Santa Misa con motivo de la clausura del Año Jubilar Teresiano 2017-2018

Homilía de
Mons. D. JESÚS GARCÍA BURILLO
Obispo de Ávila

garciaburillo15102018

S.A.I. Catedral del Salvador, Ávila
Lunes 15 de octubre de 2018

SANTA TERESA DE JESÚS VIRGEN Y DOCTORA DE LA IGLESIA
CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR TERESIANO

Hermanos Arzobispo de Oviedo, Obispo de Plasencia, Obispo emérito de Segovia; Srs. Consejeros de la Nunciatura Apostólica en España, M. I. Sr. Deán, Cabildo Catedral, sacerdotes concelebrantes, Ilmo. Sr. Alcalde, Autoridades civiles, militares, académicas y judiciales, hermanas y hermanos.

Os saludo a todos y cada uno con afecto en la fiesta de santa Teresa de Jesús, patrona de Ávila, con la que clausuramos, con gratitud y alegría, el primer Año Jubilar Teresiano, que el Papa Francisco ha tenido a bien conceder a nuestra Diócesis de Ávila.

«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales» (Ef 1, 3). Con estas palabras del Apóstol damos gracias a Dios por este Año de gracia y bendición, por las gracias concedidas a nuestra diócesis y a cuantos peregrinos han participado en el Jubileo. Tres momentos del Año Jubilar deseo compartir con todos: la concesión e inauguración, el desarrollo y la clausura.

1. Concesión e inauguración del Año Jubilar

El 11 de septiembre de 2016, la Penitenciaría Apostólica, por mandato del Santo Padre Francisco respondía a la súplica del Obispo de Ávila: “La Indulgencia Plenaria en forma de Jubileo para siempre no suele concederse; sin embargo, atendiendo al bien de los fieles, cuantas veces coincida en domingo la memoria litúrgica de Santa Teresa, todas esas veces se podrá implorar la gracia de Indulgencia Plenaria en forma de Jubileo. La misma Penitenciaría Apostólica todas las veces concederá benévolamente, en atención a la súplica, lucrar la Indulgencia Plenaria en forma de Jubileo, con las condiciones acostumbradas».

¿Con qué fin nos fue concedido el Año Jubilar?

El Cardenal Piacenza, Penitenciario Mayor, lo expresaba en estos términos: “para mayor aumento de la devoción de los fieles y para recibir abundantes frutos de gracia sobrenatural”. Después, el primer Año Jubilar Teresiano se abría paso el 15 de octubre de 2017, con la presidencia del Cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, y la asistencia del Nuncio Apostólico en España. Destacaba Don Ricardo que «la gracia del Año Jubilar, es una invitación particular a ponernos, como discípulos, junto a la Santa para que con su vida y su excelente doctrina nos enseñe a pertenecer a Jesús, siguiendo sus pasos, y a solicitar a la Virgen que sea nuestra Madre».

Su invitación se extendía a promover entre nosotros la fe y la oración que «tiene como fuente y fundamento la fe en Dios Padre, revelado en Jesucristo y apropiada a cada creyente por el Espíritu Santo».  También insistía en la importancia de la iniciación cristiana entre nuestros niños y jóvenes: «El Año Jubilar Teresiano es una oportunidad para recordar la necesidad vital de la iniciación cristiana de niños y adolescentes en las familias y en las comunidades eclesiales».

2. Desarrollo.

¿Hemos respondido a estos objetivos?

Durante el Año Jubilar hemos puesto nuestra atención en la meta y en el camino para alcanzarla. La meta ha sido nuestra unión con Jesucristo y los hermanos; el camino: un proceso de vida interior. La carta pastoral “Camina con determinación” nos ayudaba a transitarlo, etapa tras etapa, morada tras morada, al encuentro de Jesucristo.  El camino que recorre el cristiano no es otro que el seguimiento de Jesús y, desde Él y con Él, acoge con gozo el mandato del Señor para vivir y ofrecer el evangelio como medio de vida que transforma la persona y la sociedad. Las metas pastorales que la Diócesis se ha propuesto han querido responder, unidos a la Conferencia Episcopal Española y a las orientaciones del Papa Francisco. a los retos que la sociedad plantea.

El icono elegido para el Año Jubilar ha sido el de “Teresa andariega”. Por eso hemos trazado cuatro hermosas rutas que nos han llevado al corazón de Teresa. No podemos ser creyentes sin ser peregrinos. Creer en Cristo significa caminar con Él. En este ejercicio continuo, los caminos teresianos son un modelo a recorrer hasta Cristo y desde Él a la vida de los hombres. La vida de Teresa es una invitación a hacernos “andariegos” por los caminos de la oración, la fraternidad, la austeridad, la predilección por los pobres y el anuncio del Evangelio.

Durante la celebración Jubilar nos hemos ocupado también de la “Nueva atención pastoral” a las parroquias, tan dispersas, de nuestra Diócesis. Nunca agradeceremos suficientemente a los sacerdotes y a las comunidades el esfuerzo de adaptación que están haciendo.

