importante lo plantean las personas, y más concretamente los jóvenes. Cuántas personas, cuántos jóvenes han errado en su vida, y ya parece que no tienen remedio, son excluidos, desechados, descartados. Parece que su único destino es la cárcel o la delincuencia crónica. Sin embargo, el Espíritu Santo va suscitando en nuestro tiempo Comunidades, concreciones de la gran Comunidad Iglesia, que reciclan a las personas, particularmente a los jóvenes. Y estos jóvenes, una vez rehabilitados, se convierten en una fuerza potentísima de reciclaje de otros muchos que están en situaciones parecidas. Los pobres no sólo son evangelizados, sino que son ellos quienes evangelizan. La Iglesia debe descubrir cada vez más la potencia evangelizadora de estos agentes: los que ha llevado una vida perdida, y convertidos alaban a Dios en medio de la Asamblea. He conocido la Comunidad Cenáculo, fundada por Sor Elvira[12], que llega a hacer verdaderos milagros en la transformación de muchas personas jóvenes. O la Comunidad “Nuevos horizontes”, fundada por Chiara Amirante[13] en Italia, que pretende introducir el cielo y el gozo de la gloria dentro del infierno de la noche, donde viven y mueren tantos jóvenes. Lo importante (y llamativo) de estas experiencias es que ponen en el centro de la terapia a Jesucristo, la adoración eucarística, la presencia maternal de María, incluyendo otros remedios terapéuticos necesarios. Los testimonios son tumbativos.

Cómo me gustaría que nuestra diócesis de Córdoba tuviera una “planta de reciclaje” humano, como la Comunidad Cenáculo, como “Nuevos horizontes”. En esto tiene mucho que ver el Sagrado Corazón de Jesús, sobre el que he reflexionado anteriormente. El Corazón de Cristo es la mejor “planta de reciclaje” humano a lo largo de la historia de la humanidad. Sobre él descargamos nuestras debilidades, pecados y miserias, y él las convierte en gracia de redención para nosotros. Cuando ya no teníamos remedio ninguno, víctimas de nuestros propios pecados, Jesús se nos presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y lo quita porque carga con él. El Corazón de Cristo quiere seguir reciclando nuestras vidas y tantas vidas rotas por las múltiples adicciones, para sentirnos amados por este Corazón.

Es mucho –demasiado– el desecho que se produce en nuestra sociedad y que la misma sociedad se encarga de ocultarnos, y es muy grande el descarte en el que ingresan tantísimos jóvenes de nuestra diócesis, sobre todo de nuestra ciudad y de algunos pueblos. Cuando visito el Centro penitenciario de Córdoba, y lo hago con frecuencia, me impresiona la cantidad de jóvenes –y algunos muy jóvenes– procedentes de nuestra diócesis, destinados de por vida a ser basura de la sociedad. Como obispo y como cristiano no puedo resignarme a eso. Supone para mí una provocación, que no quisiera anestesiar con nada. Espero que pronto tengamos abierta alguna casa hogar para estas personas que quieran rehabilitarse y reinsertarse.

De los diez barrios más pobres de España, tres están en nuestra ciudad de Córdoba. ¿Vamos a asistir resignados a esta realidad? ¿No es una interpelación profunda a nuestra conciencia de cristianos? Vayamos a las causas que lo producen, pues eso no se arregla solamente con la bolsa de comida, que hay que dar, porque si no, no comen hoy. Suelen ser situaciones crónicas de pobreza extrema, en las que la única fuente segura de ingresos es la droga, la prostitución y la delincuencia. Los mismos colegios de esas zonas se sienten impotentes para cambiar el rumbo de tantas historias familiares, en las que crecen esos niños y niñas. Como no nos pongamos manos a la obra, tenemos pobres para rato, incluso cada vez más deteriorados, porque ya desde niños son descartados y no alcanzan los niveles elementales de una sana educación.

