Reanudar la marcha

Carta de
Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez Plaza

Domingo 23 de septiembre de 2018

El cristiano, discípulo de Cristo, nunca está de vacaciones en su fe, porque esta es vida que no se interrumpe. Los meses de julio y agosto son momentos de vivir la vida cristiana de otro modo, con otra intensidad. Pero en esta segunda quincena de septiembre hay que reanudar la marcha, para vivir el testimonio del Evangelio. En la medida de lo posible, puesto que sin duda cuesta, hay que estar preparado para volver a la viña del Señor, no en trabajos de mantenimiento, sino con el trabajo normal, que esta viña necesita.

Reanudo, pues, esta actividad de escribir cada semana en nuestra Hoja Diocesana. No quiero hacerlo por rutina, sino siendo consciente de la tarea que tenemos entre manos. El sábado 22 ha sido la Jornada de inicio del curso 2018-2019. El 7º Programa anual del Plan de Pastoral se llama “La Iglesia y la familia: fuentes de caridad”. Y buscamos la inspiración de nuestro quehacer como miembros de la Iglesia de Toledo en aquellas palabras que la Escritura dice acerca de la Virgen María, cuando, tras la encarnación de su Hijo en su seno, anuncia: “Se levantó y se puso en camino” (Lc. 1,39). También la carta pastoral que acompaña al Programa pastoral del curso se mueve en el mismo horizonte: La caridad es la fuente en la que bebe la Iglesia y la familia. Está a vuestra disposición, porque no está escrita para hacer un texto bonito, sino para ayudar, si es posible, a cuantos quieran aceptar la invitación a trabajar por el Reino de los cielos.

Los que en la Iglesia de Dios hemos sido llamados por Cristo a participar de su pastoreo, hemos de ser los primeros en sentir vivamente la responsabilidad que nos incumbe al ser llamados para este servicio. A los sacerdotes y los consagrados se nos pide en esta hora de la Iglesia un plus de ejemplaridad y de entrega. Sabemos que nuestro ser cristiano, el que nos hace hermanos con otros hermanos, mira, antes que nada, a nosotros mismos, mientras que nuestro ministerio pastoral se halla en función de los fieles. Con otras palabras, además de dar cuenta de su propia vida, el pastor que tiene encomendada la guía de los fieles debemos dar cuenta de esa nuestra “administración”. Dice Ezequiel: “¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar a las ovejas?” (Ez 34, 2).

Por supuesto que los demás fieles cristianos (laicos o consagrados) tenéis vuestra responsabilidad y es la vuestra, vuestra aportación a la viña del Señor, pues la gracia de Jesucristo ha llegado a vosotros y se os ha dado, como a los pastores, el tesoro escondido en ese campo, que es Jesucristo y la participación en la tarea de ser “discípulo y misionero”, pero yo, pastor, debo tener siempre presente dos cosas: el ser cristiano se me ha dado como don propio; el ser obispo, o sacerdote, en cambio, lo he recibido para el bien del resto del Pueblo de Dios, de todos vosotros, hijos de esta Iglesia. Hace muchos siglos que san Agustín escribió sobre estas cosas en el famoso Sermón 46 sobre los pastores, que se lee en estos días en la Liturgia de las Horas. Por eso, por mi condición de cristiano, debo pensar en mi salvación, en cambio, por mi condición de obispo debo ocuparme de la vuestra. Es decir, además de ser cristiano, soy obispo o presbítero; por ser cristiano deberé dar cuenta a Dios de mi propia vida, por ser obispo deberé dar cuenta de mi servicio.

El contenido de nuestro programa pastoral y mi exhortación en mi carta tiene fundamentalmente que ver con la manera de amar a Dios y los demás, en si, por ser cristianos, hemos de destacar en ese amor que llega hasta a amar a los enemigos. Ese amor ha de desplegarse en tres direcciones: 1) una Iglesia misionera que sale de su cómoda casa; 2) una Iglesia pobre para los pobres; y 3) una Iglesia que celebra. Tiempo habrá de ir concretando lo que nos hemos dado como objetivos para este curso pastoral y sus líneas de acción. Ahora os pido algo imprescindible para nosotros en nuestro quehacer de cristianos: la oración de petición, la oración al Señor, para que con su Espíritu nos dé la fortaleza y la alegría del Evangelio. Santa María, que visitó a Isabel no ayude a ponernos en camino, a “la montaña” del amor que sirve.

rodriguez_plaza_firma✠ Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo, Primado de España

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