¡«Sopa de piedras» para todos!

Carta de
Mons. D. Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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Domingo 30 de septiembre de 2018

Hace muchos años, llegaron tres viajeros a una pequeña aldea. Estaban muy cansados y hambrientos. Por fin, podremos comer y descansar pensaron. Llamaron a la puerta de la primera casa.

– ¿Podría compartir, buena mujer, algo de comida con estos pobres peregrinos?

– No, no tengo nada, dijo la mujer

En la segunda casa, nadie les abrió.

– ¡Qué inhóspitos son en este pueblo, pensó el más joven!

– Hagamos una «sopa de piedras», dijo el más viejo.

Y encendieron una fogata en medio de la plaza. Sobre el fuego colocaron una olla que encontraron abandonada. Después de lavarla adecuadamente la llenaron de agua y metieron una docena de piedras redondas que fueron a buscar al arroyo.

– Esta sopa va a quedar muy rica, decía con voz alta el cocinero para que pudieran escucharlo los vecinos que estaban observándolos tras las persianas.

Los más curiosos no quisieron perderse el espectáculo de cómo era esa «sopa de piedras».

– ¡Mmm, qué rica! ¡Lástima, si tuviéramos una cebolla estaría espectacular! Enseguida hubo una señora que se ofreció a traérsela de su casa.

– ¡Ahora sí que va a tener un sabor extraordinario! ¡Tráigase un plato de casa y así podrá probarla y cenar con nosotros!

– ¡Ahora sí que está rica! Claro que si tuviéramos unas zanahorias, estaría TOP, TOP.

Enseguida un señor ofreció las que había arrancado esa misma tarde del huerto. Y fue a por ellas. Trajo también otras verduras que tenía en casa. Y uno de los curiosos se atrevió a insinuar al cocinero: ¡Y si le echáramos unas patatas…! Ya ni te cuento, contestó. Y fue a por ellas.

– Yo tengo un poco de carne en la nevera, dijo otra señora ¿Qué le parece si la agregásemos? Nunca lo he hecho con carne, dijo pícaramente el cocinero, pero probemos a ver qué tal queda. Y enseguida corrió a buscarla.

– ¡Qué lástima, replicó un poco contrariado…! Me ha quedado sosa. Enseguida le trajeron una bolsa de sal. Dejó que hirviera, dejó reposar el guiso y pidió a todos los vecinos que trajeran sus platos y se sentaran alrededor de la olla.

Nunca olvidarán en ese pueblo el paso de aquellos tres peregrinos, con semblante de ángeles, que les mostraron que COMPARTIR era VIVIR. Todos hemos tenido esta misma experiencia. Y hemos descubierto lo felices que nos hemos sentido cuando nos hemos sentido útiles. Solos, aunque aparentemente pueda parecernos que somos más libres y eficaces, la realidad que es más tozuda nos confirma que JUNTOS se llega más lejos y dura muchísimo más tiempo.

En la presentación del calendario del curso 2018-2019, salpicado con tantas y tan diversas ofertas de servicio pastorales, he querido evocar esta historia simulada para invitaros a todos los hijos del Alto Aragón a poner al común lo mejor de sí. Ofrecer y compartir lo poquito o lo pobre que uno cree ser o tener. Nuestra gran sorpresa, como la de aquellos lugareños, será descubrir que cuando uno se implica en lo común, todos salimos ganando. Hagamos de esta Diócesis, de este bello rincón del Aragón Oriental, un verdadero hogar de comunión donde cada uno pueda liberar su propia belleza interior y visibilizar la ternura de Dios a través de múltiples ministerios laicales. Estos servicios no sólo nos van a permitir revitalizar nuestros hogares, nuestras comunidades cristianas, movimientos, cofradías, grupos apostólicos… sino que se van a constituir en el modo singular de servir a los más pobres y de ser Buena Noticia (evangelio) para todos.

Descubre, en primer lugar, las gracias (cualidades y habilidades) con que Dios te ha adornado y, después, compártelas con los demás. Ofrécete a tu párroco, bien como animador de una comunidad parroquial pequeña; o como monitor, catequista, educador de niños, adolescentes, jóvenes, novios, familias, ancianos; o como animador de la liturgia, del canto, de la oración compartida; o como voluntario de Cáritas, de Manos Unidas, de Misiones…; o como ministro extraordinario de la comunión o como visitador de enfermos y ancianos; etc. No olvides que «muchos pocos hacen más que pocos muchos». La lista de servicios sigue abierta. Amplíala y ofrécete.

¡Gracias de corazón por tu apoyo y por tu inestimable colaboración! ¡Feliz y fecundo curso!

perez_pueyo_firma✠ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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