Me parece admirable el programa “Estrella Azahara” en las Palmeras, donde un buen grupo de niños y adolescentes van sacando sus estudios gracias a esta obra social, inspirada en Lasalle y en la que colabora Caritas diocesana. He conocido también otras iniciativas Don Bosco, de los salesianos, para reciclar jóvenes que no han encajado en ningún instituto del entorno, y alguna parroquia les ha dejado sus instalaciones. La parroquia Santa Luisa de Marillac ha abierto sus puertas a experiencias piloto de acercamiento a los pobres en su más cruda realidad, con la esperanza de que surjan brotes de esperanza, y hay mucha esperanza. Es mucho lo que se ha trabajado en estos ambientes, por parte de sacerdotes, religiosos y laicos. Menciono especialmente a los Claretianos en el barrio las Palmeras, en el que algunos de ellos han dejado la piel y la salud. Así como el trabajo realizado en Moreras. No empezamos de cero. Pero a día de hoy es insuficiente, y el problema en vez de resolverse, se agranda cada vez más.

Por ello, invito a toda la Comunidad cristiana a plantearse en serio estas situaciones de pobreza crónica, que las tenemos tan cerca de nosotros, que generan a su vez nuevos descartes de personas, niños y jóvenes. Podemos decir que estamos ante verdaderas “estructuras de pecado”, como señalaba Juan Pablo II (SRS 36)[14]: “Muchas personas se sienten impotentes y desconcertadas frente a una situación que las supera y a la que no ven camino de salida. Pero el anuncio de la victoria de Cristo sobre el mal nos da la certeza de que incluso las estructuras más consolidadas por el mal pueden ser vencidas y sustituidas por «estructuras de bien»” (SRS 39)[15].

Cáritas diocesana está en ello. Invito a la nueva dirección a seguir con todos los proyectos en curso y a prestar especial atención a esta realidad que describo. Se necesitan iniciativas valientes y arriesgadas, que rompan la tendencia y vayan sembrando algún oasis en este desierto de la pobreza cada vez más abismal en amplios sectores de nuestras gentes. El Reinado social del Corazón de Cristo quiere llegar a estas zonas.

9. San Juan de Ávila, fecha señalada de su muerte

El 10 de mayo de 2019 se cumplen 450 años de la muerte de san Juan de Ávila, que sucedió en Montilla. Una buena ocasión para volver a este santo doctor, maestro de santos. Nacido en 1500 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), entonces diócesis de Toledo, murió en Montilla (Córdoba) el 10 de mayo de 1569. Llevaba en Montilla más de 15 años, viviendo retirado en una casita de las traseras de palacio de los marqueses de Priego. Dña. Catalina Fernández de Córdoba, nieta del Gran Capitán y alcaldesa de Montilla, lo había fichado para director espiritual de su hijo Pedro, conde de Feria, casado con Ana Ponce de León. El hijo Pedro murió muy joven y su viuda más joven aún ingresó en las clarisas de Montilla, dirigida por san Juan de Ávila, con el nombre de Ana de la Cruz, hoy venerable.

San Juan de Ávila, que había recorrido los caminos de Andalucía, “apóstol de Andalucía”, vino a recalar en Montilla, donde había estado varias veces anteriormente y donde ayudó a san Francisco de Borja a fundar el colegio de los PP. Jesuitas. A este colegio dejó sus restos mortales, aunque Dña. Catalina le sugirió enterrarlo en las clarisas. Y en ese espacio, ampliado por el nuevo templo construido en el siglo XX por los señores de Alvear, encontramos la urna de sus reliquias, tan querida y venerada por los que acuden a visitarlo en Montilla. La basílica pontificia, su casa desde donde voló al cielo, la parroquia de Santiago, el convento de las clarisas son lugares avilistas, que vuelven a remozarse para esta fecha jubilar.

Con este motivo, tendremos un Año jubilar, un año de gracias especiales, que se abrirá el 6 de abril 2019 hasta el 31 de mayo de 2020. El 6 de abril 2019 se cumplen 125 años de su beatificación (León XIII, 1894), que tan largo camino recorrió hasta alcanzarse. Y el 31 de mayo de 2020 se cumplen 50 años de su canonización por Pablo VI (1970). Además, he solicitado que sea año jubilar recurrente, siempre que el 10 de mayo coincida en domingo. Así no nos olvidaremos de él nunca, sino que al llegar estos años especiales, vayamos actualizando tantos campos abiertos para dar a conocer cada vez más al doctor maestro de santos.

En el final de este curso y a lo largo del siguiente, pueden organizarse peregrinaciones a Montilla de las parroquias, los grupos, movimientos, cofradías, familias, etc. Están poniéndose a punto nuevos medios audiovisuales catequéticos para mostrar mejor la figura de este gran santo y maestro de santos. Para este nuevo Año jubilar estrenaremos diversos recursos que den a conocer mejor la figura y la enseñanza de san Juan de Ávila.

