Ante la canonización del papa Pablo VI: Homenaje de gratitud

Carta de
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

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Domingo 14 de octubre de 2018

Queridos diocesanos:

El domingo 14 de octubre de 2018, el papa Francisco canoniza al papa Pablo VI. Este acontecimiento eclesial me ofrece la oportunidad de hacer una semblanza breve, como homenaje de gratitud, de Juan Bautista Montini-Pablo VI. Mi ordenación sacerdotal hace cincuenta años coincidió con el Pontificado de Pablo VI. A la vez, quiero reivindicar su figura y dar voz a un silencio demasiado prolongado sobre el Papa del Concilio Vaticano II.

¿Quién era Montini, que eligió el nombre de san Pablo, la figura más significativa del cristianismo de los orígenes? Sencillamente un hombre y un cristiano, que vivió en pleno siglo XX, amó apasionadamente a la Iglesia y participó plenamente de los gozos y esperanzas, angustias y tristezas de su tiempo. Había nacido el 26 de septiembre de 1897, en Concesio, cerca de la ciudad de Brescia en el norte de Italia; hijo de una familia católica e ilustrada. Murió el 6 de agosto de 1978, fiesta de la Transfiguración del Señor, en Castelgandolfo, en medio del calor romano, con el padrenuestro en los labios: fiat voluntas tua, repetía. Su pontificado duró quince años (1963-1978). Su canonización coincide providencialmente con el 40 aniversario de su muerte.

La figura de un Papa es como un poliedro, que tiene muchas perspectivas distintas. Detenerse ante la figura del papa Pablo VI es realmente impresionante. Su persona y su obra se van agrandando conforme el tiempo pasa y nuestra mirada se hace más sosegada y más objetiva. No cabe duda de que estamos ante un Papa inmenso, ante el verdadero Papa del Concilio de la Iglesia contemporánea.

Redescubriendo el gran valor de Pablo VI, se le podría definir como el primer Papa moderno. El Papa del diálogo, del Concilio Vaticano II, del ecumenismo, el Papa peregrino, de la civilización del amor, de la defensa de la vida humana, del tiempo futuro, el Papa experto en humanidad, de la paz, de la alegría, el Papa maestro y testigo, enamorado de Cristo y de la Iglesia. Un Papa servidor en sus encíclicas, en sus discursos, en todo su magisterio; servidor humilde, siempre disponible y generoso en sus obras de caridad.

Destaca en el nuevo santo Pablo VI su amor a la Iglesia. No son muchos los que han entendido realmente a Montini y menos aún a Pablo VI. Él mismo se daba cuenta en una meditación personal que no tiene fecha, pero que fue probablemente redactada después de 1965. Refiriéndose a la Iglesia, el Papa dice: “Puedo decir que siempre la he amado; fue su amor quien me sacó de mi mezquino y selvático egoísmo y me encaminó a su servicio y para ella. No para otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiese y que yo tuviese la fuerza de decírselo como una confidencia del corazón que sólo en el último momento de la vida se tiene el coraje de hacer” (Pablo VI, Meditación sobre la muerte).

Algo de la grandeza de Montini se percibió enseguida después de su muerte, cuando se publicó el testamento -sorprendente y emocionante, quizás el más bello de entre los testamentos papales- y se celebraron los funerales. La imagen que muchos recuerdan es la del ataúd del Pontífice colocado en el suelo del altar delante de la fachada de la Basílica de San Pedro, solamente con el libro de los santos Evangelios abierto y deshojado por el viento vespertino de ese verano en Roma.

En su testamento, escrito de puño y letra, fechado el 30 de junio de 1965, dirigiéndose a los obispos confesaba: “Estoy con vosotros en la única fe, en la misma caridad, en el empeño apostólico común, en el servicio solidario del Evangelio, para edificación de la Iglesia de Cristo y salvación de toda la humanidad. A todos los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a los alumnos de nuestros seminarios, a los católicos fieles y militantes, a los jóvenes, a los que sufren, a los pobres, a los que buscan la verdad y la justicia, a todos la bendición del Papa que muere”.

Por lo que se refiere a la relación del papa Pablo VI con España, hay que decir que la sociedad española entera, todos los españoles, católicos y no católicos, estamos en deuda con él. Pablo VI nos ayudó, con grandes sufrimientos personales, a recuperar la libertad y la paz. No fuimos justos con él durante su vida. No supimos comprender entonces el acierto de sus juicios y la buena intención de sus sugerencias e intervenciones.

La verdad y la justicia reclaman que un día, no sólo la Iglesia, sino las mismas instituciones sociales y políticas reconozcan la deuda de gratitud que los españoles tenemos con este gran Papa, tan grande como humilde, tan clarividente como sencillo, que fue Pablo VI.

Hoy los españoles necesitamos escuchar de nuevo su mensaje y cumplir sus recomendaciones de mutuo respeto y diálogo sincero, de reconciliación generosa y colaboración sincera entre nosotros, por encima de las inevitables diferencias sociales, culturales, políticas y religiosas.

Con mi afecto y bendición,

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