Véndelo todo, ven y sígueme

Carta de
Mons. D. Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba

demetrio fernandez gonzalez

Domingo 14 de octubre de 2018

Cuando Jesús entra en la vida de una persona, la propuesta es radical: dejarlo todo para seguirle. Son muchas las ocasiones en que se repite este llamamiento a lo largo del Evangelio. En este domingo se nos presenta la llamada al joven rico, que algunos califican de rico precisamente por ser joven. Es decir, se trata de un joven con toda la vida por delante, quizá con muchos proyectos en su vida y desde luego con muchas posibilidades de futuro, al que Jesús invita a seguirle.

El seguimiento de Jesús no es para personas aburridas, que no saben qué hacer con su vida. Ni para personas carentes de otras posibilidades. Cuando Jesús llama, llama a quien quiere, tenga muchas o pocas cualidades. Lo cierto es que llama para un seguimiento radical, que incluye dejarlo todo para irse con Él. Si Jesús no tuviera conciencia de quién es, el Hijo de Dios hecho hombre, no se atrevería a una llamada de este calibre; y si quien es llamado para seguirle no sabe quién es Jesús, no tomará la decisión radical de seguirle con toda su vida en las manos. Ya los apóstoles intuyeron de alguna manera quién era Jesús, y dejándolo todo (la barca, las redes, su padre), le siguieron. Es el encuentro personal con Jesús el que plantea la vida vocacionalmente.

La escena de la llamada al joven rico es muy bonita en su planteamiento, aunque el resultado no sea tan feliz, precisamente porque era muy rico y le costaba dejar todo lo que tenía. La iniciativa es del joven, que busca el sentido de la vida y pregunta a Jesús qué tiene que hacer para alcanzar la vida eterna. Esta es la pregunta fundamental de la vida. Hay quienes se pasan media vida sin plantearse esta pregunta fundamental. Hay otros que se la plantean ya desde jóvenes. Es la juventud precisamente el momento de hacérsela con todas las consecuencias. Jesús le responde indicándole el camino de los mandamientos, y los enumera. El joven le responde que vive en ese camino de los mandamientos de Dios desde hace tiempo, lo cual le honra enormemente.

Pero Jesús le miró, le amó y le dijo: “Véndelo todo y sígueme”. Es la llamada que tantos jóvenes, hombres y mujeres, han recibido en su vida. Recordemos el caso de san Antonio en el desierto, al escuchar esta llamada de Jesús, con estas mismas palabras de la escena evangélica, lo vendió todo, lo dio a los pobres y se fue al desierto para estar con Jesús. Lo mismo le pasó a san Francisco de Asís, a san Juan de Ávila y a tantos otros. Estos dos últimos vivían una situación privilegiada: hijo único de una familia adinerada, futuro resuelto. La entrada de Jesús en sus vidas, les dio un vuelco total, vendieron todo (que era mucho), lo dieron a los pobres y se fueron con Jesús. Y fueron inmensamente felices, mucho más que si se hubieran entretenido en gestionar sus bienes temporales. Seguir a Jesús es lo mejor que nos puede suceder en nuestra vida, y ellos tuvieron la sabiduría de acertar muy pronto con el camino de la vida, dejándolo todo por el Todo, que es Jesús.

El joven rico del evangelio, sin embargo, se marchó triste porque era muy rico y le costó dejarlo todo para seguir a Jesús. Y Jesús aprovecha para dar una enseñanza: “Qué difícil es que un rico entre en el Reino de Dios!”. Pobre y rico en el Evangelio es sobre todo el que confía o no en Dios, en Jesucristo. El que confía en sí mismo, en sus cualidades, en sus recursos, en sus posibilidades, etc. le será muy difícil entrar en el camino de la vida, que conduce al cielo. Por el contrario, el pobre, el humilde, es el que confía en Dios, en Jesucristo, y al fiarse de Él, va despojándose de todo para tenerle sólo a Él.

Durante estas semanas de octubre está celebrándose el Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. La Iglesia quiere salir al encuentro de los jóvenes de hoy, como lo hizo Jesús, para ofrecerles otro plan. Pedimos a Dios que la Iglesia de nuestro tiempo acierte a proponer a los jóvenes el camino de la vida eterna, tal como lo hizo Jesús, y sepa acompañarlos en su discernimiento. Seguirá habiendo jóvenes que se den media vuelta y prefieran quedarse con lo suyo, aunque se queden tristes. Pero habrá otros jóvenes, como ha habido tantos a lo largo de la historia, que dejándolo todo estarán dispuestos a seguir a Jesús, y el corazón se les llenará de alegría.

La canonización en este domingo del Papa Pablo VI, de Mons. Oscar Romero, de la Madre Nazaria Ignacia, etc. alcance a los jóvenes esta gracia.

Recibid mi afecto y mi bendición:

demetrio_fernandez_firma✠ Demetrio Fernández González
Obispo de Córdoba

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