10. El Sínodo de los jóvenes

Cuando la Iglesia celebra un Sínodo dedicado a los jóvenes, es porque quiere que prestemos especial atención al tema. “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” es el tema de la XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebra del 3 al 28 de octubre en el Vaticano. El Instrumentum laboris es el cuaderno de trabajo que guiará las sesiones, y es el resultado de miles de aportaciones de los mismos jóvenes, que le piden a la Iglesia actitud de escucha a los jóvenes de hoy, una Iglesia más auténtica y radical en el seguimiento de Cristo, una Iglesia “relacional” capaz de acoger a todos, incluso a los que no siguen los estándares, una Iglesia comprometida en la lucha por la justicia e interesada en la cuestión ecológica, una Iglesia austera y trasparente, auténtica y clara, audaz incluso en la denuncia del mal no sólo en la sociedad, sino también en la misma Iglesia.

Del Sínodo recibiremos orientaciones más concretas, pero hemos de acompañar su celebración y su recepción, trabajando con los grupos de jóvenes el documento Instrumentum laboris y acciones concretas que nos hagan plantearnos en cada parroquia, en cada colegio, en cada grupo de jóvenes esta urgencia de evangelización que nos hace “sentir con la Iglesia”. Un hecho constatable es que la inmensa mayoría de los jóvenes se aleja de la Iglesia, cumplida la confirmación o antes. En nuestra diócesis, muchos se enganchan en el entorno de las Cofradías (bandas, costaleros, grupo joven). En el entorno de las parroquias hay grupos de los que se preparan a la confirmación. En las asociaciones y comunidades hay también jóvenes.

Pienso que una de las claves importantes en la pastoral juvenil es poner a los jóvenes ante el misterio de Cristo para que lleguen a una amistad seria con él, sin entretenerles en asuntos secundarios, y tener mucha paciencia en el acompañamiento. En muchas ocasiones, los mismos jóvenes sienten interés por las acciones concretas que se les confía. Un joven no soporta sólo recibir, tiene que actuar; y actuar asumiendo responsabilidad en lo que se le confía. En nuestras parroquias y grupos, bastantes jóvenes asumen la tarea de catequistas y de animar el tiempo libre de otros más pequeños, y de ahí surge la Escuela Gaudium para el ocio y tiempo libre, que cuenta con varios cientos de monitores titulados. En otros casos, los jóvenes se sienten atraídos por una actividad de tipo caritativo-asistencial, puestos ante la cruda realidad del sufrimiento humano. Hay experiencias de encuentro con Cristo a través de unos Ejercicios espirituales; ojalá se multipliquen. El mundo del deporte es típicamente juvenil, la música es otro cauce para llegar a ellos, el cine y otras expresiones de arte son vehículos apropiados para la formación.

La experiencia del Adoremus, donde es posible realizarla, es altamente positiva; procuremos propagarla. La peregrinación anual a Guadalupe es la “joya de la corona” en la pastoral juvenil de nuestra diócesis. Han pasado muchos miles de jóvenes por esa experiencia en los veintitantos años que lleva realizándose. Para muchos ha sido un momento fuerte de encuentro con el Señor y con su Madre bendita, al tiempo que una experiencia de Iglesia joven. Muchos jóvenes han descubierto su vocación al matrimonio, a la vida consagrada, al sacerdocio en esta experiencia, o en las internacionales JMJs, convocadas por el Papa.

Miremos con amor a los jóvenes. Muchísimos de ellos tienen la mejor actitud para el seguimiento de Cristo. Ahora bien, los jóvenes de una parroquia no se abastecen, y el ambiente cercano los arrastra y los engulle, alejándolos de Dios. Sin embargo, proliferan por doquier las experiencias de nueva evangelización de jóvenes, que van de misión por unos días o por una temporada. La misión pueden realizarla a pocos kilómetros de su casa o a miles de kilómetros en lugares lejanos. No hacen falta muchos ingredientes: un conjunto de chicos y chicas en edad universitaria, a los que se propone un objetivo de acción común: vamos de misión a tal parroquia. Eso supone una preparación logística y catequética en conexión con el párroco del lugar ad quem, lleva consigo unos días de realización saliendo de sus casas, su confort, sus redes sociales, etc., viviendo precariamente y les pone en situación de dar testimonio de su fe (pequeña o grande). La experiencia conjunta de vivir su fe cristiana en grupo por unos días con un buen sacerdote y algunos monitores, bien centrados en la adoración eucarística (tiempo largo de adoremus y testimonios, lectura orante de la Palabra de Dios), con catequesis apropiada y lanzados a la acción apostólica (de casa en casa, atendiendo a ancianos, adecentando el centro parroquial, jugando con los niños del lugar y dando catequesis, invitando a los jóvenes a un festival musical, etc.) está dando excelentes resultados.