Con la Iglesia universal hemos prestado especial atención a las familias, a sus «desafíos pastorales en el contexto de la evangelización», concretados en la exhortación apostólica “Amoris laetitia”, la alegría del amor, que hemos acogido, estudiado y dialogado.

El camino de la fe requiere de nosotros un continuo progreso. En la actualidad una parte de la sociedad abandona la fe y las prácticas religiosas. Existe entre nosotros una crisis antropológica de hondo calado que deriva en corrupción política y económica, desigualdades sociales, relativismo cultural y moral, por eso, mantenernos en el camino de la fe exige de nosotros fidelidad a nuestros principios cristianos: quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás no vale para el Reino de Dios. La meta de los caminos de este mundo es la gloria de Dios, cuando la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios, allí donde ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman.

Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes o religiosos – afirma el Papa en su exhortación Alegraos y regocijaos-. Todos estamos llamados a la santidad, viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día allí donde cada uno se encuentra. Estamos invitados a participar en “la santidad de la clase media”, la que vivimos “cada uno por su camino”. ¿Estás casado? –pregunta el Papa- Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia al servicio de los hermanos ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales.

Ahora, la perspectiva inmediata son los jóvenes. El nuevo Sínodo de Obispos está pensando y dialogando sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. En la apertura de la Asamblea, hace apenas unos días el Papa reconocía los enormes desafíos y oportunidades con que se encuentran los jóvenes: “Ungidos en la esperanza comenzamos un nuevo encuentro eclesial capaz de ensanchar horizontes, dilatar el corazón y transformar aquellas estructuras que hoy nos paralizan, nos apartan y alejan de nuestros jóvenes, dejándolos a la intemperie y huérfanos de una comunidad de fe que los sostenga, de un horizonte de sentido y de vida”. Un fruto de este Año Jubilar sería acompañar y ayudar a los jóvenes en su proceso de maduración personal y vocacional.

4. Clausura: el Papa nos bendice

Como un “punto y seguido” del Año jubilar el Santo Padre nos ha enviado el mensaje que hemos en el que asegura su oración y su bendición apostólica, terminando con la frase de Santa Teresa: «andando alegres sirviendo».

«Andando alegres sirviendo» (C 18,5), es la propuesta final del Papa. Este era el consejo que daba la Santa a sus monjas, animándolas a que fueran activas y serviciales, como Marta, la hermana que recibía al Señor en su casa y se afanaba en preparar la comida y otros menesteres mientras María lo contemplaba. Esta es también mi propuesta: andar, alegres sirviendo:

– Andar: como lo hacéis los senderistas o los que subís a las cumbres de Gredos; andar hacia Cristo y con Él a los seres humanos. Hacia Cristo, centro de la historia y de nuestra vida. Cristo ayer y hoy, principio y fin de la humanidad. Él es la Verdad y la Vida, el Camino y el Pastor que nos conduce, la Vid y el Vino nuevo que transforman nuestra debilidad en fortaleza por el amor; la resurrección y la Vida que transforma en un horizonte sin límites las realidades sencillas de cada día. Los seres humanos son los hijos de Dios, a los que hemos de amar como a nosotros mismos.

– Alegres: superando la apatía y el pesimismo con que a menudo contemplamos la realidad social de nuestra provincia de Ávila. Con el gozo y la plenitud que da el Espíritu, que viene a nosotros cada día, desde el día de nuestro bautismo y confirmación, que sostiene y guía los acontecimientos, las experiencias de cada momento. Alegres y con buen humor, que es la expresión de nuestra alegría interior, y de nuestra comunión con Jesucristo.

– Sirviendo: en actitud humilde que desplaza la soberbia y el individualismo. Como nuestro modelo en todo, que es Jesucristo, el cual no ha venido a ser servido sino a servir y a entregar su vida por los demás. Sirviendo desde la humildad y sencillez de quien se siente instrumento de la presencia del Señor entre quienes nos rodean, y especialmente en los necesitados en el cuerpo y en el alma; sirviendo con amor, fuente y meta de la existencia cristiana.

¡Mucho ánimo, amigos abulenses! Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Sed valientes, tened ánimo, sed atrevidos en amar a Jesucristo y a nuestros conciudadanos, y en confesar vuestra fe que puede asombrar a los que han perdido la esperanza. La fe en un Dios poderoso, pero también sencillo, amable, hecho carne con nosotros y para nosotros.

Que la santísima Virgen nos acompañe y proteja en nuestro camino, como lo hizo con Santa Teresa: «Después vi a nuestra Señora… luego me pareció asirme de las manos: díjome que la daba mucho contento…, que creyese que lo que pretendía se haría» (V 33, 14). Así, asidos de la mano de María y asistidos por san José continuamos confiados el camino de la vida cristiana, atraídos por el horizonte de luz que nos llega de Cristo Resucitado. Así sea.

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