Son formas nuevas de evangelización, para las que no hace falta mucho montaje, sino poner entusiasmo y llevarse consigo un grupo de jóvenes, repartiendo responsabilidades entre ellos. Lo llamaría Misiones juveniles, donde el objetivo es ir a evangelizar y el resultado consiste en ser evangelizados los mismos participantes. Hay muchas experiencias de este tipo de jóvenes que vienen a la diócesis de Córdoba (Misión País del Movimiento Schönstat, Regnum Christi de Legionarios de Cristo, etc). Nos falta ir creando estos grupos con jóvenes de la diócesis, para evangelizar en la misma diócesis o en otros lugares. Para llegar a los jóvenes hemos de encontrar cauces nuevos, para llevarlos al Cristo de siempre. Hemos de gastar mucho tiempo, a fondo perdido, y en su momento dará su fruto.

11. Es propio de la juventud discernir la vocación

En el Sínodo se trata de los jóvenes, de la fe y del discernimiento vocacional. Tres elementos que van muy unidos. Qué importante es que un joven acierte con el plan que Dios tiene para él, eso es la vocación. Ese plan Dios lo da a conocer por medio de señales de atracción interior, de consejo, en clima de oración. Uno no puede seguir su gusto, y menos aún su capricho, en este campo. Estaría llamado al fracaso.

Necesitamos jóvenes que se planteen seriamente su vocación al matrimonio. Los datos estadísticos nos dicen que incluso jóvenes que han participado en actividades apostólicas, no se han planteado bien su matrimonio, y fracasan a la primera dificultad. Vale la pena prepararse bien, y muchos lo hacen. El noviazgo no es un experimento de matrimonio, sino un itinerario de mutuo conocimiento y de proyecto común para discernir el futuro matrimonio, asentado en la madurez de la persona y en la gracia de Dios.

Necesitamos jóvenes que se planteen su consagración a Dios en la vida religiosa, en las Congregaciones históricas y en las nuevas Fundaciones. Son un reclamo para todo el Pueblo de Dios y una llamada permanente a la santidad de todos. Estoy seguro que muchas chicas y chicos son llamadas, pero no encuentran el cauce apropiado. Hemos de crear en torno a los jóvenes un clima vocacional, por el que puedan conocer esos filones de vida consagrada (contemplativa o apostólica) en los que hay frescura de Evangelio.

Necesitamos chicos jóvenes que se planteen seriamente su vocación sacerdotal, porque la existencia de sacerdotes es esencial para la vida presente y futura de la Iglesia. Nuestros Seminarios tienen jóvenes que disciernen y se preparan, pero pidamos a Dios que nos envíe muchos más. La Iglesia no subsiste sin sacerdotes. “La mies es abundante y los obreros pocos”. He aquí una llamada para quien se lo plantea.

Pedimos a Dios por todos los que están en trance de discernimiento. Se pasa mal cuando uno no acabe de ver qué quiere Dios de mí, y el corazón descansa cuando uno ve claramente por dónde Dios le llama. Estemos atentos para acompañar a tantos jóvenes que lo demandan, y no tengamos miedo de proponerles abiertamente la vocación sacerdotal. La propuesta directa ha despertado en muchos una respuesta generosa.

* * *

En el Corazón de Cristo nos iremos encontrando a lo largo del año, en el Corazón inmaculado de María santísima vivamos todo el curso que comienza.

Os bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Córdoba, 1 de septiembre de 2018

demetrio_fernandez_firma✠ Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba

 


[1] Este Documento, además de estar editado en soporte papel, que puede pedirse al Obispado de Córdoba, se encuentra también digitalmente en: https://www.diocesisdecordoba.com/media/2017/10/Encuentro-diocesano-de-laicos-Documento-final.pdf

[2] BENEDICTO XVI, A la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (26 mayo 2009).

[3] Son muy conocidos el Cristo de Corcovado en Río de Janeiro y el Cristo del Otero en Palencia. Pero en muchas ciudades como Córdoba y tantísimos en la provincia está instalado el Sagrado Corazón, además de la entronización en tantos hogares cristianos

[4] “La redención del mundo –ese misterio tremendo de amor, en el que la creación se renueva– es en su raíz más profunda la plenitud de justicia de un corazón humano, el Corazón del Hijo Primogénito, para que esa justicia pueda realizarse en el corazón de muchos hombres, que precisamente en el Hijo Primogénito, han sido predestinados desde la eternidad para ser hijos de Dios” (JUAN PABLO II, Encíclica Redemptor hominis, 9a).

[5] Discurso del Presidente Sarkozy en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma (20 diciembre 2007): “Como Benedicto XVI, considero que una nación que ignora la herencia ética, espiritual, religiosa de su historia comete un crimen contra su cultura, contra el conjunto de su historia, de patrimonio, de arte y de tradiciones populares que impregna tan profunda manera de vivir y pensar…Arrancar la raíz es perder el sentido, es debilitar el cimiento de la identidad nacional, y secar aún más las relaciones sociales que tanta necesidad tienen de símbolos de memoria …hago un llamamiento a una laicidad positiva, es decir, una laicidad que velando por la libertad de pensamiento, de creer o no creer, no considera las religiones como un peligro, sino como una ventaja”.

[6] Discurso del Presidente Macron a los Obispos franceses reunidos en Conferencia Episcopal (9 abril 2018): “El vínculo entre la Iglesia y el Estado se ha dañado y nos toca repararlo… El camino que comparten el Estado y la Iglesia desde hace tanto tiempo hoy está sembrado de malentendidos… La laicidad no tiene como objetivo arrancar de nuestras sociedades las raíces espirituales que nutren a tantos de nuestros conciudadanos… La República espera tres dones de los católicos: – El don de vuestra sabiduría, – El don de vuestro compromiso, –El don de vuestra libertad. Pido a los católicos que se comprometan políticamente. Vuestra fe es una parte del compromiso que necesita nuestra política…Creo en un compromiso político que sirva a la dignidad del hombre… Necesitamos la ayuda de los católicos para mantener este discurso de humanismo realista”.

[7] Así habla el Vaticano II, en GS 36: “Las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar paulatinamente. [Esta autonomía] la reclaman imperiosamente los hombres de nuestro tiempo, y además responde a la voluntad del Creador. Pues, por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propia y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar, con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica de todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios.
Pero si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios, y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabras. La criatura sin el Creador se esfuma… por el olvido de Dios la propia creatura queda oscurecida”

[8] III ASAMBLEA GENERAL EXTRAORDINARIA DEL SÍNODO DE OBISPOS (5-19 octubre 2014), Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización. Y XIV ASAMBLEA ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS (4-25 octubre 2015), La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo.

[9] Estos Encuentros Mundiales de las Familias los inauguró Juan Pablo II en Roma en 1994, como una prolongación de las Jornadas Mundiales de la Juventud. En Valencia se celebró el 5º Encuentro Mundial en 2006, bajo la presidencia de Benedicto XVI

[10] Se encuentra más información en: http://www.protectionofminors.va.

[11] CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA (1978), Artículo 27: 1. Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza… 3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones… 6. Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales… 9. Los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca.

[12] MADRE ELVIRA, Destellos de luz, Comunità Cenacolo.- Cf. http://www. comunitacenacolo.it/es/

[13] CHIARA AMIRANTE, Solo el amor permanece. “Nuevos horizontes” en el infierno de la calle, BAC, Madrid 2018.- Cf. https://www.nuoviorizzonti.org/

[14] “Las «estructuras de pecado» son expresión y efecto de los pecados personales. Inducen a sus víctimas a cometer a su vez el mal. En un sentido analógico constituyen un «pecado social»” (CEC 1869).

[15] JUAN PABLO II, Catequesis miércoles 25 agosto 1999

Un comentario sobre “Córdoba en el Corazón de Cristo

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